Los 10 principales riesgos del 2026: guerra económica, clima extremo y más

  • 14/01/2026 17:49
El Foro Económico Mundial advierte que las tensiones económicas entre Estados superan al conflicto armado como principal amenaza global, mientras la desinformación, la IA y el cambio climático marcan la agenda de riesgos a corto y largo plazo

El Foro Económico Mundial advierte que las tensiones económicas entre Estados superan al conflicto armado como principal amenaza global, mientras la desinformación, la IA y el cambio climático marcan la agenda de riesgos a corto y largo plazo.

Un informe del Foro Económico Mundial (WEF), basado en una encuesta anual a más de 1,300 líderes mundiales y 11,000 líderes empresariales, revela los principales riesgos globales a los que se enfrenta la humanidad tanto en los próximos dos años como en el horizonte de la próxima década.

Según el Informe sobre Riesgos Globales 2026, el 50 % de los expertos anticipa un panorama “turbulento” o “tormentoso” en los próximos dos años, cifra que aumenta al 57 % en el horizonte de diez años. Además, casi una quinta parte prevé riesgos “catastróficos mundiales”, mientras que solo el 1 % espera un panorama calmado. En este contexto, la incertidumbre se consolida como el factor definitorio del futuro cercano.

El informe destaca también un retroceso del multilateralismo, con menor confianza, transparencia y respeto al estado de derecho, y un aumento del proteccionismo. En palabras del WEF: “El futuro no es un camino único y fijo, sino un abanico de decisiones que tomamos hoy como comunidad global”, con la colaboración de Marsh y Zurich Insurance Group.

El riesgo más probable de desencadenar una crisis global en 2026 es la confrontación geoeconómica, señalado por el 18 % de los encuestados, seguido por el conflicto armado entre Estados (14 %). Este riesgo ha escalado dos puestos respecto al año pasado, desplazando al conflicto armado a la segunda posición.

El documento explica que la confrontación geoeconómica implica desafíos al comercio, la inversión, las cadenas de suministro y el acceso a recursos naturales.

Como advierte el WEF: “Aunque nos estemos acostumbrando a los aranceles, existe el riesgo de que la confrontación geoeconómica se convierta en una guerra económica a gran escala —con bloqueos portuarios, restricciones a la exportación de productos clave, cancelación de contratos y controles de capital—, con consecuencias globales sistémicas, deliberadas y de gran alcance, lo que aumenta la fragilidad de los Estados”.

Entre los riesgos que completan el panorama global destacan: clima extremo, 8 %; polarización social, 7 %; e información errónea / desinformación, 7 %

En paralelo, los riesgos económicos cobran importancia con la percepción de recesión (5 %) e inflación, así como la erosión de los derechos humanos y libertades cívicas (4 %). Los riesgos tecnológicos también crecen: el impacto adverso de la inteligencia artificial (IA) pasa del puesto 30 al 5 a largo plazo (4 %), seguido por inseguridad cibernética (3 %) y desigualdad (3 %).

Aunque a corto plazo los riesgos ambientales se perciben como menos urgentes, a largo plazo siguen siendo los más severos, con fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad y cambios críticos en los sistemas terrestres como las principales amenazas. La desinformación y el impacto de la IA también se mantienen entre los riesgos más graves en el horizonte de diez años.

Gerardo Herrera, director de Marsh Advisory para Latinoamérica y el Caribe, advirtió que: “En un contexto global marcado por crecientes brechas de desigualdad y tensiones geoeconómicas cada vez más agudas, donde la cooperación internacional se ve desafiada por incertidumbres que amenazan la vigencia del multilateralismo, América Latina enfrenta el reto urgente de diseñar estrategias propias que impulsen un desarrollo sostenible y equitativo”.

Herrera añadió: “Esto implica fomentar un crecimiento inclusivo que reduzca las desigualdades estructurales, fortalecer la resiliencia frente a los impactos climáticos que ya afectan a la región, y acelerar la adopción y desarrollo de tecnologías cuánticas como motor de innovación. Sin embargo, es fundamental que estos avances no se conviertan en nuevos escenarios de competencia estratégica ni en factores que profundicen la fragmentación económica y la polarización política interna y externa”.

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