La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

Cultura

Masculino revisado

Mal vamos cuando una sociedad confía tan poco en su sistema judicial que cree legítimo tomarse la justicia por su mano

Antes de nada, déjenme decirles que tengo claro que con esta columna me estoy metiendo en un tremendo berenjenal, a pesar de que he dejado un tiempo prudencial para que se calmen las aguas y los ánimos antes de soltar el Aullido. Una vez dicho esto, empiezo: estoy hasta las cejas (un término neutro, no he querido poner el ‘hasta los cojones' por machista, y el ‘hasta las tetas' por grosero; pero todos tenemos cejas, ¿no?, por si acaso, pido perdón por adelantado a aquellos que, por una u otra causa no las tienen, por favor, acepten mis más sentidas disculpas) de los batallones de ofendidos.

Estoy harta de las incongruencias. Me tienen hartita las salidas de tono. La fanatización. La falta de sentido común.

Que hay comentarios que merecen un zapatazo en la boca. Que sí. Que hay opiniones que son una mierda pinchada en un palo. Que sí. Pero esto se nos está yendo de las manos. Nos indignamos por un chiste, le caemos en pandilla a alguien por hacer un comentario poco afortunado.

Regresamos a ‘El nombre de la rosa', donde la risa era un pecado, y reír podía llevarte a la muerte. Nos encaminamos a tomarnos de nuevo todo demasiado en serio. Nos desgastamos en defender tontunadas en las redes sociales y nos olvidamos de las cosas que realmente marcan la diferencia.

¿Que si creo que un violador debe ir a la cárcel? Desde luego que sí. Y a los que abusan de menores deben cortarles los huevos y hacérselos tragar antes de darles un tiro en la nuca. Pero, una vez dicho esto, también digo que me opongo absoluta y completamente a la caza de brujas que se está extendiendo por las redes, a que se acuse a cualquiera sin pruebas, a poder dar nombres y apellidos y cagarles la vida a hombres que, pueden ser culpables y merecedores del castigo, o no. Porque, si somos iguales (que lo somos), debemos asumir que entre nosotras también hay muchas hijas de puta y que, entre tanto cabrón, cuidado y acabamos con la reputación y la honra de un inocente. Y nada justifica que un inocente sufra por un delito que no cometió. Además, en muchos casos, estamos juzgando a posteriori pero con lineamientos de hoy, cosas que pasaron hace años, cuando, aunque nos parezca extraño, las cosas era diferentes. ¿Peores?, seguro, pero no se puede juzgar retroactivamente a las sociedades, ni linchar a alguien, jodiéndole vida y honor sin posibilidad de defensa, por un comentario poco afortunado.

¿Pueden entender esto o es que soy yo la que tengo un déficit mental que me impide entender cuál es el punto de machacar a alguien por hacer un chiste idiota?

El humor, del color que sea, es un mecanismo de cohesión, reírnos juntos hace que seamos capaces de exorcizar y enfrentar nuestros miedos. La censura, sea propia o ajena, nunca es el camino para aprender nada. La nueva hombría se debe construir desde el humor y el amor, no desde la imposición y el terror. La masculinidad del siglo XXI debe ser replanteada, sí, y la risa es un buen desbrozador de caminos.

Mal vamos cuando una sociedad confía tan poco en su sistema judicial que cree legítimo tomarse la justicia por su mano y nadie exige pruebas más allá de la palabra del acusador, de eso a que una turbamulta ahorque a alguien va muy poco trecho. Quizás mañana alguien te acuse a ti, querido ogrito amargado, estimada ogresa indignada, quizás seáis acusados de algo sin posibilidad de defensa, no claméis entonces exigiendo la serenidad que nunca demostrasteis.

COLUMNISTA