05 de Dic de 2022

Cultura

Cultura, culturetas y culturosos

Lo que está mal en este país es la educación y la implicación de todos en el proceso cultural.

La semana pasada fue la Feria Internacional del Libro de Panamá y llevo unos días reflexionando acerca de lo que he visto y he oído y no puedo dejar de poner en negro sobre blanco mis impresiones. En Panamá tenemos un problema con la cultura. A ver, me dirán ustedes, en Panamá tenemos muchos problemas, y sí tienen razón, pero esta semana pienso dedicarme exclusivamente al problema con la cultura. Resumiéndolo mucho, (recuerden que tengo un espacio finito) la cosa puede enunciarse así: a nadie (bueno, a casi nadie) le importa un ardite con la cultura.

Y no, no acusen a los gobernantes de todo. Porque la culpa no la tienen solo los políticos. Dejemos de una vez por todas de escribir pendejadas en las redes sociales. Mientras no nos demos cuenta de que la clase política no es más que el reflejo de todos y cada uno de los que votan en cada elección la cosa no va a mejorar.

La cultura en este país está mal. Aunque esta no es una frase correctamente construida, y esto no tiene nada que ver con el verbo o el sujeto o los complementos. No. Está mal construida porque le faltan los signos de interrogación. ¿La cultura en este país está mal? Y creo que la respuesta es que no. Lo que está mal en este país es la educación y la implicación de todos en el proceso cultural.

Para explicar esto el mejor ejemplo es, precisamente, la feria del libro cada año. La gente grita y chilla en las redes sociales, y se dan golpes de pecho y se echan ceniza sobre la cabeza porque ¿¡cómo es posible que los políticos no apoyen y el gobierno no apoye y blablablá!? Y sí, tienen ustedes razón, a ellos se les debería caer la cara de vergüenza al suelo, pero, ¿y al resto? Antes de que sigan rasgando sus vestiduras, respóndanme, con la mano en el corazón: ¿Cuántos de ustedes fueron cada día a la Feria? ¿Cuántos llevaron a sus hijos? ¿Cuántos compraron libros? ¿Que los libros están caros? Yo compré dieciocho libros, buenos títulos, buenas ediciones, por veinte dólares. ¿Qué no es el libro de moda? ¿Y? ¿Qué hay que pagar entrada? Claro, pero ¿cuánto se gastan semanal o quincenalmente en cines, traguitos o cenas? Hay que apoyar al escritor nacional pero, ¿cuántos libros de escritores nacionales han comprado en esta Feria?

Se quejan de que el teatro es caro, de que no hay conferencias o conversatorios a menudo o una oferta cultural de calidad. Pero durante seis días tienen en un solo espacio conferencias, charlas, presentaciones, monólogos teatrales, jammings y recitales de poesía, todo por un costo exiguo. Y, al final, a todos esos eventos culturales solo van unas cuantas decenas de valientes, un público genial y efusivo a los que, desde aquí, agradezco su apoyo, a todos y cada uno de ellos.

Que sí, que todos tenemos excusas, y yo las tengo a puñados, pero lo cierto es que la gente no acude en masa a la mayor parte de los eventos culturales, a no ser que sean musicales, o ‘de reír', o tengan títulos que aludan a algún órgano sexual.

Aunque no todo está perdido, porque este año estuve en un conversatorio con un puñado de chicos, inteligentes y jovencísimos, y hablamos de buena literatura, de mitología, sociología y de filosofía. ¡Eureka!

Entendamos de una vez que la cultura no es algo anquilosado, sino algo en lo que vivir, en lo que involucrarse. Dejemos de exigir que los políticos la mantengan y démosle vida nosotros.

COLUMNISTA