La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Cultura

Arriba las manos

Para orar no hace falta estar en el púlpito y que te graben

A ver, todos los candidatos, pónganse aquí a mi lado, alcen su rostro, cierren los ojos, y en profundo recogimiento levanten sus manos al cielo y escuchen mi voz, que les voy a cantar un par de verdades: son ustedes, todos, una panda de hipócritas. La democracia no tiene nada que ver con rezar en público. Tampoco tiene nada que ver con hacer aquello que ustedes creen que quieren los votantes que gritan más y más protestan.

Que tengan ustedes los redaños de presentarse todos unidos en comunión en un evento religioso pidiendo la bendición pastoril mientras tratan de encajar sus discursos con lo que cada uno cree que sus votantes quieren oír ya escapa de lo ridículo y cae en lo patético.

Vamos a ver, almas de cántaro, ¿tan ansiosos por ganar están todos y cada uno de ustedes que no encuentran el fallo en plegarse a los deseos de notoriedad del mandamás de una secta religiosa? Y conste que en esta definición entran más de un mandamás y más de una secta… y más de un político y sus respectivas señoras, también.

Que no, que no me vengan de nuevo con el tema del ateísmo, que conmigo pinchan en hueso porque no soy atea, ni siquiera soy agnóstica, ya ven; lo que sí soy es respetuosa del cerebro que tengo, porque me aprendí bien aprendida la parábola de Mateo, la de las monedas, los sirvientes y el señor cruel y exigente, y sé que si te dan algo es para que lo uses y le saques rendimiento, así que pienso, y al pensar y observar me asombro de los papanatas que nos rodean.

A ver, una vez más, ya que invocan ustedes al dios de Israel, saquemos a colación la que dicen que es Su palabra: ‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar (…) para ser vistos por los hombres'. Hipócritas. No lo digo yo, lo dice Mateo, que también dice a continuación: ‘Pero tú, cuando ores, entra a tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará'.

Para rezar no hace falta que nadie te vea. Para orar no hace falta estar en el púlpito y que te graben, te fotografíen y todos veamos lo muy piadoso que eres. Porque, y eso también lo dice la palabra de su dios, los hipócritas fariseos que hacían eso eran como sepulcros blanqueados, muy píos en los gestos y llenos de mierda por dentro.

Revuelvo la mirada y siento espanto cuando veo entre aquellos que enarbolaban banderas de derechos humanos hace un tiempo que donde dijeron digo dicen Diego porque no quieren perder el voto retrógrado y fanático y veo también a las que están haciendo encajes de bolillos para no decir ni que sí ni que no ni todo lo contrario, no sea que se pillen la puntita de la lengua. Entre ambos extremos, digo, están los (y las) que llegan como elefante en cacharrería, sin preparación ninguna, pero con unos redaños como los del caballo del Espartero para atreverse a optar por un puesto para el que no están preparados (ni preparadas); desde luego están en todo su derecho, sí, la ley no se lo impide, una vez que su vergüenza tampoco lo hace.

Triste papeleta les toca a los votantes, entre figurantes, dioses y ladrones, estamos cruficados en un Gólgota donde al parecer nuestros huesos se blanquearán al sol inclemente. Que Alguien nos pille confesados.

COLUMNISTA