La Estrella de Panamá
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16 de Oct de 2019

Cultura

Nueva York de Lejos

Este libro de cuentos es un compendio de narraciones hechas, en su mayoría de noche. En las propias palabras de su autora, ‘vivencias experimentadas durante el día, que al llegar la noche, buscaban ser expresadas'

En esta edición de Facetas entrevistamos a la escritora peruana, de Lima, María del Rosario Domecq, a quien conocí en la ciudad de Berlín por los años noventa, años de aprendizaje y creación literaria en el taller literario S.U.S.I. dirigido por la escritora colombiana Sonia Solarte. Desde su infancia ha estado inclinada por la escritura y en su periplo de viajes y experiencias, que le han dado la destreza de escribir cuentos, contamos con dos libros como Veneno de Caracol y otros cuentos (2010) y Nueva York de lejos (2018), donde nos narra vivencias de viajes, diálogos o monólogos nocturnos (‘diario de un insomne'), escenas de inmigración e inmigrantes, encuentros inesperados y la búsqueda de un lugar sobre la tierra. Ha participado en múltiples lecturas y ha sido invitada a festivales de literatura como la feria del libro del Perú.

ES TU SEGUNDO LIBRO DE CUENTOS. ¿QUÉ LO DIFERENCIA DEL PRIMERO?

Estas historias se convirtieron en libro al editarlas. Fueron germinando en la base de datos de la laptop hasta salir a la luz luego de un largo proceso de parto-edición. Es básicamente un compendio de narraciones hechas, en su mayoría de noche. Vivencias experimentadas durante el día, que al llegar la noche, buscaban ser expresadas.

¿NO ES QUIZÁS UNA ESTRATEGIA DE VIDA ‘NUEVA YORK DE LEJOS'? ¿DISTANCIA CON LO QUE NOS PUEDE AHOGAR?

Exactamente es una estrategia de vida para sobrellevar la vorágine y vértigo nuyorkinos. El libro que se convirtió en libro, al cabo del tiempo, es como en un faro en medio de la marea de la rutina del día a día. Como en toda ciudad cosmopolita, se vive queriendo ganarle un paso o dos más adelante del tiempo. El frenesí de Nueva York te envuelve y te lleva. Saca de su camino a todo aquel que no vaya al mismo compás. Cuando se trabaja en la ciudad se vive de manera automatizada, mecánica. Se podría decir casi insensible, como anestesiado. Creo que no es una novedad frente a otras mega ciudades internacionales, solo que en Nueva York todo es más exagerado hasta quizá violento. Yo recuerdo estar parada una vez en el andén de uno de los subways. Cerca de mí había un hombre con muletas, caminaba y se sostenía con dificultad. Lo lógico, pensé, es darle el paso cuando llegue el momento de subir al vagón. Pero todo lo contrario, las muletas parecieron ser barridas al paso inclemente de la multitud que iracunda bajaba y subía. Me aterrorizó darme cuenta que no son actos conscientes, sino que responden a un ritmo robótico, programado, y que no contempla las debilidades o minusvalías de los otros pasajeros. No sé cuándo fue que me di cuenta que o me estaba volviendo un robot más o ya me había convertido en uno. En el afán de integrarme al ritmo de la ciudad en mi trabajo había ido aceptando las reglas nuyorquinas. Esto no quita que sea una ciudad que tenga de todo y para todos los gustos, aunque para ello hay que tener el tiempo para disfrutarlo. Cuando llegaban los fines de semana me quedaba en casa o en verano me iba a la playa. Lo último que se me ocurría hacer era entrar al enjambre de Nueva York. Tampoco el tráfico disminuye ni hay más lugares para aparcar. Por el contrario, Nueva York en domingo es tan ajetreado como cualquier día de la semana. Al final de cada día cuando llegaba a casa había que prepararse para el día siguiente, siempre en función de la rutina diaria. El día en Nueva York se divide o se parcela por tiempos muy marcados y casi inflexibles. Salirte de él atenta contra ese ritmo y a la larga contra uno mismo. Por eso las noches de insomnio se convirtieron en mis horas de trabajo personal, de poner en orden el caos, de hacer ecología mental. Esto, a pesar de ser un restituyente anímico y emocional traía como consecuencia el no dormir todas las horas de sueño. Me desvelaba, escribía y llegaba la hora de levantarse. Esa era la parte más pesada. Muchas veces ya no volvía a dormir, me iba de frente a trabajar y por la tarde lo que más quería era poder hacer siesta, pero esa es una palabra desconocida en Nueva York. ¡Y más en una oficina!

LA VOZ NARRATIVA SE MUEVE ENTRE PERÚ, ESPAÑA, NEW YORK, VENEZUELA Y BEIRUT, ESPACIOS CONECTADOS POR ESTA VOZ QUE VIAJA, QUE ESTÁ DESTERRADA DE UN PUNTO FIJO. ¿ES TU FILOSOFÍA DE VIDA MUY PERSONAL?

Sí, alguna vez me detuve a pensar en la vida nómada que he llevado por más de treinta y seis años. Ahora lo veo como una búsqueda que quizá en un principio fue inconsciente. Como el judío que vaga por el desierto hasta encontrar la Tierra Prometida. No ha sido algo premeditado, pero pienso que el ser humano, en su búsqueda de la felicidad, se ha volcado hacia afuera y se ha olvidado de su mundo interior, de la conexión con su Ser Divino. Me he visto enfrentada con esa forma de vida que te convierte en un seguidor de sistemas que venden la felicidad a un costo muy alto. De alguna manera este moverme de una ciudad a otra fue tratar de encontrar el lugar adecuado para vivir, pero me he dado cuenta que ese lugar está más que en sus formas exteriores, en un lugar interior. Puede sonar utópico, pero creo que como sociedad estamos encaminados a cuestionarnos las formas de vida caducas, pero que aún están vigentes y volver a lo simple, a apreciar más los detalles de la vida.

En todo caso, espero encontrar ese lugar físico para vivir antes que me muera.

¿VIVISTE MUCHOS AÑOS EN BERLÍN? ¿QUÉ RECOGERÍAS DE ESTA EXPERIENCIA?

Hace poco escuchaba, en retrospectiva, música de Silvio Rodríguez. Fue retroceder en el tiempo. Me llevó mar adentro por un cauce interminable de recuerdos de los primeros años en Berlín, el Berlín amurallado. Empezaba a vivir de manera independiente. Mucha gente que entró en mi vida en aquel entonces entró y se quedó allí en un espacio en mi corazón. Fui afortunada de conocer a través de sus vidas situaciones en sus países que, hasta entonces, me eran desconocidas. Junto con ellas convertimos algunos sueños de solidaridad y ayuda en proyectos sólidos de largo plazo. Aprendí que para empezar a navegar en aguas desconocidas tenía que reaprender algunas cosas y adaptar algunas otras. Con mucha de esta gente nació una hermandad que permanece hasta el día de hoy a pesar de los años y la distancia. Berlín rompió sus muros a la misma vez que yo rompía con los míos. Fue una especie de crisis global y personal a la misma vez. Ahora que lo recuerdo me vienen a la memoria múltiples experiencias y vivencias. No sé cómo me atreví. Recuerdo que mi madre vino a visitarme una vez a Berlín a fines de los 80 y me pidió regresar a casa con ella. A pesar de la gran nostalgia que sentía por mi país no lo hice. Sabía que regresaría a lo de antes, aunque yo ya no era la de antes. Así decidí quedarme aún cuando no existía ninguna certidumbre de cómo reenfocaría mi vida después de mi separación. Pero había encontrado un espacio vital, interno. Silvio Rodríguez recorrió conmigo todos esos a?os y me acompañó en la travesía. Se puede decir que tomé fuerzas e inspiración de su música para vivir.

¿CÓMO VES EL PERÚ DE HOY DENTRO DE ESTA TRAYECTORIA TUYA?

Perú como país milenario, pluricultural y mega diverso se encuentra en una evolución a todo vapor en varios niveles, pero que vive la tensión de un pasado no sanado ni perdonado. Hay prisa por atender temas básicos como la inversión en la educación, cultura, seguridad, etc., pero la política mantiene al país sumido en ese conflicto que, por cierto, espanta a quienes deseamos regresar y reintegrarnos. No existe un programa de acogida a los que nos fuimos, es más, hoy justamente pensaba en eso. El gobierno podría dar oídos y atender con un poquito de más interés el por qué tantos peruanos se tuvieron que ir. No soy del grupo que partió masivamente en los 90, pero esa misma razón me impidió en más de una oportunidad volver.

‘El frenesí de Nueva York te envuelve y te lleva. Saca de su camino a todo aquel que no vaya al mismo compás. Cuando se trabaja en la ciudad se vive de manera automatizada, mecánica',

M. DEL ROSARIO DOMEQ