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23 de Apr de 2021

Cultura

Hartazgo

Hay miles de espacios vacíos en sus vidas en los que un libro es la mejor compañía

Me tiene harta la política que nos asedia, sucia, torpe y desmañada y nos enreda en asechanzas burdas, en trampantojos y retruécanos. Estoy harta del ruido y de la furia, del mundo y sus banales preocupaciones, así que me refugio en aquellos que nunca me han defraudado: los libros.

Esta semana ha sido una semana literaria, aunque, claro está, solo nos enteramos aquellos que no estamos ensotados en los dimes y diretes políticos. El día 23 se celebró el Día internacional del libro, el 25 es el Día del escritor panameño. Y ustedes ahí, sin leer.

Créanme que he oído todas las excusas habidas y por haber para justificar la nula lectura, y no me trago ninguna.

Miren, les cuento, desde hace unos días mi carro sonaba como si una rata enloquecida se hubiera metido en el motor y estuviera jugando al fútbol con una lata, entendí entonces que mi Baldomero (sí, yo bautizo a todas mis cosas, ¿pasa algo?), me estaba avisando de que había llegado el momento adecuado para cambiarle el aceite, y allí me encontré, en una sala de espera de un taller de la localidad, unos sofás de cuero negro, el aire acondicionado a todo lo que daba, una cafetera con café malo y un televisor de sopotocientas pulgadas con un programa matutino para dueños de encefalogramas planos. Seis personas de media estuvimos en aquella salita. Se fueron unos, otros llegaron, y yo era la única loca del coño con un libro en las manos.

Estuve allí una hora y cuarenta y cinco minutos, ¿a qué viene todo esto? Pues a que todo ese tiempo, todas esas personas, clase media, todos, personas normales y corrientes, como yo, como ustedes, gente que no tenemos chófer que lleve nuestro auto al taller, ni mecánico que venga a casa a arreglarlo, pues esa gente, todos, estuvieron todo ese tiempo de su vida desperdiciando neuronas mientras miraban la mierda pinchada en un palo que aparecía en la hipertrofiada pantalla.

No doy por supuesto que todos lean a la misma velocidad, pero unas cuantas páginas ya se pueden leer en hora y media, pues nones, ahí estaban todos, los miraba yo de reojo mientras pasaba mis páginas, clavados en su pantallota, hipnotizados.

No me cuenten milongas, que si no me da tiempo a leer, que si el estrés, que si esto, que si lo otro. Hay miles de espacios vacíos en sus vidas en los que un libro es la mejor compañía, en un taller, esperando a la consulta médica, en la fila para cobrar el cheque, en el metro, en el baño mientras cagan. Tampoco me sirve que me digan que los libros están muy caros, hay un montón de sitios donde hay #LibrosLibres, donde pueden ustedes recoger libros gratis y dejarlos allí una vez que los terminan para que otro se aproveche. Averigüen. Pongan un poquito de su parte.

Leer es el antídoto contra muchas cosas, contra el aburrimiento, contra la amargazón y los rifirrafes estúpidos en las redes sociales, permite aprender palabras fantásticas (e insultos maravillosos para poder dejar patidifusos a los troles en esas mismas redes), pero sobre todo, la lectura es la mejor garlopa contra la ignorancia.

Esa ignorancia en la que pretenden mantenernos los que se aprovechan de ella, los que lucran con la indolencia y la indiferencia. Leer nos permite razonar, pensar, entender y aprender, reflexionar sobre el mundo, sobre la historia y sobre nosotros mismos.

Además, que ustedes lean es la mejor forma de lograr que sus hijos lean, y la lectura es la mejor arma que podemos poner en sus manos.

COLUMNISTA