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18 de Sep de 2019

Cultura

Barro, mujer y formas -

Xiomara Gutiérrez Valera ha dedicado gran parte de su vida a forjar obras artísticas. Dirige la Casa de la Cerámica, en Santiago de Cuba, un museo en el que se exponen cientos de expresiones de escultura

X iomara Gutiérrez Valera es una mujer singular. Al terminar su labor en las tardes, como directora de la Casa de la Cerámica, en Santiago de Cuba, inicia sus tareas como abuela. Deja atrás todo el equipo técnico y se dirige al colegio a buscar a quien va a brindar todo el cariño de su amor familiar en las siguientes horas. La jornada ha dejado como producto un conjunto de obras que ella coordina en su calidad de responsable de ese centro, que es un museo en realidad donde se exponen trabajos que en sus talleres forjan los artistas que esculpen en diversos materiales, las formas originales que asumen sus ingenios. Ella ha dedicado gran parte de su vida a esta creativa manifestación y conoce el oficio como nadie; domina plurales técnicas, no solo en la praxis, sino en cuanto a administrar esta institución, donde cada día toman cuerpo bustos, rostros, platos, vasos, recipientes diversos, jarrones y otras talentosas figuras. Xiomara accedió a conversar sobre las expresiones de la escultura y dominio de la cerámica en una región, segundo polo cultural cubano, que adquiere sus propias características por encontrarse al extremo oriente de la isla y a distancia de La Habana, condición que le brinda particularidades para el crecimiento de una cultura regional propia.

¿Desde cuándo notó que la arcilla o el barro podían ser un material para diversos usos relacionados con la creatividad?

Pienso que de manera ingenua. Nací y crecí en el campo y por supuesto, cuando veía una forma de entretenerme, de jugar y hacer piezas de barro, de tierra mojada, de fango, decimos nosotros. Por allí empecé a relacionarme con este material y la posibilidad de hacer figuras.

¿Y cuáles eran esas primeras figuras que hacía y de lo que le llamaba la atención y le motivaba a hacer formas con este material en la tierra?

Era el interés de reproducir imágenes de cosas que le rodeaban a uno: animales, plantas, personas y elementos así, muy ingenuamente.

Y a partir de allí, ¿cuándo le llama la atención tal inclinación como para dedicarse a estudiar este tipo de arte?

Como le dije, nací y me crie en el campo; aparentemente en un poblado cerca de Santiago, como a quince kilómetros y por donde vivía, me era difícil acudir a una casa de cultura, a otro lugar donde me pudieran dar otras referencias acerca de las artes plásticas. Una amiga que, por vivir en el mismo pueblo, acudía a ese lugar, me pedía que fuera a la casa de la cultura; pero por la distancia, yo no podía hacerlo y conocía del trabajo que allí se hacía Casa de la Cultura y los cursos que se ofrecían y así vine a Santiago e hice la prueba de aptitud en la Academia y así ingresé como estudiante de artes plásticas.

Cuando usted terminó la carrera, ¿se interesó en un área específica o ingresó directamente a la escultura o al trabajo en barro? ¿Cuál fue el camino que se siguió entonces en este campo?

Aquí en Cuba, las artes plásticas en el nivel medio primero requieren dos años de materias generales, pintura, escultura, grabado, y al final del periodo, tienen una especialidad. En mi caso, tomé la de escultura; me interesé en el volumen en la forma y la cerámica se daba como una asignatura complementaria de la escultura. Tenía muy buenos profesores que me estimulaban mucho en el trabajo, sobre todo los bocetos que hacíamos en cerámica, que los podíamos quemar inmediatamente y hasta le dábamos colores con los esmaltes y luego lo hacíamos a otra escala mayor. Cuando me gradúo, me ubican para trabajar; porque aquí te ubican en un taller para que apliques tu aprendizaje. Voy luego a un taller, que por suerte había en cerámica; pues la escultura que para una mujer es difícil, porque dependes de un hombre que te ayude con los materiales, el cemento la piedra cuando se levanta, la madera; siempre tienes que depender de otra persona. Y en la cerámica es una forma más fácil de hacer sin depender de otras personas. No tenía todos los conocimientos para hacer cerámica porque no es igual la escultura que la cerámica. En ésta, uno tiene iluminación de superficie, usar esmaltes, el horno, todo eso. Fue completar mis conocimientos por medios propios. Fui a otras provincias, que habían desarrollado más la cerámica que en Santiago, sobre todo la variante artística; como en la Isla de la Juventud y en La Habana, que tenían más desarrollo en la cerámica y allí fue donde completé mis conocimientos y pude empezar la obra en esta especialidad.

¿Qué es para usted el trabajo que hace? ¿Qué es una obra, cómo la concibe? ¿Tiene una idea previa o le va surgiendo a medida que trabaja?

‘Aquí en Cuba, las artes plásticas en el nivel medio, primero requieren dos años de materias generales, pintura, escultura, grabado y al final del periodo, tienen una especialidad'

Por lo general tengo una idea previa y trabajo por temas. Por ejemplo, he trabajado el tema de la mujer, del medio ambiente. Trabajo en ese aspecto, busco generar varias piezas y hago una serie que voy desarrollando y viendo otras cosas. Por lo general, lo hago en pequeños formatos y luego, a escala mayor. O también concibo una exposición con un tema determinado y desarrollo una cantidad de piezas alrededor del concepto y luego selecciono las mejores que conformarían la muestra.

¿Cómo escoge las piezas que formarán parte del repertorio y cómo logra llegar a un formato específico?

Mi formación me hace interesarme en el formato tridimensional. Puedo trabajar así a mayor escala. La cerámica tiene la ventaja que para mí es el complemento entre la pintura y la escultura, porque se puede ver el volumen y el color. A mí me costó mucho trabajo ver el color e incorporarlo a las piezas, gracias al trabajo con los pintores. Ellos tenían el problema que no concebían el volumen; entonces, nos intercambiábamos el conocimiento y acá en la Casa de la Cerámica, invitamos a muchos pintores que vengan a trabajar y un poco intercambiamos este trabajo técnico-conceptual, pues nos ayuda a complementar la obra.

¿Qué sucede con el manejo del volumen en la cerámica, a diferencia de otros materiales que también se utilizan en la escultura? ¿Cómo establece usted las diferencias en el manejo, darle forma a una determinada imagen?

En la cerámica había visto las soluciones más rápidas para lograr los volúmenes. Utilizo el torno, con él logro los volúmenes más grandes y ya con el modelado a mano, voy incorporando otros elementos más pequeños. La solución más adecuada que he encontrado para lograr resolver los problemas de volumen en la cerámica.

¿Ha experimentado con otros materiales, por ejemplo, vidrio, metal, madera y cómo trabaja el color con ellos?

Sí tengo mezcladas otras piezas de cerámica con metal, con madera. Con relación al vidrio, el esmalte es una capa vítrea que funde en el horno. Y le he incorporado pedazos de vidrio; de vitrales, que se meten en el horno y dan cierta textura; como pedazos de botellas, todo eso lo voy mezclando e incorporando porque trabajo con mucha textura. Mis piezas son ricas en esto y logro color y textura con el vidrio. Por lo general, según el tipo de piezas, utilizo colores pastel, tierra, mucho brillo, poco color en los platos, en las botellas pequeñas. Mucho esmalte con textura también, utilizo esmalte craquelado y así.

He visto en el desarrollo de su trabajo torsos, fundamentalmente de mujer. ¿Cómo logra darle esas características?

El tema de la mujer es recurrente. En este caso no ha sido para mí ajeno el tema en diferentes etapas. Incluso tengo un evento que desarrollo con mujeres. Cada dos años nos reunimos con pintoras y escultoras para dialogar y exponer. Es una forma de expresar lo que uno siente, de hacer ver todas esas cosas que afectan a las mujeres; como los prejuicios, el machismo y otros que rondan.

¿Hay algún otro tipo de figura relacionada con los humanos que a usted le haya interesado además de los torsos?

Hay otro tema, que es la ecología y el medioambiente, que pienso que el hombre no está ajeno a esto. La vinculación, el efecto dañino que hace el hombre a la ecología y cómo este daño se revierte al mismo hombre. Entonces la figura humana siempre va a estar presente en ese contexto.

¿Es fácil para un artista de esta región trabajar, y sobre todo con esculturas? ¿Cómo ve usted el desarrollo del arte en este territorio?

A partir del interés de querer hacer las cosas, se manifiestan y ahora en Santiago de Cuba, las artes están en un auge muy alto; ya sea hombre o mujer, porque los medios, los hay.

¿Qué otras opciones se desarrollan en el área con la escultura?

Hay diferentes opciones, como una fundición en bronce por parte de la Fundación Caguayo. Se pueden ver en la Plaza de la Revolución, en el mismo cementerio. Este taller trabaja no solo para la provincia, sino nacional e internacional. Al existir todos los medios allí, el artista tiene más posibilidad de desarrollar sus obras y alcanzar esas especialidades de producción. En bronce, en cemento y en otro tipo de material, también se pueden hacer las esculturas.

¿Hay una tendencia en los trabajos de escultura en la región o los artistas trabajan en función de ideas propias en cuanto a las tareas con las figuras o materiales?

Aquí el artista trabaja con el material que le sea accesible, que le guste y el tema que desarrolla, no es que hay un asunto específico.

¿Cuáles otras escultoras desarrollan esta tarea artística en Cuba?

En Santiago hay otras escultoras muy buenas, Caridad Ramos, Isabel Palma... hay varias que son notables y su obra sobresale.

¿Qué perspectivas puede tener el arte de la escultura en una ciudad como Santiago?

A pesar de los problemas materiales que tenemos, creo que hay bastante futuro. Se hace mucho por el arte y por los artistas. Con esta actividad, se logra crear una perspectiva a la cultura regional que fortalece el panorama plástico en Cuba.