02 de Dic de 2022

Cultura

Aprenda a proteger su emoción

Las emociones las podemos asignar a aquellas reacciones que son producto de ciertos estímulos a los que nos podemos ver expuestos

El término protección lo podemos asemejar a la defensa, resguardo o ayuda que podemos tener sobre algo o alguien ante una determinada circunstancia o eventualidad. Asimismo, las emociones las podemos asignar a aquellas reacciones que son producto de ciertos estímulos a los que nos podemos ver expuestos en algún momento ante una persona, una cosa, un evento o una experiencia pasada.

En la obra Maestro de la Vida de Augusto Cury, el cual pertenece a la colección ‘Análisis de la inteligencia de Cristo', el autor narra lo paradójico del mundo actual, ya que se habla de que el mundo del entretenimiento día a día se va engrandeciendo, pero cada vez más tenemos personas entristecidas producto del estrés, la depresión y el desarrollo de trastornos psicológicos. La Universidad de Michigan, Estados Unidos, asegura que el 50% de la población mundial tiene o tendrá alguna de estas alteraciones. Y que la psiquiatría seguirá teniendo importancia en la medida que las personas no gestionen sus pensamientos ni protejan sus emociones ante los distintos estímulos estresantes.

Cuando no protegemos nuestras emociones, vamos en contra de nuestra calidad de vida, lo que puede devenir en enfermedades psicosomáticas. Pensemos en un hecho común que puede ocurrir entre compañeros de trabajo, donde uno puede sentirse traicionado por el otro, en virtud de una supuesta indisposición ante un superior. La persona que se siente traicionada, lo más probable es que va a desarrollar ira, considerada una de las emociones más intensas del ser humano; la cual se va a hacer acompañar de una aceleración de sus pensamientos, va a generar la construcción de ideas negativas en torno a la otra persona, quedando presa de sus emociones, frustrada o esperando una posible venganza.

‘La persona que se siente traicionada lo más probable va a desarrollar ira, considerada una de las emociones más intensas del ser humano; la cual se va a hacer acompañar de una aceleración de sus pensamientos'.

En el libro mencionado, experiencias como estas son comparadas a ‘dormir con el enemigo'. Son acontecimientos que se registran en nuestra mente de manera involuntaria y que por la emoción que los acompañó ocuparán un lugar privilegiado en nuestros recuerdos.

Por lo que debemos aprender, señala Cury, que cuando una persona nos molestó, humilló o perjudicó, y desarrollamos rabia, odio o miedo hacia ella, esa persona será registrada con preferencia en nuestra memoria de uso continuo (MUC); es decir, formará parte de nuestros pensamientos. Esto es producto de que la memoria podría ser comparada a una gran ciudad. MUC sería el lugar en donde se realizan las actividades personales, profesionales y sociales de un individuo.

Por eso, mientras más antipatía sentimos por una persona, más será parte de nuestros sueños y nos dejará en completo insomnio, porque si pensamos que la rabia, el odio y las ganas de no estar cerca de nuestro agresor nos apartará de él, estamos equivocados. Al contrario, señala Cury, lo más probable es que almorzaremos, cenaremos y dormiremos con él, ya que ocupa el área central de nuestra memoria consciente e inconsciente, trayendo como consecuencia que formará parte de nuestros pensamientos, lo que a su vez afectará nuestras emociones. Lo mismo sucede cuando tenemos un problema en el que pensamos todo el tiempo.

Hoy entiendo que proteger la emoción es no permitir que una agresión afecte nuestra alma, es no exigir lo que las personas no pueden dar, no tener tantas expectativas con relación a los individuos, analizar sus comportamientos y entender que todos al calor de la ansiedad podemos actuar como niños, aunque normalmente seamos personas controladas y seguras cuando no tenemos ninguna circunstancia en nuestra contra que nos afecte. Es enseñar, incluso, sin esperar resultados inmediatos.

En síntesis, aprender a proteger la emoción es practicar lo que hizo el Maestro de la Vida, ‘quien aceptaba los límites de las personas, por eso amaba mucho y exigía poco, enseñaba mucho y demandaba poco. Esperaba que el amor y el arte de pensar, poco a poco floreciesen en el terreno de la inteligencia. Por dar mucho y exigir poco, protegía sus emociones, no se decepcionaba cuando las personas lo frustraban, ni las sofocaba con sentimientos de culpa e incapacidad'.