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21 de Jan de 2021

Cultura

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El mármol helado recoge y paraliza toda la belleza.

I

… La luz dura y gris del amanecer se rompe en cristales perfectos, de un encaje nunca soñado y jamás vuelto a ver.

El cierzo golpea con dureza los árboles que desgarran, sarmentosos y crueles, las nubes negras.

La Vida, aterida, se acurruca en esa cuna que se mece despacito, mientras el fuego canta su dulce nana, y un niño duerme.

El mármol helado recoge y paraliza toda la belleza.

Ese trozo de mármol translúcido, purísimo, hecho de hielo y pétalos de nardo, está perdido en alguna de las simas de nieves eternas. Lo cubrieron en su lecho y le han concedido, siglo tras siglo, su belleza frágil y su helado silencio.

Las Musas son aún niñas, y sus pies tiernos se rasgan y se desangran al tratar de recuperar el juguete perdido entre los neveros perpetuos de las montañas ignotas. Hic sunt dracones.

Si alguna vez, al hundirte en las profundidades albas de la belleza más simple, logras alcanzar su proteiforme blancura; si consiguieses sentir su frío en tus dedos; si pudieses romper tus venas en sus aristas, entonces podrías construir, amasando su nieve con tu sangre, el magnífico palacio de todas las formas y todas las materias.

II

…Viento aun es joven y jugando enreda el pelo verde de los robles y las hayas.

La mañana se deja besar por las alas de las golondrinas. Todo se despereza con el ansia de colores aún no vistos.

Un niño ríe y la montaña se queda quieta para oír el aullido de la vida.

Las Hermosas escondieron en lo más profundo de alguna rosa su más brillante tesoro.

Esquivas, ocultan su secreto en un jardín entre los narcisos y las amapolas, bajo los jacintos y dentro de las gardenias.

Si, por casualidad, algún día en que todo rebose luz, miras dentro de ti y en el fondo de una rosa entreabierta descubres el brillo de la esmeralda negra y te rompe su resplandor, ese día tus ojos, que han traspasado tu miedo, guardarán por siempre la ceguera del que todo lo ha visto y podrías pintar con tus lágrimas todos los colores, todos los matices en la paleta perfecta de la más absoluta oscuridad.

III

… Se oye la nana del ruiseñor y la Luna tierna baila entre vírgenes inmáculas.

La tierra está, esta noche, cubierta con un velo tibio de amplios espacios.

Allá arriba, las pupilas eternas de las altas montañas contemplan somnolientas, afanes y lágrimas. Y la sonrisa de un niño muerto que engorda al dragón azul de la Vida.

Sobre esa ara perdida en el fondo del bosque más recóndito arde eternamente el ámbar sagrado.

Las Amadas ya han olvidado su capricho y sus risas hace mucho que no resuenan entre los robles.

El camino se ha llenado de maleza y los espinos arañarán tu pecho desnudo.

Pero si consigues rasgar su dura cortina con la espada de tu sacrificio, podrás llegar al claro del bosque.

Allí aspirarás ese perfume y ya toda tu vida anhelarás ese olor a mirto y lluvia, llevando por siempre el estigma divino de aquel que se abrasa, agradando a los dioses con el humo de su incienso en un éxtasis heroico, mientras tu semen y tu saliva los alimentan.

IV

… Tibio sol que acaricia apenas las hojas que caen lentas sobre un empedrado de lágrimas.

La hermosura navega con pereza en ondas de luz, los cisnes se deslizan sobre el agua con su paso extraño.

Un niño llora, y todo el universo se detiene estremecido para escuchar el dolor de la Vida.

Hay una perla negra siempre rodando en el fondo de un lago gris.

Las manos de las Dueñas hace tiempo que se han vuelto arrugadas y frías. Ya no pueden recogerla para entregársela a su amante.

Y la perla rueda y rueda, libre y distraída.

Si, acercándote a las aguas de plomo del pasado, oyes ese canto de sirena, la memoria nunca dejará de escuchar la música que no cesa.

Si, sumergiéndote en las aguas del olvido, llega hasta tus labios un sabor duro y amargo, sabor a sangre y lágrima, y tu boca queda llena de dulzura y dolor, puedes creer que ya nunca dejarás de cantar la música de los Dioses.

MÓNICA MIGUEL FRANCO

Autora

León, 1971. Licenciada en Filosofía y diplomada en Periodismo. Publica una columna semanal de opinión: ‘Aullido de Loba' en ‘La Estrella de Panamá'.

Ha publicado libros de ensayo: ‘La Figura del Tirano en la literatura hispanoamericana' (con prólogo de Carlos Alberto Montaner). (Edit. Portobelo, 1998). ‘El Cristo de Portobelo: el Cristo de los desheredados'. (Edit. Gabinete de Estudios Culturales, 2010).

Y de poesía: ‘De la piel del Diablo' (Editorial Fuga, 2011). ‘20 poemas de desamor y una canción alcoholizada' (Nonia editores, 2014). Y se han traducido sus poemas en antologías como ‘La luna e i serpenti Prima Antología di landai ispanoamericani' (Progetto 7lune).