La Estrella de Panamá
Panamá,25º

17 de Oct de 2019

Cultura

Lo que calla el suicidio, las cifras del silencio

Tras los números subyace otra problemática. El estigma en torno al tema empuja a los familiares de algunos pacientes a mantener los hechos en el anonimato, una realidad que puede afectar considerablemente las estadísticas

Lo que calla el suicidio, las cifras del silencio

Con tan solo 19 años, Eduardo Muñoz se plantó frente al espejo para mirar dentro de sí. Una idea irrumpe en su mente: dar fin a su vida; una salida al dolor que le carcomía el raciocinio. El dilema de aceptación sobre su identidad sexual fue el detonante y lo que derivó en un rechazo familiar contundente, el mismo que le afirmaba ser una “aberración” para aquellos que amaba y el causante de su intento de suicidio hace algunos meses.

Lo que calla el suicidio, las cifras del silencio

Esta realidad, que hoy Eduardo se atreve a compartir , fue el resultado de un proceso depresivo tras la dificultad de aceptarse a sí mismo y la fractura familiar. “Sentía miedo y me cortaba la piel”, cuenta.

“Estamos seguros de que hay un subregistro que no podemos determinar con exactitud. La razón principal es el estigma”,

JOSÉ CALDERÓN
COORDINADOR DEL PROGRAMA NACIONAL DE SALUD MENTAL DEL MINSA

“Si me mato, ya no seré una carga para mi familia y mis padres”, recuerda, luego de afrontar el problema y retomar la estabilidad con ayuda profesional.

En Panamá, según información oficial, la prevalencia de la tasa de suicidios se ha mantenido constante en los últimos años, siendo alrededor de 3.1 por cada 100,000 habitantes, un poco menor al promedio de la región, cuya tasa es de 5.1 por 100,000 habitantes.

De acuerdo con el último reporte de la Contraloría General de la República, correspondiente al año 2017, un total de 124 casos de defunciones por lesiones autoinfligidas fueron registrados, correspondiendo 109 a hombres y 15 a mujeres, mientras que en 2016, se reportaron 123 suicidios (107 hombres y 16 mujeres).

Juana Herrera, directora del Instituto Nacional de Salud Mental (Insam), indica que hasta julio de 2018, la Contraloría llevaba un total de 110 casos y aunque estas estadísticas aún no se han concretado, lo que realmente preocupa es la existencia de un “subregistro” que mantiene este flagelo tras las sombras de las familias que prefieren callar.

“No todos los casos que suceden son registrados como tal. Hay un subregistro por el estigma en nuestro país con respecto a este tipo de conducta; algunos consideran que quien intenta quitarse la vida no está bien de la cabeza o padece algún trastorno mental”, enuncia.

De manera que, “la familia intenta cuidar la imagen del pariente fallecido para mitigar esta huella”, comenta.

Lo que calla el suicidio, las cifras del silencio

Herrera sostiene que “tenemos que ser realistas en cuanto a que esto nos está sucediendo desde hace muchos años. Hay mucha gente que enmascara la manera en la que sucedieron las cosas, lo que incide en las cifras y reduce las estadísticas”.

José Lasso, sociólogo, argumenta que “el fenómeno del suicidio no ha sido un tema realmente estudiado en Panamá, lo que hace difícil abordarlo, por la falta de insumos estadísticos”.

“Deben realizarse estudios interdisciplinarios, donde participen no solo psicólogos, sino sociólogos y antropólogos, para verlo desde una perspectiva amplia”, asevera.

Para Lasso, aunque el disparador suele ser la depresión, las condiciones que generan esa depresión son sociales y culturales, “por lo que los estudios de este tema deben establecer visiones cuantitativas y cualitativas sobre el fenómeno”.

“Esta es la única forma de desinstalar los mitos y estigmas sobre el tema, que han generado explicaciones desde el sentido común o explicaciones de orden religioso”, dice.

El contexto es áspero, es “una sociedad con altos niveles de desorden, con cambios constantes que no permiten asimilar la realidad, con exigencias sobre un modelo construido sobre lo que se espera del ser humano, más allá de posibilidades materiales como espirituales”.

El sociólogo manifiesta que en una sociedad donde los grupos solidarios y redes de apoyo desaparecen y el individualismo y el interés personal es lo que prima, “se constituye la plataforma que facilita la decisión de suicidio”.

“El suicidio es una decisión individual activada por la condición social del contexto, pero su detonante principal es psicológico. Los niveles de presión social son distintos de un individuo a otro y la capacidad de manejarla va a depender de las redes de apoyo y de una condición de resiliencia individual que permita enfrentarlos”, sostiene

Lasso asevera que mientras no haya cambios sociales donde “la presión del sistema se reduzca”, los casos de suicidio se mantendrán o aumentarán en los próximos años. Para revertir esta realidad, es necesario “generar solidaridad, reducir las visiones en sociedades de consumo, mejorar las condiciones de vida y acceso a los servicios de la población, generar bonanza económica y establecer relaciones donde los valores y las virtudes sean recompensadas, más que modelos materiales y de prestigio por valores económicos”.

José Calderón, coordinador del Programa Nacional de Salud Mental del Minsa, profundiza que “pareciera que de 2017 a 2018 habrá un repunte en las cifras de suicidios consumados, por la proyección en las cifras que la Contraloría ha ofrecido hasta el momento, con más del 80% de lo que había ocurrido en los años anteriores”.

“Estamos seguros de que hay un subregistro que no podemos determinar con exactitud. La razón principal es el estigma. El suicidio es considerado por algunos como un acto amoral y no como un problema de salud mental”, razona.

“Tenemos que trabajar más en los factores protectores para evitar la pérdida de vidas”,

JUANA HERRERA
DIRECTORA DEL INSAM

Calderón sustenta que la gente y los profesionales que tienen que ver con esta realidad la ocultan, muchas veces para no perjudicar al paciente.

Revertir esta realidad recae en la posibilidad de articular acciones que permitan desmontar la estructura responsable de la existencia del subregistro “para que sepamos realmente de qué tamaño es el problema que tenemos entre manos, que sospechamos que es mucho más grande de lo que está registrado”.

Pulso y atención

Con la aparición del pensamiento suicida, el individuo persigue aliviar un dolor, un desasosiego y éste es la vía de escape a lo que siente que es un problema.

“En el fondo, la mayoría de los casos se deben a que no ven una luz al final del camino”, anota Herrera. También hay factores predisponentes como los antecedentes de enfermedad mental o parientes que cometieron suicidio.

Herrera explica que “la depresión y el consumo de sustancias vinculadas a la intención suicida” son algunas de las principales causas de hospitalización en el Insam, No menos importantes son las relaciones interpersonales inadecuadas y los problemas financieros, “hay una diversidad de factores que pueden detonar en esta idea; quien ha perdido la energía, la fuerza y el motor, siente que ya no le queda nada y eso es lo que debemos romper, es un dolor profundo”.

“Quien tiene pensamientos suicidas habitualmente envía un mensaje a sus allegados, comienza a reparar cosas, regalar sus objetos personales más queridos y, en el caso de los hombres, hay consumo de alcohol e irritabilidad”, comparte.

El perfil de los pacientes que ingresan al Insam es de hombres y mujeres con edades entre los 18 y los 75 años, con algún trastorno de conducta que va desde el consumo de sustancias como alcohol o drogas ilícitas, trastorno bipolar o esquizofrenia, depresión severa que puede tener síntoma psicótico o ideación suicida.

“Cuando vemos a una persona con la intención de hacerse daño, pensando en desaparecer o deseando no estar aquí, repartiendo sus cosas y pagando deudas, estamos ante una señal de alarma”, acota.

La directora del Insam puntualiza que cuando el paciente manifiesta un profundo vacío y desgano hacia la vida se requiere la hospitalización y “aunque en algunos casos no quieren permanecer en el centro, los familiares acceden, al conocer los riesgos suicidas del caso”.

Augusto Méndez, psicólogo clínico, destaca que los elementos condicionantes del incremento en la tasa de suicidio pueden ser económicos, sociales, de pareja, afectivos o académicos.

“Es un tema multifactorial. Quienes intentan ejecutar estos actos sienten que la única manera de solucionar sus problemas es a través de esta vía”, afirma.

Enfatiza que “no necesariamente debe haber una condición psiquiátrica en quienes intentan el suicidio, aunque sí hay padecimientos que pueden acarrear un riesgo mayor como la esquizofrenia, el trastorno límite de la personalidad o la bipolaridad, pero no necesariamente son una causa”.

Más que analizar la prevalencia, Méndez reflexiona sobre la existencia de “una mayor conciencia en materia de salud, con respecto a lo que está ocurriendo actualmente. Tenemos mucho más conocimiento y podemos estimar lo que está sucediendo con respecto a los casos de hospitalización y las defunciones”.

Coincide en que hay mitos que silencian la información alrededor del tema. Algunos “piensan que mientras más se acude a un especialista en salud mental, más padecen problemas. La gente todavía ve la enfermedad mental como algo malo y se cree que tener depresión, ansiedad, trastorno de pánico o contar con un intento suicida es signo de debilidad y cobardía”, expone.

Méndez destaca la necesidad de hacer docencia mostrando que nadie está exento de la enfermedad mental, “todos estamos en riesgo de tener alguna vez una crisis suicida, entendida como el deseo de morir”.

Este lunes Maruja Gorday, ministra de Educación, informó que se creará una línea de auxilio para asistir a los jóvenes que tengan pensamientos suicidas. “Lo que se busca es que los jóvenes que enfrentan trastornos, problemas familiares o personales busquen apoyo”.

Además del Insam, cualquier caso en el que se atente contra la vida puede ser atendido en los hospitales generales y los cuartos de urgencia del Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social. En estos casos, es necesario solicitar una evaluación del equipo de salud mental.

Por otra parte, Calderón menciona que actualmente se trabaja en un proyecto de ley, de manera intersectorial, como iniciativa del Ministerio de Desarrollo Social, para presentarlo ante la Asamblea Nacional. Se trata de un “texto de prevención de la conducta suicida”.

“Algunos creen que tener depresión, ansiedad, trastorno de pánico o un intento suicida es signo de debilidad y cobardía”,

AUGUSTO MÉNDEZ
PSICÓLOGO CLÍNICO

La historia de Eduardo, que inició en “un punto en el que no soportaba el dolor” causado por los prejuicios familiares, logró tomar otro curso con el apoyo profesional sostenido. Hoy cree que aunque “todos tenemos problemas, la vida es hermosa y hay que comenzar a verla con nuevos ojos”.