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28 de Oct de 2020

Cultura

Sobre Hierbabuena y otras cosas más

Orlando Acosta, uno de los autores del libro 'El cerro Ancón', conversa sobre las motivaciones y el proceso de trabajo que le llevó a la publicación de este documento que rinde homenaje a la historia, naturaleza y arquitectura de este emblemático lugar

Sobre Hierbabuena y otras cosas más
Orlando Acosta durante la presentación del libro.Cedida

Conozco a Orlando Acosta Patiño desde hace muchos años y su vida está marcada por la trayectoria humanista de sus lecturas y escritos. Tiene una formación técnica como ingeniero industrial y una maestría en Desarrollo Urbano en la Universidad Católica de Chile. Ha hecho estudios de postgrado y, actualmente, es becario Fulbright. Ha escrito muchísimos artículos sobre identidad, patrimonio y territorio en diarios nacionales y tiene una larga experiencia en la planificación de recursos naturales y culturales en el área del Canal de Panamá. Fue candidato en el 2014-2015 al Premio Nacional de Periodismo, categoría reportaje cultural.

¿Cómo llegaste a la idea de hacer un libro sobre el Cerro Ancón?

El libro El Cerro Ancón nació por allá por el año de 2014, cuando entre un grupo de vecinos y amigos se propone la idea. Melissa Araúz, socia del emprendimiento, Editorial Hierbabuena, propone ¿por qué no hacemos un libro del Cerro Ancón? Allí comenzó la aventura. Con la experiencia previa acumulada con otras ejecutorias editoriales conjuntas, establecí los ejes narrativos y temáticos del libro, los cuales fueron discutidos y decantados para encontrar la esencia de la publicación. La organización de la editorial fue también un reto. Iniciar un emprendimiento, y más cuando éste se trata de libros, es un desafío.

La fotografía del libro es otra pieza clave que permite entender el sitio. Sergio Ochoa, fotógrafo naturalizado y socio de Editorial Hierbabuena, se toma la tarea de ilustrar el libro. La propuesta narrativa y gráfica es fortalecida por veinte años de residencia en el corazón del Cerro Ancón y de otros tantos años más, manejando temas de planificación de las áreas revertidas del Canal, además de mi trabajo con la Autoridad del Canal. El libro El Cerro Ancón es resultado de una relación vivencial insondable que integra vida y trabajo. El libro es la primera publicación temática del Cerro Ancón que compila en cuatro capítulos y en una narrativa visual y editorial, la profundidad, complejidad y significancia de un hito geográfico que habita en las mentes, corazones y el imaginario panameño. Celebra el medio milenio de historia urbana de la primera ciudad en el Pacífico de América. Es un tributo a la poesía que canta al Cerro al menos por 100 años de versos. Es un homenaje a los hombres y mujeres del 9 de enero de 1964. Es un recuerdo permanente al Tratado del Canal de Panamá. Sus textos y fotos hacen referencia a una acometida urbana y paisajística sin referente en la construcción de ciudades en el siglo XX. Sugiere también una dimensión social compleja que integra arquitectura e historia de la ex Zona del Canal de Panamá, que falta entender. Los bosques urbanos del Cerro Ancón son habitados por excepcionales especies de plantas y animales y escenario de importantes e inusuales fenómenos migratorios de orden hemisférico. El Cerro Ancón es vital, único y excepcional. Es historia por interpretar y entender. El libro hace una contribución a la educación; aporta entendimiento de la complejidad que teje el patrimonio natural, cultural y paisajístico en tierras panameñas.

Sobre Hierbabuena y otras cosas más
Libro El Cerro AncónCedida

Desde la cima del Cerro se pueden ver dos ciudades, diferentes en sus estilos, pero conectadas en su historia. ¿Qué te dice esta conexión?

Desde su corazón de basalto le fue arrancada la piedra para construir la esencia de las esclusas del Canal de Panamá. El Cerro Ancón divide la ciudad de Panamá en dos y establece una de las condicionantes urbanas más importantes en la vertiente Pacífico de esta región. En las faldas del Cerro se construye el poblado de Balboa, única y excepcional propuesta urbana y paisajística que imprime la acometida americana en el trópico. El urbanismo que es desarrollado por los norteamericanos es una afirmación política, simbólica que toma expresión material de esa “perpetuidad” que estableció el Tratado. Este urbanismo es propuesto por una Comisión de Bellas Artes que reportaba al Congreso de los Estados Unidos; plasma en ese espacio una monumentalidad simbólica que aún no terminamos de entender, valorar, interpretar y conservar. La ciudad construida “al otro lado del Ancón” tiene elementos arquitectónicos especiales que recorren cien años de historia. Lo desarrollado en Balboa permea a la imagen urbana de la ciudad de Panamá, particularmente en barrios como Bella Vista y La Exposición, trasladando elementos estéticos y urbanos a los nuevos desarrollos de la ciudad. Desde la perspectiva de la cultura, la acometida de la Zona del Canal financia obras importantes como lo fue el Teatro Nacional. Este equipamiento cultural construido al inicio de la República, impulsa desde la visión de Narciso Garay, la necesidad de fundar la Escuela de Música y Declamación para “construir” los elementos de nacionalidad y formar el contingente humano para hacer frente al proyecto del enclave colonial “al otro lado del Ancón”. En esa dicotomía no es casual que las únicas pinturas en gran formato que existen en Panamá, tienen expresión en los murales de la rotonda del Edificio de la administración del Canal pintados por Van Hingen y en los recientes espacios restaurados del Teatro Nacional, de la autoría de Roberto Lewis. El Cerro Ancón, la ciudad de Balboa y la de Panamá tienen vínculos y relaciones que muestran espacios de investigación, interpretación y de puestas en valor en nuestra sociedad. La publicación esboza estas relaciones que ojalá abran otros espacios de investigación.

Hay una comunidad bien activa en el Cerro Ancón que defiende el patrimonio. ¿Podrías explicarnos cuál es la posición de esta comunidad?

El Cerro Ancón es la primera reserva natural declarada por un Municipio en Panamá y aguarda por parte de MiAmbiente y la Alcaldía el desarrollo de un plan de manejo. Hace 30 años que el Cerro Ancón espera por un instrumento que permita gestionar este importante sitio con valores naturales, escénicos, culturales, históricos y arquitectónicos. La beligerancia de la comunidad en la conservación del Cerro Ancón se fundamenta en la necesidad de desarrollar y aplicar un instrumento que permita a los visitantes locales y extranjeros interpretar, conocer y darle continuidad a este importante elemento de nuestro patrimonio colectivo. El colectivo de defensa de las áreas naturales y culturales de la Zona del Canal, a cuarenta años de la reversión, demanda participación social y de un tratamiento científico que procure su conservación. El Cerro Ancón necesita ser conservado, allí la base que fundamenta la posición comunitaria.

Algo llama la atención del libro: hay un homenaje a la naturaleza tropical, ¿no es cierto?

El patrimonio natural del Cerro Ancón tiene elementos notables. Habitan en sus 72 hectáreas de bosques urbanos, especies protegidas como el venado de cola blanca, monos tití, bandadas de tucanes, comunidades de búhos endémicos. Lo que tenemos en el Cerro es impresionante. Desde su cima la Sociedad Audubon de Panamá avistó el pasado año 2018, tres millones de rapaces en vuelo migratorio. El Cerro Ancón es parte importante de espacios naturales que tienen función hemisférica. Urge el manejo sistémico de los bosques urbanos y el área de los manglares de la ciudad.

Soñemos un poquito: ¿Crees que algún día podríamos tener el “chorrillo” aunque fuese artificial?

Rescatar la cristalina y bienhechora fuente, desde el abismo del no ser hundida, parafraseando a Amelia Denis de Icaza en su poema “Al Cerro Ancón”, es un desafío sugerente. Documentos históricos refieren la existencia del Chorrillo. La expedición de Armand Reclus de finales del siglo XIX ilustra lavanderas locales lavando de esa fuente. Abasteció de agua a la ciudad y referencia para nombrar a un barrio que tiene una historia profunda. La memoria del Chorrillo sería la primera en buscar, luego el agua fluirá sola.

Volvamos al pasado, ¿cómo recuerdas aquel día que viste ondear la bandera panameña sobre la cima del Cerro hace 40 años?

Con mi padre Abel Acosta, estuve en la Plaza Cinco de Mayo cuando fue izada la bandera sobre el Cerro Ancón. Recuerdo ser apelado en ese entonces con un mensaje que preconizó mi futuro: “son ustedes los niños de hoy, los hombres y mujeres del año 2000, los hombres y las mujeres del Canal”. Creo que el pasado regresa al hoy y me compromete al futuro que enfrentamos mañana.