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12 de Jul de 2020

Cultura

La divertida historia amorosa musical de Medoro Madera

El álbum de Rubén Blades, en el que canta su 'alter ego' con voz propia, está dedicado a los soneros cubanos de ayer y siempre, y a la respetada y querida Santiago de Cuba. Sus temas recrean una historia de amor que va de la risa al llanto

La producción fue lanzada en 2018.

Si uno escucha bien y relaciona entre sí las canciones del cd Medoro Madera descubre un drama amoroso que tiene mucho de cómico y de dolor. Por lo menos yo lo veo así y aunque en esa producción solo la pieza “Caína” es de la autoría de Rubén Blades, me lo imagino trabajando en esa obra y cuidadosamente ensamblándola con mucho de su humor negro.

Blades, que también es el productor, dedica el álbum a los soneros cubanos de ayer y siempre, a la respetada y querida Santiago de Cuba, y con la complicidad de Roberto Delgado que aporta poderosos arreglos y lo graban con un conjunto de diez músicos. Lo imprescindible: trompeta, bajo, tumbadora, piano, coro (tres), bongó y percusión de timbal .

El cantautor panameño modifica su voz para convertirse en su alter ego negro. Alguna vez me dijo que Medoro era negro. ¿Pero qué es un alter ego? Rectificando, encuentro su significado: “Persona real o personaje ficticio en quien se reconoce o se identifica a otra, o sobre quien esta se proyecta”. En este caso la identificación sería con la voz y la forma de cantar que adopta el panameño.

Medoro Madera es un vocalista que sale de la garganta de Blades y que ya ha aparecido en algunas de sus producciones, y para sorpresa de sus seguidores le permite grabar todo un cd. Con su voz pergaminosa hace una ópera bufa divertida y sabrosa. Yo se las voy a relatar número por número en el orden que me la imagino.

“Medoro Madera es un vocalista que sale de la garganta de Blades y que ya ha aparecido en algunas de sus producciones, y para sorpresa de sus seguidores le permite grabar todo un cd”.

Se trata de la relación amorosa entre una mujer y un tipo, que pudo acaecer en La Habana, en Santiago de Cuba, pero yo la sitúo mejor en el barrio de Santa Ana, en plaza Amador, Granillo en el que crecí, y en el que Blades sitúa muchas de sus historias. Es de aquellos tiempos cuando todo giraba en torno a la música de los cantantes caribeños cuyas voces se asomaban por las puertas de las numerosas cantinas de las esquinas o en los aparatos de radio o en los acetatos de las tiendas disqueras.

Comencemos con el bolero “Ya no puedo creerlo”, de Juan Arando, en que el tipo no puede creer que la mujer lo engaña y le pide que con todo y su traición vuelva con él. En el barrio decían “quémame pero no me dejes”. Él suplica de forma ridícula que caminen juntos por el barrio para desmentir los rumores de su infidelidad. Y que se coman sus mentiras”.

La trompeta del cubano Wichy López es notable, e interpreta esas coplas de un lento chacha propio de muchos de aquellos boleros. López graba tanto la primera como la segunda trompeta.

Planteada la situación hay otra guaracha, más bien un guaguancó: “ El tiempo será testigo” de Ernesto Duarte, pieza grabada originalmente por la orquesta Gloria Matancera.

Pero Medoro lo hace con mucho sentimiento y le dice a la mujer: “El tiempo será testigo de que yo no me equivoco. Y aunque pienses que estoy loco, oye bien lo que te digo. Tú vendrás a mí, a buscar mi amor. Buscando el calor que yo te ofrecí. Pero es tarde ya”.

En este número el tipo desesperado se atreve a desafiar a la mujer que lo desprecia.

El tiempo es un elemento que Blades ha manejado y tratado de descifrar a lo largo de toda su obra, y en el coro lo introduce como la tabla de salvación del pobre engañado.

Marcos Barraza, un amigo de juventud, un músico de primera y cantante de la mejor época del conjunto Bush y sus Magníficos, es el que interpreta la tumbadora en el cd, y le imprime un gran sabor panameño. Nos dice que el conguero de los conjuntos cubanos, y después los que rememoró Pacheco era muy disciplinado. Se limitaba a marcar el ritmo con cadencia y hacer los cierres. Trabajaba para la orquesta, no para lucimiento personal, y eso le daba fuerza y continuidad a la pieza musical.

Esa música terriblemente bailable fue la preferida de nuestros padres y abuelos. Es que la ciudad de Panamá musicalmente fue una extensión de la isla antillana. Las letras de las canciones sentaban pautas de conducta.

Vemos que la cultura negra adorna la música cubana guarachas, rumbas, guaguancós y sones. Está aderezada con grandes músicos y compositores que adornaron los escenarios de un sitio donde siempre había fiestas.

A principios de la década de 1920 la guaracha cubana fue tildada de vulgar y un producto de las clases populares. Pero como toda la música de los bajos estratos sociales, se encumbra y termina siendo reconocida por todos.

La música cubana proviene del choque de la española y de los ritmos negros. Así fue en todo el Caribe. Pero hay dos detalles que condensan su estilo, y es que Cuba estuvo atada a España durante todo el siglo XIX, 80 años más que otras repúblicas americanas y que también durante ese tiempo se desarrolló una trata de esclavos clandestina que trajo a su territorio a miles de negros nuevos de la parte occidental de África. Estos aportaron ritos muchos más frescos, con sus toques de tambor y el sincretismo de la religión santera. Eso del comercio tardío de esclavos también pasó en Brasil y en Estados Unidos, y se notan los resultados musicales y culturales tan elevados que nacieron, jazz, blues y samba.

En “¿Dónde estás Miguel?” aparece la voz natural de Rubén Blades y con la magia de la grabación de Pty Estudios, de Pablo Gobernatori y Nacho Molino, hace dúo con Medoro Madera. El coro de bururú barará, tan típico de Cuba del compositor Felipe Cabrera invita al tipo a olvidar su tristeza, a tomarse un ron y a sentirse orgulloso de la música de La Habana.

“El Panquelero” es otra guaracha que aparece en producción y canta los tradicionales dulces de La Habana, y enmarca el drama amoroso en un barrio popular. Definitivamente que los arreglos de este cd se deben a Roberto Delgado, músico panameño que ha hecho una gran dupla con Blades, y sobre esto nos dice que desde siempre gozó el estilo del dominicano Johnny Pacheco, un icono musical creador del fenómeno Fania y que elevó la salsa a niveles mundiales. “Solo me tocó sacar lo conocido del disco duro de mi cabeza. También eché mano de mis recuerdos del combo de Bush y sus Magníficos”.

Llegamos al desenlace del drama amoroso y entra en escena un renombrado compositor: Antonio Fernández, alias Nico Saquito. Este en un momento fue un talentoso beisbolista que prefirió componer y cantar guarachas ingeniosas sobre temas populares. Su obra “Me tenía amarrao con P”, sabrosa y jocosa, permite a Medoro cantar muy bien y exponer las brujerías que una negra le hace a su marido. Entonces vemos que toda la relación que hemos descrito está empapada de malas artes. “Que mala entraña tiene esa negra, que mala entraña tiene con P, que ha trabajao con todos los muertos para ponerme el mundo al revés. Consulta santos, va a los cabildos y nunca falta a ningún bembé, porque ella vive siempre pensando que mi cabeza vaya a los pies”.

Waoo pobre hombre al que echaban polvos en el café, polvo de sapo y le tenían un retrato tras de la puerta con la cabeza pa abajo y se le hinchaban los pies. ¿Pero qué pasa después? El coro de la canción lo dice, “Al final me le solté”.

Ja Ja ja. En las creencias populares era normal que mujeres obsesionadas con un hombre le hicieran brujerías. Con los barcos negreros viajaron el vudú y la magia negra de brujas que dan mejunjes y recetas para doblegar al ser querido, o por envidia a la vecina que sobresale. Eso en nuestra cultura está presente desde los cuentos infantiles. La manzana de Blanca Nieves, las botas de siete leguas de Pulgarcito, la flauta mágica de Hamelin. En África son comunes las creencias de encantamientos.

Entonces el tipo se libra del embrujo y al final es la mujer la que llega rendida a sus pies pidiendo cacao. He allí que Medoro canta un bolero que Rolando La Serie hizo requete famoso y es de la autoría del filósofo del bolero José Dolores Sotolongo Quiñones; “Levántate”. “No te arrodilles en mi presencia, si te remuerde la conciencia, encontrarás la indiferencia, por tu proceder”.

Bueno, he aquí un recuento de lo que canta Medoro en ese tremendo cd que Rubén Blades grabó para darse el gusto de juntarse con compositores cubanos, que nos dejaron parte de la historia de cada uno en sus composiciones. La música es el alma de los pueblos, y Cuba y Panamá se hermanaron con estas canciones que hoy recordamos.