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11 de Jul de 2020

Cultura

Contacto físico, un actor clave en las emociones

La ciencia sustenta sobre el abrazo y la vinculación a través del tacto, una necesidad ancestral del ser humano y un mecanismo promotor de la felicidad. Con las limitaciones del nuevo escenario social, mantener una actitud positiva será vital en la estabilidad emocional

Estudiosos de la materia califican la oxitocina como la hormona del abrazo.Shutterstock

Aunque tenga sus matices, según cada cultura, el contacto físico es un catalizador de las hormonas de la felicidad.

El abrazo, un apretón de manos, una palmada en la espalda o una caricia, son habituales en la cotidianidad como parte de los códigos sociales que permiten dar muestras de familiaridad, confianza, afecto, estima. Y más allá de lo que está a la vista, este contacto juega un papel protagónico en la estimulación de la salud mental a través de la activación de neurotransmisores como las endorfinas y la oxitocina. Así, de alguna manera, limitar esta cercanía también nos priva de la felicidad.

Robin Dunbar, profesor de psicología evolutiva de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, manifestó a la BBC en una publicación reciente que el tacto es algo "verdaderamente fundamental” para los humanos, y vivir sin él debilita las relaciones más cercanas.

Una hipótesis que vale la pena analizar considerando el escenario global de la actualidad.

“El tipo de contacto más íntimo –el brazo alrededor del hombro, una palmada en el brazo y este tipo de cosas reservadas para amistades más cercanas y miembros de la familia– son realmente importantes”, asegura el científico.

Además de ser el primer sentido que se desarrolla en el útero, investigaciones han planteado que el contacto físico con otros reduce el impacto del estrés y estimula la producción de endorfinas, las sustancias químicas que nos inundan de bienestar y que actúan en el cerebro para minimizar el dolor.

Este neurotransmisor es una sustancia química natural endógena, es decir, producida por el organismo, también denominado comúnmente “hormona del placer”, ya que tiene la tarea de estimular las zonas cerebrales que producen las sensaciones agradables. Su estructura es muy parecida a los opioides, como la morfina, y la heroína, sin conllevar efectos negativos en el organismo.

A través del contacto físico es posible activar las hormonas de la felicidad.Shutterstock

Además de esto, nuestro organismo recibe la segregación de esta hormona como una recompensa y, por ende, buscamos repetir las conductas que nos aportan dicha sensación. La falta de endorfinas, unos niveles bajos de este neurotransmisor, propician un bajo estado de ánimo, y una manera sencilla de obtener estas sensaciones de felicidad es realizar actividades estimulantes y placenteras.

Por otra parte, la oxitocina es una hormona que se activa fundamentalmente a través del contacto físico. Se libera fácilmente a través de los abrazos y los besos, pero también responde a otros estímulos, como una palabra afectuosa o incluso una simple palmadita en el hombro.

El tacto es quizás el primer sentido que se desarrolla; de hecho, con el nacimiento se estimula al recién nacido con palmadas para que responda al nuevo entorno. Los niños privados de expresiones de afecto, y que no reciben abrazos, tampoco desarrollan vínculos emocionales y psicológicos adecuados
JUANA HERRERA
DIRECTORA DEL INSTITUTO NACIONAL DE SALUD MENTAL

Investigadores de la Universidad de Harvard han encontrado evidencia de que la oxitocina, a menudo llamada la “hormona del amor”, juega un papel crucial para ayudar al cerebro a procesar las señales sociales y decidir qué requiere atención y qué puede relegarse a un segundo plano. En esencia, una variedad de comportamientos puede aumentar la oxitocina, como abrazarse, abrazarse y tener relaciones sexuales.

Su producción ocurre en el hipotálamo y la glándula pituitaria la libera al torrente sanguíneo y se controla mediante un mecanismo de retroalimentación positiva. Este mecanismo permite la liberación de la hormona cuando hay un desencadenante.

En este escenario, Juana Herrera, directora del Instituto Nacional de Salud Mental (Insam), considera que el ser humano es complejo. “Al ser biopsicosocial, necesita relacionarse desde el punto de vista emocional-mental, y desde lo social, necesita pertenecer a un todo: amigos, compañeros o socios. También, desde lo biológico, hay una serie de elementos que contribuyen positiva o negativamente en su estado de salud”.

Durante una entrevista con este medio, la especialista compartió que el hombre está acostumbrado a relacionarse con otros a través del contacto físico, lo que le permite establecer un vínculo afectivo, que se traduce además en demostraciones de “seguridad, apoyo, alivio y afecto”.

“El tacto es quizás el primer sentido que se desarrolla; de hecho, con el nacimiento se estimula al recién nacido con palmadas para que responda al nuevo entorno. Los niños privados de expresiones de afecto, y que no reciben abrazos, tampoco desarrollan vínculos emocionales y psicológicos adecuados”, dice.

De acuerdo con Herrera, existen receptores sensoriales que captan los estímulos y los envían al cerebro, órgano responsable de traducirlos en señales eléctricas, que serán las interpretadas hasta la emisión de una respuesta.

El contacto físico es importante desde los primeros días de nuestra vida y tiene beneficios adicionales para la salud, argumenta. “Los neurotransmisores como endorfinas, oxitocina, dopamina y serotonina producen bienestar, afecto, motivación, placer y ánimo, por lo que se denominan el cuarteto de la felicidad. Estos, a su vez, se pueden estimular a través del tacto, el ejercicio u otras actividades”.

Para la directora del Insam, el abrazo reduce la producción de cortisol –que favorece el estrés–, genera seguridad y confianza, disminuye la presión arterial y mejora el estado anímico.

Y en el dinamismo de los nuevos escenarios que limitan el contacto habitual, Alexandra Araujo, médico psiquiatra, insiste en que la empatía juega un rol clave, y debe ser practicada a través de “la escucha activa y el acompañamiento”, además, en el caso de aquellos a quienes la carencia de contacto les ha intensificado unas patologías de salud mental, deben “tomar psicoterapias para reaprender desde el amor propio”.

La especialista en salud mental considera que si bien existen culturas donde las manifestaciones afectivas o el acercamiento a través del tacto son escasos, por respeto o por meras costumbres, en los países latinoamericanos donde los sujetos suelen mostrarse más afectivos con abrazos o apretones de manos, “puede haber una predisposición que incide en la estabilidad mental y emocional del individuo, al percibir esta limitante como algo negativo”.

Araujo apunta que el apego no solo se genera a través de los sentidos, sino de la atención a necesidades básicas desde la niñez, además del tacto utilizado como el mecanismo de demostración afectiva a través de un abrazo, por ejemplo. Aunque los teóricos de la Programación Neurolingüística (PNL) sostienen que hay personas auditivas, kinestésicas y visuales, que desarrollan mejores facultades de recepción y emisión de mensajes en el proceso de la comunicación a través de un canal u otro, “las personas con un canal sensitivo predominante necesitan la demostración afectiva, y esto puede suceder a través del lenguaje hablado o de mensajes escritos que permitan satisfacer la necesidad”.

Más de la ciencia

Un experimento de la Universidad de North Carolina en Chapel Hill en 2003, y reseñado por el diario USA Today, demostró que los participantes que no tenían contacto con sus parejas desarrollaron un ritmo cardíaco más rápido de diez golpeteos por minuto, en contraste con los cinco por minuto de aquellos que abrazaron a sus parejas durante la investigación.

“Un breve abrazo y diez minutos de sujeción con una pareja romántica reducen en gran medida los efectos físicos nocivos del estrés”, argumentó la publicación.

En la misma publicación se remarcó que “el tacto disminuye la producción de cortisol, una hormona del estrés. Cuando el cortisol cae, hay una oleada de dos químicos cerebrales para sentirse bien, la serotonina y la dopamina”.

Otros estudios argumentan que los abrazos generan un balance en el sistema nervioso. La piel contiene una red de pequeños centros de presión llamados corpúsculos Pacinian que pueden sentir el tacto y que están en contacto con el cerebro a través del nervio vago. Algunos experimentos han demostrado que la respuesta de la piel galvánica de alguien que está recibiendo cariño muestra cambios, y el efecto en la humedad y electricidad en este órgano sugiere un estado más balanceado del sistema nervioso parasimpático.

Además, las hormonas de la felicidad también fungen como inmuno-regulatorias y los abrazos detonan una respuesta de relajación, ayudan a cambiar la forma en que el cuerpo lidia con el estrés social y físico, e impulsan el sistema inmune naturalmente.

Nuevo esquema

Ante el reordenamiento obligatorio de las nuevas estructuras sociales, en el que prevalecerá durante mucho tiempo la salvaguarda de la integridad física evitando el contacto físico, Ana Lezama, médica psiquiatra, expone que será necesario mantener una óptica y actitud positivas hasta que exista una inmunización frente al Covid-19. “Esto nos debe llevar a un aprendizaje, a la introspección. Escuchemos música en casa, bailemos, busquemos distracciones, situaciones agradables, evitando la sobreinformación, los pensamientos catastróficos así como las imágenes y videos alusivos a la crisis”.

Lezama añade que “es preciso consumir alimentos que estimulan la serotonina como los frutos secos, el té verde y el chocolate, o realizar actividades online en grupo.

El cerebro no sabe si estás aquí o allá, simplemente recibe la información de que el individuo se siente bien, tiene una actitud positiva, está generando placer y mantiene a las hormonas activas, psicoestimulándolas constantemente; es una actividad, un circuito y una dinámica que nos permitirá tener resultados positivos con resiliencia, durante el proceso de adaptación”. A todo esto, Herrera, directora del Insam, completa que “habrá nuevos retos y un cambio de actitud frente a lo que viene. Debemos reemplazar el pensamiento negativo por el positivo y desarrollar actividades físicas, escribir, intensificar las videollamadas y sacar provecho de todas las plataformas colectivas como Zoom, que nos dan conectividad y nos permiten escuchar y mirar al otro”.

Según las especialistas, todo se resumirá a la capacidad de realizar reajustes, para reaprender y abrazar la nueva realidad mundial.