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13 de May de 2021

Cultura

Lo que aprendí de mi 'jardín incidental'

Lo primero que aprendí fue la importancia de empezar; uno se la pasa diciéndose que va a comenzar las cosas, pero nunca lo hace. Cuando moví las macetas y comencé a revisar el estado de cada planta, me di cuenta de que las cosas estaban peor de lo que había pensado, pero también supe que lo que estaba haciendo, debía de haberlo comenzado antes.

Lo primero que aprendí fue la importancia de empezar; uno se la pasa diciéndose que va a comenzar las cosas, pero nunca lo hace. Cuando moví las macetas y comencé a revisar el estado de cada planta, me di cuenta de que las cosas estaban peor de lo que había pensado, pero también supe que lo que estaba haciendo, debía de haberlo comenzado antes.

Luego me enfrenté al problema de la cuarentena, no tenía acceso a tierra o materiales...pero fue allí que descubrí que casi todo lo que necesitaba, ya estaba allí. En diciembre, Alexandra me había comprado unas macetas, compró también unas herramientas de jardinería (que estaban aún sin sacar de la caja desde hacía meses) en fin, cuando uno quiere hacer las cosas, los medios aparecen.

Luego vino el momento de descubrir qué hacer, la verdad es que yo algo sabía sobre sembrar, pero nunca me había propuesto crear un verdadero jardín. Fue entonces cuando aprendí la importancia del conocimiento colectivo. Hoy existe una red de personas que comparten sus experiencias, tanto en las redes como en portales y blogs, pude darme cuenta de que no estamos solos y que somos tan inteligentes como las comunidades que nos apoyan.

Solo cuando uno mete las manos en la tierra, prepara las semillas, sufre cuando las plantas se mueren o cuando una oruga se las come, deja uno de ser “un sabio de revista” y empieza a vivir el conocimiento. Aprendí que solo se aprende de verdad aquello a lo que uno es capaz de invertirle parte de su vida.

Un día tomé una foto de las plantas...y descubrí que eran un jardín, que se veían bien y que creaban un ambiente fantástico en el apartamento. Aprendí que la única forma de lograr que un proyecto funcione en el largo plazo, es estar dispuesto a generar una relación cotidiana con él.

Me sorprendí con los comentarios de muchas personas sobre el jardín, algunas me decían que yo tenía la “mano verde” para las plantas, como si el jardín hubiese brotado mágicamente, ese día entendí que si uno desea que algo brote, crezca y sea bello, debe tener constancia y estar dispuesto a dedicar su tiempo, mucho esfuerzo y recursos para lograrlo. Es posible que algunos vean “suerte” o “magia”, pero uno sabe que es dedicación, voluntad y paciencia.

La enseñanza más reciente la obtuve al regalar algunas plantas a personas cercanas, descubrí que el poder compartir lo que aprendí y el fruto de mi trabajo, era algo altamente gratificante; entendí, pues, que la mejor forma de disfrutar algo, es compartiéndolo. Ahora estoy haciendo macetitas con plantitas para que otras personas puedan experimentar la felicidad que siento yo.

Compartir es la mejor forma de expresar la gratitud por haber vivido todo este proceso.

Creo que aún estoy lejos de terminar el aprendizaje que me puede brindar esta experiencia. Lo que sí tengo claro es que mi “jardín incidental” es también un “laboratorio” y que lo que he aprendido en él, puedo llevarlo a otras áreas de mi vida.

“Sembrar, cuidar, aprender y compartir”, me parece un buen ciclo para replicar.

Prometo compartirles mis aprendizajes futuros.