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14 de May de 2021

Cultura

Panamá, entre la leyenda dorada y la leyenda negra

Florida State University presentó el panel 'La leyenda negra de Panamá', tema que surge cada noviembre, con nuestras fiestas patrias. Una revisión histórica y una reflexión sobre lo que representan y aportan las leyendas, ya sea de forma negativa y, por qué no, positiva

Panamá celebra dentro de dos días, 117 años de vida republicanaShutterstock

Próceres heróicos versus hombres sin escrúpulos que vendieron su país al mejor postor. Parece no haber un consenso sobre la forma en que Panamá logró su separación de Colombia en noviembre de 1903.

Ya en 2020, luego de cierto tiempo de reflexión sobre el tema, la discusión continúa y esto se debe probablemente, de acuerdo con los panelistas que participaron en este encuentro, a que no nos hemos preocupado suficiente por conocer al dedillo nuestra historia.

Ana Elena Porras, antropóloga e historiadora, partió explicando algunos conceptos que permitan esclarecer el panorama.

Leyendas blancas, doradas y negras

Porras establece que la historia es el pasado en sí mismo, mas la historiografía es el estudio del pasado, los relatos que de él se escriben. Y hay que tener claro que en la historiografía no se llegan a incorporar todos los hechos que se dieron en el pasado. Se selecciona, se discrimina. “Es selectiva, insuficiente e interpretativa”.

Las leyendas, forman parte de la historiografía y suelen ser menos formales y sí, más ideológicas, mientras que la historia única, esa que llega a nosotros de forma oficial, siempre ha sido herramienta de los grupos d e poder.

“Tiende a ser elitista, racista, machista, Una versión idealizada y su fin es el de generar orgullo patriótico, orgullo nacional, y lo logra”, dice la antropóloga. A esto es a lo que se llama leyenda blanca, dorada o rosa.

En tanto, la leyenda negra incluirá algunos de esos elementos no utilizados por la historia única y tenderá a contradecirla.

¿Cómo surge la leyenda negra de Panamá?

Una posible reelección de Theodore Roosevelt mueve a sus enemigos políticos a generar una campaña en la que se hablaría del uso indebido de fondos de los estadounidenses para lograr la construcción del Canal de Panamá. Por otra parte, Colombia, debía justificar la incompetencia política que le costó la separación de Panamá, su departamento más valioso, en aquel momento y también, el más descuidado.

“La leyenda negra establece que Panamá nace como una república ficticia, fabricada por Estados Unidos, llamada de forma despectiva una banana republic, corrupta y sin identidad nacional y con próceres oportunistas, que vendieron al país a los estadounidenses. También se le llegó a llamar 'república de primos'”, detalla Porras.

La leyenda negra aparece inmediatamente en 1903, pero en 1968 toma más fuerza pues facilitaría al gobierno militar desprestigiar la oligarquía e impulsar la recuperación de la soberanía nacional.

El politólogo y docente Carlos Guevara Mann, destaca la importancia de contextualizar los hechos históricos, hay que mirar entonces cuál era el panorama que tenía Colombia en el siglo XIX.

Para él, no cabe la menor duda de que sin el apoyo de Estados Unidos no hubiese habido separación, pero “Panamá no es un invento de los norteamericanos”, como se ha querido hacer ver. Y de esto hay grandes antecedentes.

Guevara Mann nos invita a mirar esta realidad a través de tres conceptos distintos: país, nación y estado.

“País es un concepto geográfico y demográfico y hay una clara noción del istmo de Panamá identificable en el globo terráqueo”, afirma. Hace 500 años se fue configurando la idea del territorio como elemento de la geografía.

La identidad propia es elemental en el concepto de nación. Y en la época colonial pasamos de ser indianos a americanos (S.XVIII) y de allí se empiezan a diferenciar los gentilicios dependiendo del lugar específico. “Los que estaban aquí en ese momento se identificaron como istmeños y después como panameños. La identidad se remonta al menos 200 años”, detalla Guevara Mann. “El acta de independencia establece claramente que el Istmo de Panamá rompe con España y se une al estado republicano de Colombia”, sostiene.

Por último, el concepto de estado tampoco es nuevo. En 1840, Panamá declaró independencia y estableció su primera república que tuvo una existencia efímera. Más adelante, se establecería el Estado Federal del Istmo. “Panamá antecede a 1903, no es un invento ni una república ficticia”, sostiene.

El abogado Julio Linares Franco establece que el hecho de que no se hubiese derramado sangre ha dado pie a que se trate a los próceres como vendidos y traidores. “ José Agustín Arango y Manuel Amador Guerrero trabajaban para la compañía del ferrocarril. Justo Arosemena incluso muere en la pobreza. Ellos fueron líderes por las circunstancias, claro que tenían los contactos el poder y los intereses, ellos no eran santos y ningún movimiento de independencia es pulcro”, recalca. Y establece que “Panamá no tenía la fuerza política y necesitaba aliarse con Estados Unidos. “El Tratado Herran Hay iba a ser rechazado y los panameños se unen a los americanos y presionan para lograr un acuerdo”.

Para Linares Franco, el hecho de que Estados Unidos apoyara la separación no representa ningún pecado, sin embargo, la leyenda negra no va a acabar nunca, porque “es parte de la naturaleza humana”.

Sesgos y aportes de la leyenda negra

Porras identifica algunos aportes que surgen de lo negativo. “Desenmascara el elitismo de la época, nos introduce en la historia crítica, obliga a un revisionismo histórico y reconoce otros sujetos y otras historias hasta ahora excluidas por la historia única”. Pero hay que tener cuidado porque una leyenda negra tiende a la “ideologización de la historia al ponerse al servicio de alguna causa política. Además, suele manipular la información, con frecuencia genera un discurso de odio de clases y enturbia el argumento académico.

“En afán de atacar a los próceres se subvaloran las circunstancias históricas del momento”, asevera Porras.

Y tal vez lo más grave, “perjudica la autoestima colectiva y el sentido de pertenencia”.

No se puede hacer historiografía con objetividad, asegura Porras. “Los historiadores interpretan la información obtenida desde la óptica cultural, social, personal y política de una época”, acota Porras y agrega, “pero sí podemos escribir con honestidad intelectual, rigor metodológico, sustento documental y sin manipulaciones. “Para evitar los sesgos históricos de las leyendas debemos adoptar un espíritu crítico de la historia, incluir varias historias, diversificar sujetos, evitando las manipulaciones tanto de la leyenda dorada como de la negra”.

Los historiadores, dice Porras, “debemos situarnos en una posición ecléctica que recupera los mejores aportes de todas las versiones”.

Impacto de la leyenda negra

Para Carlos Guevara Mann no hay un impacto más claro que “la baja autoestima del panameño”. Insiste que “no somos un invento” y que aunque no debemos caer en chauvinismos, “no debemos dejarnos invisibilizar y ningunear”.

Y es que esta no es la única leyenda negra que pesa sobre Panamá. “Ahora se desarrolla una leyenda negra de Panamá como lavandería de dinero con los Panama Papers”, comenta el politólogo.

Por ello no se debe aceptar leyendas insensatas y sin sustento. Los hechos no están sujetos a interpretación y esta es una situación que Colombia ha aprovechado muy bien para justificar su mal resultado, cosa que parece a ratos, “no han podido superar”.

Guevara Mann nos recuerda que en el Tratado Bidlack Mallarino Colombia había entregado a Estados Unidos su protectorado. “Si los panameños queríamos separarnos había que buscar una alianza con Estados Unidos para que ellos no avasallara, a Panamá cuando se diera la separación”, analiza.

Mientras Colombia fue muy efectiva planteando su postura, Panamá no ha sabido presentarse como un país de antigüedad. “En los primeros años hubo un intento y esa es nuestra leyenda dorada”, plantea Guevara Mann, un intento tímido que se perdió con el paso del tiempo.

Mientras tanto, cuestionamientos sobre qué pasó con los 10 millones de dólares que pagó Estados Unidos a Panamá, el escándalo que rodeó al presidente Roosevelt y la campaña de desprestigio que Joseph Pulitzer montó en su contra, han servido como caldo de cultivo para la leyenda negra.

Muchas de estas interrogantes están resueltas en el libro La leyenda negra, engaño y ficción, de autoría de Julio Linares Franco y en muchos otros documentos que los panameños no han buscado la manera de descubrir.

La leyenda negra plantea desafíos para los panameños, entre ellos, hacer una revisión a nuestra historia, rescatar las participaciones de otros grupos, no solo el hegenmónico, hacer más invetigación e incorporar nuevos relatos para tener una historia más completa.