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18 de May de 2021

Cultura

La misión Verveer

Verveer fue bien acogido por los otros delegados y a instancias de Gual, se acordó que los representantes nacionales tratarían con el coronel extranjero de forma individual y confidencial

“El ser de una nación consiste en su organización interior política”, escribió M. de Vidaurre en sus apuntes para el discurso que debía de pronunciar como delegado de Bolívar en la sala capitular del antiguo convento de San Francisco en Panamá.

El 7 de diciembre de 1824, 48 horas antes de la batalla de Ayacucho, Bolívar y su secretario general, el peruano José Faustino Sánchez Carrión, habían dirigido una invitación primero solo a Colombia y a México, después a Chile, a las Provincias Unidas del Río de la Plata y a Centroamérica; finalmente, a Bolivia cuando ya era una república independiente, para celebrar un Congreso en el istmo de Panamá. Perú nombró como plenipotenciarios a Manuel Lorenzo de Vidaurre y a José María de Pando, quienes se dirigieron a Panamá en junio de 1825, un año antes que los plenipotenciarios de las otras naciones invitadas. La época histórica fue propicia para el inicio de un sentimiento de solidaridad continental (Garibaldi, 2003). El Congreso Anfictiónico de Panamá estaba tomando forma.

Cuando el rey Guillermo I de los Países Bajos conoció, a principios de 1826, que el Gobierno británico había nombrado a Edward Dawkins al Congreso de Panamá, procedió, mediante Decreto Real del 14 de febrero de 1826, a nombrar al coronel Jan Verveer como observador del evento. No asistió como representante oficial de los Países Bajos porque el rey temía dañar sus relaciones con España –aceptando la independencia de las antiguas posesiones españolas en América– y con Francia, su aliada.

Verveer, nacido en 1779, tenía una amplia experiencia en las Antillas holandesas; a los 27 años era secretario del gobernador de las islas de Sint Maarten y de Saba, y en 1806 fue designado comandante militar de esos territorios. Después de luchar en Waterloo fue enviado otra vez a las Antillas en 1825, para preparar un informe sobre la situación de la isla de Curaçao. La misión de Verveer en Panamá era delicada: sin ser plenipotenciario holandés pues carecía de credenciales, debía establecer relaciones confidenciales con los delegados latinoamericanos que concurrirían al encuentro e indagar sobre su posible interés por entablar relaciones diplomáticas con los Países Bajos. Sin embargo, las instrucciones secretas de Verveer indicaban que lo primordial era la promoción de las relaciones comerciales con las nuevas repúblicas (Schoonhoven, 1956). El astuto Verveer fingió ser un viajero científico empeñado en realizar investigaciones botánicas en América del Sur, obtuvo así en Londres las cartas de presentación del ministro colombiano Hurtado para los delegados al Congreso de Panamá señores Pedro Gual y José Vidaurre. Llegó a Panamá el 8 de julio de 1826, una semana antes de que se firmara el Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua (Yepes, 1955).

Verveer fue bien acogido por los otros delegados y a instancias de Gual, se acordó que los representantes nacionales tratarían con el coronel extranjero de forma individual y confidencial, para ello actuaría como intermediario el delegado mexicano José Mariano Michelena quien preparó una secuencia de encuentros de tal forma que todos pudieran hablar con el holandés.

La historiadora diplomática peruana Rosa Garibaldi afirma –citando al historiador estadounidense Charles Wilson Hackett– que Bolívar no tuvo la intención de invitar a Estados Unidos al Congreso de Panamá. Por el contrario, el historiador colombiano José M. Yepes afirma que el Libertador era favorable a la colaboración con los Estados Unidos, finalmente ese país acreditó dos delegados Richard Anderson y John Sergeant quienes tenían indicaciones de mantener una cuidadosa neutralidad permaneciendo al margen de las alianzas que se concertaran (Lockey, 1927). Téngase presente que para el congreso estadounidense de esa época el Congreso de Panamá era una amenaza porque se discutirían los medios para abolir el comercio de esclavos africanos, fuerza vital de los Estados del sur de la Unión (Moore, 1906). Ninguno de los dos delegados norteamericanos llegó a las sesiones en Panamá, Anderson murió en pleno viaje y Sergeant llegó al istmo cuando todos ya se habían trasladado a Tacubaya en México.

Verveer se dio cuenta que mientras Bolívar pensaba en un sistema de defensa colectiva, Estados Unidos pugnaba porque se considerase al Congreso de Panamá como una conferencia diplomática sin poder para ligar en alianza a los Estados allí representados. Verveer se percató que, en materia de comercio, los diplomáticos norteamericanos estaban autorizados a concertar las más audaces convenciones (Porras, 1930).

En diciembre de 1826, Verveer siguió a los delegados latinoamericanos hasta Tacubaya. En abril de 1827, el coronel informó a su cancillería que el congreso no reanudaría sus sesiones así que partió de México muy escéptico en cuanto a las relaciones entre los nuevos Estados hispanoamericanos: primaban entre ellos los celos y los prejuicios (Garibaldi, 2003).

Su participación en el Congreso de Panamá le permitió a Verveer constituirse en el principal asesor de su monarca con respecto a un posible canal en Nicaragua. El coronel holandés moriría en 1838, víctima de fiebres selváticas, en Elmina (Ghana) cuando sofocaba una rebelión africana.

Si bien la prensa del noreste de Estados Unidos pugnó por un eslabonamiento comercial más intenso con las nuevas repúblicas hispanoamericanas, perdió la batalla ante las prioridades de expansión de Washington hacia el oeste y el comercio de América del Sur pasó así a manos de una potencia rival y hostil: Gran Bretaña (Reinhold, 1938; Garibaldi, 2003).

Embajador de Perú en Panamá