17 de Sep de 2021

Cultura

La nueva mirada y perspectiva hacia el arte de Carlos Olive

A través de la obra 'Venas Negras', el pintor panameño aborda una áspera polémica . Aristides Ureña Ramos, maestro de la plástica en Panamá, presenta una nueva entrega sobre el artista tras dos años de compartir con los lectores en las páginas de La Estrella de Panamá

La idea que Carlos quería desarrollar ya estaba plasmada dentro de su memoria, ahora tocaba dar los instrumentos para que esa genial intuición tomara vigor.Cortesía

La primera vez que vi al pintor panameño Carlos Olive, noté que era esquivo y a veces tímido, pero también un repentino cambio cuando en el diplomado sustentó su idea sobre la obra 'Venas Negras'; allí vi a otra persona. En su explicación, su talento brotaba con energía y la pasión por remarcar con fuerza su idea lo hacia diferente al resto de los alumnos. La idea que Carlos quería desarrollar ya estaba plasmada dentro de su memoria, ahora tocaba al equipo de profesores dar los instrumentos para que esa genial intuición tomara vigor, perseverar para que la personalidad artística y la aguda intuición conservara el timbre mágico de este maravilloso artista… para que su talento explote con toda la carga enjaulada dentro de si.

'Venas Negras' es una obra compleja que recoge un delicado tema, abordado por este joven artista de una manera particular y -a decir verdad- nos toma de la mano, para que curioseemos sobre la áspera polémica que nos tiene impactados con respecto a la dignidad de los niños.

La obra hace una yuxtaposición de dos elementos: un trapecio y al fondo, la Senniaf; la institución llamada en causa. El trapecio representa el juego infantil e inocente y tras él, la institución que debería protegerles.

Carlos en su apasionada presentación, nos hablaba como cualquier padre o madre panameña; diciéndonos lo siguiente: “Si la propietaria de una fonda tuviera que regalar toda su comida, para que pare la violencia hacia los niños, ella no dudaría en hacerlo”, y continuaba: “Así mismo yo doy mi talento para dar visibilidad a esta grave situación, con el propósito que eso se acabe ya… de una vez”. Y eso es lo que Carlos ha hecho de manera genial.

Entonces es la edición de este lunes de Café Estrella, la que nos brinda la oportunidad de conocer otra obra de un artista panameño, que ha decidido explorar nuevos territorios y desnudar toda su joven visión sobre lo que puede y logra hacer. Acompáñanos en esta breve tertulia.

Carlos, dame tu opinión sobre el diplomado que cursaste y en qué te ha servido. 

Sobre el diplomado, la primera palabra que llega a mi mente es de agradecimiento, al ser seleccionado entre un número de  artistas  con ganas de aprender. Hoy tengo una percepción del Arte Contemporáneo más concreta,  nos adentramos a un mundo diverso de  lenguajes y  posibilidades; por eso fue importante participar en este.

 ¿Qué  entiendes hoy como Arte  Contemporáneo? 

Es la ruptura  con lo  que  tradicionalmente  conocíamos dentro de las expresiones artísticas. En esencia, busca  nuevos caminos de expresión  e investigación y allí es donde se encuentra su importancia.

¿Abandonarás la pintura?  El área en la que se ha centrado tu educación.

No, solo me siento  capaz de expresarme con  más  libertad; mi coquetear  de hoy  con  las  artes contemporáneas  me apasiona al igual que pintar un  lienzo.  Siento que el estudio nos  dota de ese conocimiento  efectivo; un  artista debe  estar equipado para tener un discurso constante  y  crítico;  se trata más bien de abrirnos  a los nuevos  horizontes dentro la creatividad.

¿Dónde  estudiaste arte? 

Desde temprana edad me gustaron el dibujo  y la pintura, entrando a mi primera academia de arte que fue el Centro de Arte y Cultura  del Ministerio de  Educación  en 1993. Me gradué de sexto año en el  glorioso nido de águilas, el Instituto  Nacional de Panamá.   Ingresé la Facultad de  Bellas  Artes, específicamente a la Facultad de Artes Visuales, graduándome de  licenciado en Bellas Artes con Especialidad en Artes visuales y Énfasis en Dibujo y Pintura, de la  Universidad de Panamá.  Estoy a la espera  de la acreditación por parte la facultad de Ciencias de  la  Educación de la  Universidad de Panamá con el título de  Profesorado en Docencia Media Diversificada a Nivel de Pre-Media y Media.  También tomé el diplomado 'Las Aperturas de los Nuevos Procesos en la Enseñanza del Arte contemporáneo', para la Escuela Internacional de Verano de la Universidad de Panamá, en la cual estuvieron directamente involucrados la Fundación Arístides Ureña Ramos y la Embajada de Italia en Panamá.

¿Qué  te llevo a crear la obra 'Venas Negras'? 

Realicé la obra pensando en el abuso en el que se ha visto envuelta nuestra niñez en Panamá  en los últimos años. Abusos que se han dado en todas sus modalidades; lo más penoso y triste  es que las primeras fallas  se den  por  parte de quienes se supone deben ser los  custodios y defensores en los albergues. Causan repudio el hermetismo  y  la indiferencia del Estado para  con este tema sensible.

¿Puedes hacernos una  rápida  descripción? 

La obra es  una estructura metálica, la cual es fácil de identificar. Se trata de un  “columpio” que representa  nuestra  inocencia.  Ahora  bien,  el columpio en la parte del asiento tendrá clavos  de acero agrupados; la dificultad o incomodidad estará en que este asiento tendrá clavos  hacia arriba  de forma  que el espectador se pueda sentar, pero  la idea es que  sienta incomodidad  al sentarse, idealizando  lo  que un menor o joven puede sentir cuando es abusado. Con la obra pretendo plasmar el sentimiento, el recuerdo,  la inocencia, el dolor,  la indignación, el luto y el posteriormente debate que genera el solo hecho de mencionar la frase maltrato, en todas sus modalidades.

¿Eres padre?

Sí. De una niña y de un adolescente. Creo que la base una buena convivencia en familia es estar en constante comunicación.

Tu obra toca un tema muy delicado. ¿Crees que ha servido a algo? 

Sí. Creo fielmente que la idea de la obra ha calado y más allá de las conciencias  culpables, es un llamado de atención, es un recordatorio de lo que estamos haciendo mal como sociedad.

Carlos, con respecto a la educación artística en Panamá, ¿dónde estamos equivocándonos?

Cómo es posible -por poner un ejemplo  actual-  que en un país con tantos recursos y  en pleno siglo XXI todavía no  se contemple  la  existencia o construcción de  salones  para desarrollar las Bellas Artes; salones que deberían ser  exclusivos,  solo para tales fines  y equipados  por  lo  menos con lo  básico.  La realidad es que existe una total indiferencia de  parte de los que dirigen el sistema educativo  y no hay agendas de Estado por parte del Ejecutivo.

Viviste parte de tu vida en San Miguelito. ¿Existen talentos en esa barriada? 

Sí existen. La realidad es  que las  comunidades  necesitan  con urgencia  centros culturales donde  se  puedan  materializar el talento y las  destrezas  de estos aspirantes.  Considero que  la solución estaría en que  cada Municipio cuente con centros  integrales  para las artes.

Ahora haces parte de esa multitud de personas que viven en  Arraiján, ¿qué  deberíamos  hacer para llevar cultura a esos lugares?

Creo prudente hacer  verdaderas  agendas culturales,  que la comunidad  trabaje en todas  las  distintas  disciplinas para llevar programas de arte alternativos a los niños, jóvenes y adultos.

¿Cuál es el futuro de Carlos Olive? 

Deseo  expresar y  compartir con el mundo mis  conocimientos y talentos. Me considero  presto  e idóneo  para dar  luz a  las  múltiples  ideas que rondan mi impronta.

Reflexión a manera de cierre.

Los cambios estructurales dentro el sistema cultural se hace junto a los jóvenes e interesados en el cambio. Es como la sana política que va hecha con la gente para que perdure. El talento panameño es un patrimonio único e irrepetible, sostenido al dotarlo de instrumentos de alta calidad pedagógica y de excelencia educativa. Para cerrar esa brecha entre las instituciones y las nuevas necesidades de los jóvenes hay que bajar a ensuciarse junto a ellos y para el beneficio de ellos, de otra manera las distancias serán siempre más difíciles de cerrar. La realidad es que estas nuevas generaciones van conduciendo -pese a la indiferencia- los cambios necesarios para un nuevo devenir, y están ya aquí entre nosotros y al atento observador no se le habrá escapado si han pasado por nuestro Café Estrella.