28 de Nov de 2021

Cultura

Fundamentalismos

La mayoría de los fundamentalistas ni siquiera son tan religiosos como dicen ser, pues 'no es lo mismo hablar con el respaldo de Dios, que sin el mismo, porque Dios es una fuente de legitimación importante'

Fundamentalismos
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Los fundamentalismos son corrientes religiosas o ideológicas que interpretan sus textos sagrados o “fundacionales” en forma literal, o aplican una doctrina, libro o práctica establecida, en forma intransigente en vez de contextual. No permiten invocar ninguna otra autoridad y consideran que su ideología debe imponerse por sobre las leyes creadas por la sociedad en que viven e incluso sobre el Derecho Internacional al cual está sometido su país. Se puede decir, entonces, que el patriarcado es un fundamentalismo, porque es una ideología que impone la opresión, sumisión y subordinación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida y tiene raíces religiosas, ya que según la iglesia católica y muchas otras iglesias conservadoras, la mujer sólo está destinada a la procreación.

Sin embargo, ser fundamentalista y ser religioso son dos cosas diferentes. No todas las personas religiosas son fundamentalistas. Los fundamentalistas de la religión tienen opiniones políticas de extrema derecha y la convicción de que obedecen al mandato divino cuando imponen lo que consideran la única verdad. En realidad, lo que quieren es poder y control sobre la población y esto se da en todas las religiones. Se proponen capturar espacios públicos y dominar las políticas públicas, excluyendo a otras influencias. La mayoría ni siquiera son tan religiosos como dicen ser. Según Susana Chiarotti, “lo que pasa es que no es lo mismo hablar con el respaldo de Dios, que sin el mismo, porque Dios es una fuente de legitimación importante.” Se puede debatir con personas que no están de acuerdo con uno, pero no con gente que cree tener comunicación directa con Dios. Hay muchas personas que afirman que hablan directamente con Dios en la noche, para decidir cosas importantes de su vida de acuerdo a sus consejos.

Los que se ponen en contra de sus ideas, ellos los ponen en el lugar del pecado y del diablo. Utilizan las emociones para controlar a las masas. Un ejemplo perfecto de ello es la campaña por todo Latinoamérica “Con mis hijos no te metas”, que también se vio aquí en Panamá, contra la educación integral en sexualidad, en abierta oposición a todas las leyes vigentes que obligan a que se dé educación sexual en todas las escuelas. Cuando a alguien le tocan sus hijos, reacciona en contra de cualquier cosa, aunque no la conozca.

Han satanizado el sexo y el placer lo han degradado a instinto nocivo. Algunos religiosos, frustrados por el celibato, bloquean la enseñanza de una sexualidad integral y sobre todo más segura; los “pro-familia” se la pasan difundiendo toda clase de mentiras, acusando a las Naciones Unidas de tener un negociado con la venta de condones, asegurando que los métodos anticonceptivos son diabólicos, que los homosexuales son enfermos y la homosexualidad tiene cura y que las mujeres tienen que ocupar su lugar en el hogar y tener todos los hijos que Dios les mande.

Hay muchas personas activistas por los derechos de las mujeres que se oponen al fundamentalismo, como Católicas por el Derecho a Decidir, las iglesias de la Comunidad Metropolitana, el Foro de Mujeres Religiosas-Kolech, la Red Internacional de Budistas Comprometidas y las Hermanas en el Islam, por ejemplo. Quien se resiste a la ideología fundamentalista no es considerado un “creyente de verdad” y los fundamentalistas de la religión toman a personas de su misma religión que tienen diferentes opiniones políticas, como blanco para sus agresiones físicas y verbales. Las y los activistas de derechos humanos y las mujeres en general son los blancos más frecuentes de estas agresiones. Igualmente las personas y organizaciones LGBTI, personas laicas o ateas, intelectuales y libre-pensadores.

Otra estrategia es afirmar su superioridad moral por sobre una cultura foránea u otras comunidades religiosas, culpar a la “desintegración familiar” de los problemas sociales, y presentar los roles de género (estereotipos) como “naturales”.

La visión fundamentalista de lo que significa ser “pro-vida” es altamente selectiva, ya que para ellos no tiene importancia la vida de la mujer que se pone en peligro o se pierde por embarazos no seguros. “Women on Waves” estima que cada ocho minutos muere una mujer por aborto inseguro, debido a la pobreza, la falta de acceso a los servicios y al éxito que ha tenido el fundamentalismo en cuanto a penalizar el aborto. Los fundamentalistas también han atacado las clínicas de aborto y asesinado o intentado asesinar a su personal. Entonces, ¿de quién es la vida que merece ser protegida?

El feminismo, como movimiento social, ha expuesto los mitos del fundamentalismo y ha desafiado los estereotipos dominantes, generando así cambios positivos en las vidas de las mujeres y de la sociedad en general.