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14 de May de 2021

Mia Voces Activas

Lydia Richards: 'El sommelier no tiene el mismo reconocimiento que el chef, y es un error'

Una panameña que triunfa en New York en un mundo que le apasiona: el del vino. Conversamos sobre el oficio de 'sommelier' y sus proyectos en pro de la comunidad latina

Sommelier.
'El sommelier es un eterno explorador', dice Lydia Richards.Mike Golembo @instalembo Estilismo: Estefanía Zambrano @estefania_zsazsa

Lydia Richards (ciudad de Panamá, 1989) es de esas mujeres que sobresalen en medio de la multitud. Mujeres que con su carisma, academia y autenticidad conquistan espacios. Es una mujer de sensibilidades. Alguien que sabe, muy bien, oler, observar y probar. Quizás sea esa la fusión perfecta que la ha convertido en sommelier .

Su memoria de los sentidos y su atención predominante la han transformado en una voz del vino, una eterna “exploradora” para indicar y sugerir. El sommelier es el experto en el mundo de esa bebida sinónimo de felicidad, reencuentros, confesiones, compañías... Hoy queremos asomarnos a su territorio, de la mano de Richards, que desde Nueva York nos recibe para una tertulia.

¿Quién es Lydia Richards?

Creo que Lydia es una persona aventurera, ambiciosa, pero también le importa mucho la comunidad, le importa la familia. Siente que está haciendo todas estas cosas para aportar su granito a la sociedad. Creo que es una mezcla, claro porque una quiere ser exitosa, pero también se quiere llevar a toda su gente consigo.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos del vino?

Viví en Parque Lefevre toda mi vida. Tengo una hermana. Mis tías vivían con nosotros y somos una familia mayormente de mujeres. Mi papá no sé cómo manejaba la cantidad de mujeres que había en la casa, (risas). Mujeres trabajadoras que al final del día se sentaban alrededor de la mesa a comer cosas deliciosas, porque mi mamá, aparte de ser una increíble doctora, cocina muy bien. Mi papá también, los dos son profesionales muy preparados. Tener la sensación de que siempre había una botellita de vino era maravilloso. Al principio como que no entendía eso, pero era como que tú escuchabas las risas y todos estaban alrededor de la mesa tomándose un vinito y pasándola bien, disfrutándolo. Siempre sentía esa conexión. Siempre sentí como algo positivo. Siempre me dio bastante curiosidad.

Entiendo que el amor por el vino no viene solo de Panamá. La cultura europea influyó, específicamente París...

El amor por el vino empezó en Londres. Allí es donde fui a la universidad y bueno conocí a una amiga francesa que le gustaba mucho el vino, obviamente más enfocada en Francia. Así que después de que me gradué, pasé unos meses allá. Siempre me encantó Francia, París. Allí fue donde exploré un poquito más de lo que se refiere a la cultura del vino; los franceses tienen esa cultura inmersa en su comida, en su día a día y lo hacen de manera natural, para disfrutar y mejorar su experiencia culinaria y gastronómica. Pero cuando llegué a Nueva York, estaba trabajando en cosas de moda, pero al fin pensé que podía hacer una carrera en el vino porque aquí en Nueva York es donde la cultura esa del sommelier existe y la accesibilidad de tener tantos vinos alrededor del mundo también ayuda. La pasión la conseguí en Europa, de esta bebida que es tan fenomenal, pero en lo que se refiere a la claridad en términos de mi carrera profesional fue en Nueva York y tuve un montón de apoyo en el camino.

Moda y vino... ¿Una buena combinación?

Creo que sí hay algo en común, algún componente que se refiere al arte, porque tanto los diseñadores como los enólogos y la gente que produce vinos, están creando, como cuando crean estas colecciones.

Cuéntame del oficio de 'sommelier'.

Es un trabajo arduo. Es un oficio que constantemente estás estudiando, así que tienes que tener la esencia de ser explorador, tienes que estar pendiente de lo que está pasando, de los nuevos cambios, las nuevas añadas, los efectos climáticos y cómo está cambiando la industria y están abriendo nuevas regiones que antes no existían. La esencia del sommelier es saber adaptarse a las situaciones, adaptarse a las personalidades, tener mucha paciencia, algunas personas sienten que saben más que tú o como que no les gusta lo que sugeriste, entonces tienes que ser versátil y explorador.

Tienes que tener un alto nivel de educación para poder hacer el análisis de lo que el consumidor necesita. La educación pesa un 70% y el resto es experiencia.

La estampa del 'sommellier' vanidoso y altivo no ayuda mucho a la profesión...

(Risas) claro y eso lo sentí, y yo ni siquiera empecé hace mucho tiempo y hablando con mucha gente esto es algo que ha pasado por décadas, pero tienes toda la razón. Usualmente es un hombre de edad; para que la gente sienta que tú eres legítimo en tu profesión tienes que ser un hombre, principalmente un hombre blanco, y tienes que ser como de edad, y que pruebas solo vinos de más de $200. Pero creo que la industria del vino ha estado cambiando poco a poco, porque ha habido más gente interesada en el mundo, ya no es más como este club privado. Se ha diversificado. Empezando en la industria fue bien rápido darme cuenta de que yo era la única mujer, la única latina, la única emigrante en esos espacios; entonces fue como un shock cultural. Cuando estás en el mundo de la moda tú ves un poquito más de diversidad, pero aquí entrando, ser la única mujer, la única mujer de veintipico de años puede ser bien intimidante.

Latina, joven, mujer, afrodescendiente... Has sido brillante en tu sector, pero habrás visto que otras no han podido llegar...

Me impulsé en este mundo donde usualmente se mueven este tipo de sommeliers, este tipo de personalidades, y muchos me decían: '¿Tú eres la persona que está enseñando esta clase?'. Me pedían que buscara al supervisor o me decían 'búscame a alguien que no se vea como tú', o sea un montón de veces. Trabajando con clientes internacionales que tienen esas tendencias machistas. Fue difícil presentar mi cargo como yo manejando una cuenta o yo manejando algún tipo de asociación, era difícil, pero las percepciones están cambiando, y tienes que tener un poco de piel dura. Yo creo que si hay algo que de verdad te apasiona no lo dejes, trata de echar para adelante porque es importante que sí se vean como yo, que se vean como tú, no el tradicional sommelier, porque eso también inspira a otras personas que están interesadas a que no vayan a sentir que no van a poder entrar a esas culturas. Lo bueno de toda esta experiencia, aparte del apoyo familiar que siempre me acompañó, es que tuve buenos mentores. Hay que también tener las conexiones correctas.

Recientemente 'The New York Times' publicó un reportaje en el que 21 mujeres dan testimonio del acoso sexual que han sufrido por maestros 'sommeliers', durante el proceso de selección para entrar en la Corte de Maestros Sommeliers Americana fundada en 1997... ¿Conoces la historia?

Es sumamente complicado. Creo que esa fue una de las cosas que han impulsado tantas organizaciones como la que estoy creando. Conozco a varias colegas de esa historia. Son mujeres sumamente preparadas y me acuerdo de varias que habían dejado la industria, y yo no sabía por qué y me parecía raro que se mudaran.

¿Hablamos de tu organización 'Hispanics in Wine?

Fundamos la organización en septiembre de 2020, cuando estaba pasando todo lo de la pandemia, porque vimos cómo las personas latinas estaban sufriendo muchísimo los efectos del nuevo coronavirus en términos de profesiones. En la industria del vino y en la industria de los restaurantes y viñedos principalmente, los trabajadores son latinos. Hemos empezado a trabajar, en principio, como un espacio social, entrevistando a diferentes personas en la industria de diferentes áreas. Hemos venido creciendo poquito a poquito. Creamos una página web que es una fuente de información para todas las personas interesadas, hay becas, hay trabajos, las personas y compañías nos están contactando para poner esa información. Estamos bien enfocadas en el trabajo latino, porque no se habla esto. Gracias a esos trabajadores es que tenemos los vinos embotellados que podamos comprar y podemos tener en nuestras casas, también hay que darle apoyo a esa comunidad. Tratar de ayudarles con el desarrollo profesional. Las compañías en general no le hablan mucho al consumidor latino o no saben cómo llegarle. Yo creo que la industria del vino no ha hecho un buen trabajo de penetrar ese mercado. La comunidad latina sigue creciendo en EE.UU. de manera exponencial; por ejemplo, estaba leyendo el otro día que había un vino que tenía una leyenda en español y tenía errores ortográficos fatales, entonces cómo es posible que eso lo tengan impreso y listo para vender. Detalles como ese, creo que son importantes. Son varios enfoques que tenemos, ayudar al profesional y conectar a estas marcas para que le lleguen al consumidor hispano, porque hay posibilidades de ganancias enormes; la comunidad latina no va a dejar de crecer.

Si hubiera que fomentar el consumo de vino entre los jóvenes, ¿no se acusaría de incitar al alcoholismo?

(Más risas) Es como con todo, con moderación, y eso es algo que creo que también hay que enseñar. Como buena panameña, en las fiestas uno se pasa de tragos de vez en cuando, y lo entiendo, pero para mí, cuando veo el vino, cuando estoy disfrutando de un vino, no es para emborracharme, es para disfrutar, para catar o disfrutar con una comida, porque el vino y la comida se elevan el uno al otro, los sabores son más frescos, entonces debemos buscar cómo cultivar ese pensamiento en las personas. Que el vino es para disfrutar no para emborracharse y creo que es algo que va a tomar un poquito más de tiempo.

¿Has tenido la oportunidad de experimentar o de explorar los 'wine lovers' de Panamá?

Me ha encantado la verdad. Una posibilidad que me dio la pandemia es conectarme con estas personas virtualmente, donde la gente esta aprendiendo sobre lo que estoy haciendo. Y lo que significa el vino.

En tu opinión, ¿se pueden educar los sentidos? ¿Cómo se detectan tantos elementos en una bebida?

Se trata de entrenar tu paladar, entonces mientras más cosas vas catando, mientras más cosas vas oliendo, mientras más cosas vas viendo, más te educas. Me gusta hacer catas comparativas, ver diferentes vinos hasta del mismo lugar o de la misma uva que crece en diferentes lugares y ver qué es lo que le está aportando el terruño, el clima, el viñedo. Todo el mundo tiene su firma diferente sobre cómo crear el vino; creo que es importante experimentar el vino; es cuestión de viajar, es cuestión de explorar; puedes viajar con tus sentidos, entonces mientras más vas catando, mientras más vas disfrutando, más vas a saber las diferencias de lo que te gusta y de lo que no.

¿Qué importancia tiene la incorporación del 'sommellier' en la cadena gastronómica?

Vital. Algo que pasó con el nuevo coronavirus fue que a los primeros que tuvieron que echar de sus trabajos, fue a los sommeliers. Creo que eso es un error, porque si te pones a pensar en lo que se refiere a las ganancias de los restaurantes, las bebidas alcohólicas son las que más cargan, aún más que las comidas, entonces tener una persona que por oficio está entrenado para aprender a hacer que el consumidor cree una lista de vinos basada en la comida, una lista de vinos basada en precios, es una cuestión tan importante.

Entonces, ¿no goza el 'sommelier' el mismo reconocimiento que un chef?

Ellos tienen que trabajar juntos, porque el punto es elevar la experiencia gastronómica de parte del vino y de parte de la comida. Debe haber sinergia. Y definitivamente no.

¿Existe una visión femenina del vino?

Sí. Las mujeres tienden a tener más empatía, a comunicar mejor y entender de dónde viene el vino, quién lo creó, cómo se creó, cuál es la historia y cómo se puede traducir en términos de gastronomía.

¿Cómo rescatar un excelente vino que se nos ha hecho viejo y que ha perdido sus matices originales?

Si está abierto y lo dejaste afuera, perdón my friend, pero se dañó... (carcajadas) . Diría que si abres un vino tinto y no te lo tomaste todo, pónle el corcho de nuevo y colócalo en la refrigeradora; te durará como una semana. Los vinos blancos no duran tanto porque los taninos son los que permiten la preservación, eso es lo que preserva el vino; el vino blanco duraría 3-4 días, y el vino espumoso, 1 día.

Si el vino está cerrado y lo quieres guardar para una ocasión especial, y como en Panamá estamos en un clima caliente, no lo pongas en la 'refri'. Almacénalo de manera horizontal porque así no se seca el corcho.

¿Esa premisa de que el vino más caro es el mejor, es falsa?

100% falsa, los buenos vinos los puedes encontrar en el rango de $5 a $20.

Llegó la hora de las recomendaciones...

¡Wow! Espumoso: Raventos y Blanc de España. Tinto: Trapiche Malbec de Argentina. Rosado: Cavé, Rosé di Una Notte. Blanco: Au Contraire Chardonnay.