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21 de Apr de 2021

Planeta

Un Arca de Hielo para mantener las especies

PANAMÁ. Imaginar que la vida en nuestro planeta podría terminar en un abrir y cerrar de ojos da escalofríos; para algunas especies de an...

PANAMÁ. Imaginar que la vida en nuestro planeta podría terminar en un abrir y cerrar de ojos da escalofríos; para algunas especies de animales, ese día está a la vuelta de la esquina y por culpa del hombre.

Por ello, científicos y veterinarios de todas partes del mundo han volcado sus esfuerzos e interés en crear una solución, en caso de que el ‘peligro de extinción’ de ciertas especies deje de ser una amenaza y sea una realidad.

La investigadora Ann Clarke decidió crear el proyecto ‘Arca de Hielo’, un ‘último recurso’ por si el resto de los esfuerzos por conservar las especies fracasan, sin dejar la posibilidad de recuperar animales extintos o luchar porque esto no suceda.

‘Como con la oveja ‘Dolly’, aunque a los científicos no les guste hablar sobre esto, existe la posibilidad real de que un día podamos resucitar a las especies extintas o a las que están en peligro de extinción’, expresa Clarke.

El procedimiento cuando se obtienen las muestras de ADN es almacenarlas junto con las de otros animales para que luego se puedan ‘resucitar’.

‘Las generaciones futuras deberán decidir qué hacer con el material disponible’, explica la fundadora del programa, cuya oficina central se encuentra en la Universidad de Nottingham, Inglaterra.

‘Si no preservamos el material ahora, no tendremos opciones para el futuro’, alarma.

PEQUEÑO GRAN PELIGRO

Uno de los que ya tiene un lugar en el Arca de Hielo es el oso malayo (Helarctos malayanus), el cual es el oso más pequeño y peligroso del mundo.

El veterinario Nick Masters es el encargado del operativo de extraer el ADN del oso, para luego enviarlo al Arca de Hielo.

‘Estamos perdiendo especies a un ritmo muy veloz, por eso debemos preservar al menos el material genético, que ha demorado millones y millones de años en evolucionar’, manifiesta Master.

ALTERNATIVA ¿EXTREMA?

Todos los años, los gobernantes de las potencias mundiales se reúnen en Cumbres para discutir el peligro de la contaminación y el calentamiento global.

Pese a las conversaciones que nunca tienen un último capítulo, a las manos estrechadas frente a las cámaras, y las buenas intenciones que algunos después olvidan, los que sufren las consecuencias más inmediatas y peores son los animales, aquellos que no tienen ni voz ni voto.

Desde que un grupo de científicos escoceses decidió clonar a una oveja _‘Dolly’_ en 1997, los debates sobre su práctica no han cesado.

El alto costo de la tecnología para clonar, que acabaría con los fondos para los esfuerzos _comprobados_ de conservación, y el poco éxito que tiene en la actualidad, son algunos de los argumentos que se disparan como balas, pero la alternativa de usar la tecnología siempre está latente.

‘La clonación es algo extremo, pero, como el rinoceronte blanco del norte está al borde de la extinción, creo que debemos tomar en cuenta esta tecnología’, explica el profesor Robert Millar, del Instituto para la Reproducción de las Especies de Mamíferos Africanos Raros y Amenazados.

Para Millar, la tecnología puede ser la que salve al rinoceronte, especie que el año pasado perdió cerca de 200 ejemplares a manos de los cazadores, que venden sus cuernos en Asia y el Medio Oriente, donde se utilizan para la fabricación de medicamentos o como piezas ornamentales.

Cualquiera sea el cuestionamiento técnico, monetario, moral y ético sobre la clonación, se debe tener en cuenta que cada día que pasa puede ser tiempo perdido para salvar a aquellos animales que se encuentran en la delicada posición donde han sido puestos por los propios seres humanos.