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28 de Feb de 2021

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PANAMÁ. Los pobladores de la comunidad de San Francisco de la Tranquilla llegaron hace años a las riberas del lago Alhajuela, procedente...

PANAMÁ. Los pobladores de la comunidad de San Francisco de la Tranquilla llegaron hace años a las riberas del lago Alhajuela, procedentes de provincias centrales con su pobreza, esperanzas y cultura a cuestas. Ellos venían en búsqueda de un pedazo de tierra para ‘trabajarlo’, establecer su hogar y levantar una familia en nuevos territorios.

Cuando se establecieron en las escarpadas laderas montañosas, llenas de vegetación y profundos bosques, iniciaron lo que sabían hacer: desmontar, deforestar y tratar de poner los terrenos en capacidad para sembrar aquellos productos de la hortaliza que estaban acostumbrados a consumir para la subsistencia.

Pronto se dieron cuenta que la selva era más recia que sus proyectos. Estaban en la cuenca del Canal de Panamá y la naturaleza se resistía. Iban a tener que prolongar la pobreza que les caracterizaba y que constituía su única herencia.

COOPERACIÓN TÉCNICA

A comienzos de los años 90, los gobiernos de Japón y Panamá, acordaron el inicio de un programa de cooperación para promover estrategias productivas en el sector rural y la transferencia de tecnologías en atención a elevar las capacidades de producción, dentro de un esquema de desarrollo sostenible.

La Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) brindó la asesoría para coordinar las acciones y el programa de capacitación y, establecer los contactos con los expertos de esa nación oriental que vinieron al país en el contexto de este programa. La Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) se convirtió en la contraparte local para la ejecución de los proyectos.

Desde 1994 se establece en Río Hato el Centro para el Manejo de los Recursos Naturales (CEMARE) cuya finalidad fue transferir a productores del área tecnología para desarrollar una agricultura sostenible y con énfasis en la protección de los recursos naturales. Los técnicos panameños y japoneses lograron hacer de este centro, un modelo de trabajo, adopción de nuevas tecnologías, investigación y desarrollo de técnicas.

AL ESTE DE LA CUENCA

Luego, al finalizar esta etapa, un segundo proyecto se estableció en la comunidad de El Cacao, en el distrito de Capira y creó el Proyecto de Conservación de la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá (PROCCAPA). Allí, las comunidades lograron modificar sus prácticas agrícolas en una zona sensible, que requería la protección de las subcuencas y lechos de los ríos que alimentan el lago Gatún. Una gran experiencia en la puesta en común de las tecnologías, permitió replicar el proceso de repoblación forestal, uso de abonos orgánicos, establecimiento de parcelas demostrativas, manejo de semillas y se dejó atrás prácticas como la roza, quema y deforestación.

Desde el año 2005 se acordó una etapa nueva al este del Canal y alrededor del lago Alhajuela. El objetivo fue mejorar el nivel de vida y la calidad del ambiente de las comunidades en situación de pobreza dentro de esa área. El proyecto involucró a unas 160 familias y un total de 500 personas en las provincias de Panamá y Colón. El compromiso fue que los pobladores de las comunidades involucradas pudieran utilizar técnicas amigables con el ambiente, aumentar sus capacidades de producción y en este contexto, iniciar un proceso de cambio hacia la producción sostenible.

Durante cinco años se desarrolló un intenso programa de trabajo, movilización de equipos tanto de hombres como de mujeres, pues se consideró importante involucrar al sector femenino y lograr con ellas, otras actividades también productivas en las diferentes comunidades.

EVALUACIÓN DE LA EXPERIENCIA

Al acercarse el proyecto a su fin, una misión japonesa llegó al país para integrar un equipo binacional y analizar la experiencia donde unos catorce poblados intervinieron, además de grupos adicionales. En las comunidades más apartadas, con relación a la carretera Panamá-Colón, se lograron importantes resultados.

Uno de ellos fue que las 160 familias que intervinieron, hayan podido comprender el ciclo de producción, desde una perspectiva de armonización con las condiciones ambientales; es decir, al reducir los impactos negativos para la naturaleza.

En el desarrollo del proyecto se elaboró una guía de extensión, de uso para los grupos de agricultores. En esta experiencia se introdujeron unas cuarenta técnicas amigables con el ambiente y se estimuló la siembra de productos que tienen un alto nivel de demanda en el mercado. Además se capacitó a los grupos de trabajo en dinámicas de mercadeo de estos productos de hortaliza para alcanzar una red de distribución local y de recuperación económica para reinvertir en las materias primas, equipamiento y semillas.

Los campesinos de las poblaciones alrededor del lago Alhajuela han tenido la oportunidad de aplicar las técnicas en el pequeño espacio donde se desarrolla la actividad productiva.

En La Tranquilla, se ahuma pescado de las especies Sargento y Tilapia en una máquina ideada por los pescadores y que solo tiene madera y láminas de plástico que guardan el calor y procesan las piezas.

RESULTADOS

Mientras, en Boquerón Arriba se cultiva hoja de mostaza, entre otros productos para satisfacer un mercado específico de asiáticos que administran abarroterías en el área y que requieren vegetales de esa naturaleza.

Quizás, uno de los aportes o resultados más significativos del proyecto es que los grupos de trabajo han consolidado un estatus como entidades de producción avaladas por un perfil legal, ya sea como cooperativas, micro empresas y cuentan con sus respectivos documentos reconocidos por las instituciones gubernamentales.