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23 de Oct de 2020

Planeta

Isla de Taboga, paraíso natural amenazado por la basura

Los residentes aseguran que cada vez que sube la marea o llueve fuerte los desechos sólidos

Taboga es conocida como la pintoresca isla de las flores y se caracteriza por su hermosa playa, su gente amable y su pueblo acogedor, aspectos que la convierten en un atractivo para los visitantes locales y foráneos que buscan alejarse del bullicio y los problemas de la ciudad.

Localizada a unos 20 kilómetros de la ciudad de Panamá, la isla de Taboga además de contar con factores que la favorecen, al igual que en la capital panameña, también enfrenta problemas por la contaminación de basura.

PLAYA, BRISA, SOL Y BASURA

Zarpamos del Club de Yates y Pesca, en la Avenida Balboa, en unos de sus yates privados, a eso de las 8:15 a.m. de este domingo, 26 de octubre. Abordo de la nave dirigida por Mario Julio Alcedo, iban unos 10 ocupantes entre adultos y niños. Los pequeños, aún parecían recién levantados de la cama, pero dispuestos a vivir la aventura del día.

En otras nueve naves más viajaron otros 100 voluntarios más, todos socios del club que participarían de la jornada de limpieza de playa en isla Taboga, informó Alcedo, previo a la salida.

Cada nave iba abastecida con alimentos, agua y sodas, pero además con equipo de limpieza y de buceo: arpones, guantes y bolsas de malla de colores.

—¿Ellos van a pescar o a recoger basura?— reflexioné mentalmente al ver todo ese armamento propio de un torneo de pesca y no de la actividad anunciada.

—¡Ahora que llegamos a la isla vamos a pescar!—, dijo Alcedo a los niños.

Aunque el viaje era para sanear la playa, era descabellado creer que una isla de gran concentración turística como Taboga, estuviese amenazada por la basura.

Poco a poco el yate se fue alejando del muelle; y a pesar de la brisa y algunas nubes que opacaban la mañana, el sol insistía en dejar caer sus rayos y hacía más visible la cantidad de botellas de vidrio y de plásticos que flotan en el océano. Una, dos, tres, cuatro, ... por curiosidad empecé a contar el material flotando, pero el número aumentó tanto que perdí la cuenta.

¡Verdaderamente, el océano parece una sopa de basura!, le comenté en voz baja a mi compañera que, ataviada con lentes oscuros, dejaba que la brisa mañanera susurrara su rostro.

—Desde hace décadas, la mala gestión de la basura (en los océanos) y residuos tierra adentro está formando acumulaciones de plástico en varios puntos del océano abierto—, alerta un informe de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos que publicó en 2011.

El estudio destaca que las mayores concentraciones de plástico se encuentran en los llamados giros oceánicos, que son áreas aisladas de la circulación del agua en las que tiende a acumularse la basura; y la del Pacífico norte es una de las mayores. Se estima que en esta área del océano flotan entre 7 mil y 35 mil toneladas plástico y que esas toneladas representan tan sólo el 1% de todo el plástico que existe en los océanos.

LA JORNADA DE LIMPIEZA

Habían pasado unos 20 minutos y ya estábamos frente a la isla. A pocos metros se veía cómo los bañistas se iban acomodando bajo la sombra de los paraguas. —Ni rastros de basura, ni de los voluntarios— murmuré. Y, nuevamente, las preguntas: —¿donde está la basura, las bolsas para recogerla y los voluntarios?—.

Alcedo detiene el motor de la lancha y enseguida los niños y él comienzan a ponerse su equipo de buceo, y con arpón y bolsas de malla en mano se sumergen al mar, mientras esperaban la llegada de sus compañeros voluntarios.

Uno de ellos se había demorado, pues el motor de la nave se había enredado con una soga que flotaba en el mar. —Este es uno de los problemas que siempre tienen las embarcaciones—, señala Arias, uno de los colaboradores y socios.

—Ahora sí vamos a pescar—, comenta Alcedo, quien en menos de cinco minutos de buceo logró recolectar toda clase de material sólido del fondo de la playa, el trofeo del torneo; y con ello logró aclarar nuestras dudas.

Un bote nos transportó hasta la orilla, y a medida que nos acercamos se va haciendo más visible el papel, foam, plástico y sogas colgando sobre las ramas de los árboles de manglares, así como también envases de vidrio, plástico y hasta polifóm de los asientos de autos enredados entre las piedras. Arrecia, el aguacero, pero eso no es motivo para detener la labor. Los desechos fueron sacados de entre los mangles y las piedras de las islas Taboga y Tabogilla.

—Ahora no se ve mucho, pero hace unos quince días, la orilla de la playa estaba repleta de basura. Esto sucede cada vez que llueve fuertemente en la ciudad y sube la marea, puesto que es arrastrada por la fuertes olas hasta acá—, explica Gilberto Girón, socio y colaborador.

—La basura que tiran desde las costas Chame hasta la Avenida Balboa, es la que viene a parar a Taboga. Es increíble ver lo que llega esta isla: troncos, plásticos, latas, vidrio, pvc y hasta equipos eléctricos como televisores y computadoras—, comenta Tito Botello, mientras atendía su negocio de alquiler de baño en la isla y aplaude la labor que hacen estos voluntarios para conservar el sitio turístico.

—Con esta actividad nosotros queremos crear conciencia social en las personas, para que no sigan tirando sus desechos al mar—, señala Juan Carlos de Diego, presidente de la directiva del club, asegurando que esta actividad la han hecho por más de 25 años junto a la Alcaldía de Taboga y la Escuela Benjamín Quintero.

La jornada de aseo en la costa se extendió hasta eso de la 1:00 p.m.. Ganó el plástico, como el material más recolectado, seguido de la lata, el vidrio y demás.

Nuestra partida no fue sino hasta las 3:00 p.m. en una embarcación comercial. De regreso, el mismo panorama: basura flotando en el mar; y por ironía de la vida, en la mitad del viaje hacia la ciudad, un fuerte aguacero nos sorprende. Posiblemente la isla se volvió a llenar de basura, como lo advirtió el lugareño Botello, medité. Al llegar al muelle del Causeway de Amador, el pertinaz aguacero volvió a bañarnos por segunda vez, pero no impidió nuestro cometido. ¡Misión cumplida!