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16 de Oct de 2019

Planeta

Una pareja de rinocerontes blancos, nuevos inquilinos del zoológico de Guatemala

Los dos rinocerontes, Arturo -el macho de cuatro años- y la hembra de tres años que recibirá el nombre que gane en un concurso que el zoo lanzará en las redes sociales, comparten jaula con unos antílopes, con los que interactúan muy bien

Una pareja de rinocerontes sudafricanos blancos son recibidos este lunes en el zoológico La Aurora de Guatemala, con el objetivo de que durante los próximos años puedan reproducirse para preservar la especie.

Una pareja de rinocerontes sudafricanos blancos recibió este lunes la bienvenida en el zoológico La Aurora de Guatemala con el objetivo de que durante los próximos años puedan reproducirse para preservar la especie.

Así lo explicó Alejandro Cardona, quien asesoró a la entidad en el traslado de esta pareja "saludable" y joven de animales que viene desde Sudáfrica en una "travesía larga" que demuestra que son "resistentes" y que se adaptan con facilidad a distintos climas.

Los dos rinocerontes, Arturo -el macho de cuatro años- y la hembra de tres años que recibirá el nombre que gane en un concurso que el zoo lanzará en las redes sociales, comparten jaula con unos antílopes, con los que interactúan muy bien.

Esta pareja de rinocerontes, que comen unas 100 libras de vegetación al día -cantidad que puede duplicarse o triplicarse con el paso de los años-, alcanzan una velocidad de unos 50 kilómetros por hora.

El rinoceronte blanco, el segundo animal terrestre más grande del mundo que puede pesar hasta 8.000 libras, están próximos al peligro de extinción ya que, a pesar de la prohibición, los cazadores furtivos alimentan el tráfico internacional de su cuerno.

Sudáfrica alberga la mayor colonia de rinocerontes del mundo y sus reservas se usan para repoblar otros paisajes africanos donde estos mamíferos prácticamente han desaparecido.

En total, la nación africana posee unos 20.000 ejemplares si se combinan las cifras de los blancos y negros (ambos en peligro).

Pese a los esfuerzos para protegerlos, solo en ese país murieron en 2017 más de un millar a manos de los cazadores que, normalmente contratados por mafias, buscan hacerse con su preciado cuerno.

Las alarmas por la escalada de la caza furtiva en Sudáfrica empezaron a sonar en 2008 -en 2007 solo habían muerto 13- y, para las reservas naturales de todo el país, eso ha supuesto incrementos de hasta el 50 % en costes de seguridad que no todas pueden afrontar.