Temas Especiales

10 de May de 2021

Salud

¡Mi niño no come bien!

Muchos padres se muestran preocupados por la cantidad de chucherías que comen sus hijos

¡Mi niño no come bien!
¡Mi niño no come bien!

Los llantos, pataletas, los recurrentes ‘esto no lo quiero’ o ‘esto no me gusta’ pueden llegar a desesperar a algunos padres, angustiados por la idea de que sus hijos no comen suficiente. No obstante, los especialistas señalan que, por lo general, el apetito de un niño suele bastar para cubrir sus necesidades nutricionales.

‘En lo relativo a la cantidad, lo recomendable varía mucho de unos niños a otros. Uno puede comer menos que otro y, sin embargo, tener sus necesidades cubiertas con esa cantidad. De hecho, más que las cantidades, lo importante es la calidad de lo que comen’, explica Carmen Ribes, jefa del Servicio de Gastroenterología Pediátrica del Hospital La Fe de Valencia (este de España) y presidenta de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica.

La especialista señala que no existe un solo alimento que cubra todas las necesidades nutricionales de un niño, por lo que su alimentación debe ser variada.

‘Hay que vigilar que la dieta esté proporcionada, que haya proteínas como carne, pescado o huevos y que tenga también una suficiente cantidad de fibra en forma, sobre todo, de frutas y verduras. Además, es recomendable que consuman otro tipo de productos que también aportan fibras, como las legumbres’, afirma.

‘Los lácteos son también muy importantes en los tres primeros años de vida y en el periodo de crecimiento de la adolescencia’, apunta la galena.

Por el contrario, la pediatra señala que debe evitarse un exceso de grasas de origen animal y considera que éstas deben obtenerse fundamentalmente a partir de aceites. ‘El aceite de oliva es uno de los más completos y uno de los más sanos a nivel nutricional’, asegura.

No obstante, Ribes señala que ‘sí es recomendable el consumo, tres o cuatro veces por semana, de pescado, preferentemente azul’.

CRECIENDO ADECUADAMENTE

‘Durante la infancia, las características que debe tener la dieta están condicionadas por el ritmo de crecimiento, la tolerancia a los diferentes alimentos, la capacidad digestiva, el grado de autonomía y las habilidades del niño o niña’, expone la ‘Guía para la alimentación equilibrada en niños y niñas menores de tres años’, editada por la Junta de Andalucía (sur de España).

Este manual subraya que una dieta adecuada permite mantener el estado de salud, prevenir en la mayoría de la población estados de deficiencia, y que también juega un importante papel en la prevención de algunas enfermedades crónicas.

La doctora Ribes indica que no hay que valorar solamente la cantidad de lo que come el niño, ‘sino si con esa ingesta va creciendo y engordando adecuadamente’.

‘Si un niño está sano, en principio, va a comer lo que necesite. Otra cosa es que detectemos que el niño no está engordando suficientemente o que antes comía unas ciertas cantidades y ha disminuido la ingesta. Entonces hay que preocuparse de averiguar por qué está sucediendo eso’, precisa.

En este sentido, la gastroenteróloga pediátrica explica que existen muchas enfermedades en la infancia cuya primera señal es que el niño deja de tener hambre.

‘En general, todos los trastornos que cursan con inflamación intestinal van a producir pérdida de apetito. La patología más paradigmática de esta situación es la enfermedad celíaca, aunque también otras intolerancias alimentarias pueden producir inapetencia’, subraya.

Asimismo, Ribes señala que, ante cualquier infección, ‘al principio se puede notar que el niño come menos y luego aparecerán otros síntomas’.

En algunas ocasiones los niños se niegan a comer lo que se les ha preparado. ‘Si no es un rechazo por enfermedad, sino por un problema de conducta (llamar la atención), hay que tratarlo como tal. Lo más importante es no cometer errores, es decir, no intentar hacer cualquier cosa para que el niño coma’, aclara.

HORARIOS BIEN FIJADOS

Así, la pediatra relata casos de niños que solamente comían si en un plato al lado del suyo su madre ponía una gamba, o de pequeños que realizaban bien su ingesta en casa de la vecina, pero no en la suya propia.

‘Se llega hasta esas situaciones por una serie de errores en el manejo de un problema de conducta del niño’, asegura.

En este tipo de casos, además de aplicar el sentido común, la especialista indica que, si la situación se empieza a desbordar, ‘lo mejor es acudir a un psicólogo infantil para que marque unas pautas’.

De este modo, Ribes matiza, de forma tajante, que el niño ‘debe tener sus horarios de comidas bien fijados y un lugar específico para comer’.

‘Generalmente los niños se alimentan mejor en los colegios y en las guarderías porque tienen unas pautas muy concretas. El niño tiene una zona de juegos, abandona esos lugares, se sienta a una mesa con los demás compañeros, se le sirve, come y, cuando ha terminado, se va a jugar’, señala.

‘En el comedor escolar los niños no están jugando mientras comen ni tienen puesta la televisión. Todo eso son errores a no cometer’, manifiesta la especialista.

‘Muchas veces se tiene la idea de que el niño tiene que alimentarse a cualquier precio, pero lo que hay que preguntarse es el porqué de esa actitud. ¿Es un problema de conducta o una enfermedad?’, apunta.

‘Si un niño no está enfermo y no se alimenta, generalmente, no le va a pasar nada por no comer. Lo primero que tienen que saber los padres es que el niño no se va a morir de hambre, pues un niño que tiene a su alcance alimentos, en un momento determinado, los va a consumir’, afirma.

Los pequeños saben que a los padres les preocupa que no se alimenten bien y, por eso, algunos lo utilizan como chantaje emocional. En estos casos, la doctora Ribes recomienda ‘intentar desdramatizar la hora de la comida’ y poner unas pautas muy claras.

Un ejemplo es que la comida no debe extenderse más allá de un tiempo prudencial. ‘Por lo general, los psicólogos recomiendan unos 40 minutos como máximo’, expresa.

En lo relativo a la alimentación de los más pequeños, ‘es importante no forzar la ingesta y menos de forma sistemática, aunque durante unos días el niño coma un poco menos. Ello evitará una espiral de errores que desembocará en un trastorno de conducta difícil de corregir’, concluye la especialista.