25 de Feb de 2020

Salud

Anfibios tienen en su piel la cura del mal de Chagas

El Indicasat desarrolla un proyecto científico para aislar e identificar las secreciones de los anfibios con el fin de determinar su potencial medicinal para combatir enfermedades que afectan a los humanos

Una secreción que se extrae de la piel de un sapo común y corriente, del género Rhinella, podría curar el mal de Chagas, una enfermedad zoonótica que transmite al humano un chinche que se alimenta de la sangre y que puede causar la muerte de la persona infectada.

Un proyecto de investigación científica del Instituto de Investigaciones Científicas de Alta Tecnología (Indicasat) reveló que los anfibios (sapos y ranas) tienen compuestos que pueden curar enfermedades en los humanos.

Candelario Rodríguez, químico y director de este análisis, recordó que en las tribus indígenas los anfibios son usados para propósitos medicinales, como analgésicos. Los originarios los usaban para curar el dolor. Con tan solo rozar un anfibio por donde se experimenta la molestia, el individuo siente alivio.

En Panamá, en el interior del país el sapo común es usado para curar la erisipela, una infección cutánea de origen bacteriano que afecta, principalmente, las piernas y el rostro.

Los campesinos acostumbran a pasar el sapo por el área hinchada y enrojecida por la patología. Los testimonios de curación son muchos y trascienden de generación en generación.

En el país prácticamente no se han hecho estudios biomédicos de los anfibios. Las investigaciones se han dirigido a conocer su ecología. En el extranjero, sin embargo, se ha recopilado más información sobre los anfibios. Por ejemplo, ‘se ha logrado aislar un compuesto de un sapo común que induce al sueño', explicó Rodríguez.

‘Las farmacéuticas no ven en esto un área de inversión real porque, lamentablemente, el mal de Chagas se da en áreas pobres, donde está el chinche',

CANDELARIO RODRÍGUEZ

QUÍMICO

El químico estaba convencido de que en los anfibios existía mucho potencial medicinal. Por ello decidió trabajar en el aislamiento e identificación de las secreciones de los anfibios en su piel. El objetivo era establecer si podían contrarrestar el cáncer, la malaria y el mal de Chagas.

Durante seis meses, el investigador y su equipo trabajaron en la confección de un aparato pequeño que funcionó con baterías. El dispositivo permitía manipular a los anfibios sin poner en riesgo su existencia.

Rodríguez no escatimó esfuerzos ni tiempo en la confección del artefacto. ‘La supervivencia de los anfibios está comprometida como consecuencia de un hongo mortal que transmite una enfermedad infecciosa denominada quitridiomicosis, que amenaza con exterminarlos', explicó el investigador que durante seis años ha desarrollado este proyecto como trabajo de tesis doctoral.

EXPERIMENTO

Tras la elaboración de su instrumento, se introdujo en áreas protegidas del Parque Nacional Soberanía, en Panamá; Costa Abajo, en Colón; y Yaviza, en Darién; para capturar Rhinellas y ranas venenosas de la familia del batracio.

El proceso de recolección de su muestra fue bastante exigente. El científico transitó espesas selvas tropicales, tuvo que esperar días y noches, hasta que aparecieran los animales en estudio. ‘Esa fue una de las dificultades de trabajar con los anfibios', comentó.

Hubo que comenzar de cero, no existían reportes anteriores que dieran cuenta de compuestos de anfibios que contrarrestaran bacterias, virus u hongos.

El químico extrajo el veneno de unas glándulas que tienen en su piel los anfibios, usando leves descargas voltaicas que le provocaban estrés y molestia al animal y por ello rezuman secreciones como mecanismo de defensa.

Las muestras se recogieron en viales de vidrio para posteriormente hacer dos pruebas: una para determinar las propiedades medicinales y la otra para establecer la composición química de la especie.

El investigador estudió el veneno que tenían en su piel cada una de las especies de ranas y sapos capturadas. ‘En farmacia es importante conocer la estructura química de un compuesto para saber si puedes fabricarlo en el laboratorio', apuntó el investigador.

EL MAL DE CHAGAS

Rodríguez descubrió esteroides, alcaloides y proteínas en las secreciones de las siete especies estudiadas.

Un sapo común tenía una molécula con potencial para combatir el cáncer de mamas y el mal de Chagas, que transmite la picadura del chinche. La picadura deja un orificio en la piel donde deposita sus heces y donde deja un parásito que ocasiona el mal. El primer caso de esta enfermedad se produjo en 1930, pero entre 1976 y 1996 hubo muchos más padecimientos.

Las personas presentan síntomas como fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares, crecimiento de ganglios e hinchazón, dificultad para respirar, dolor abdominal y torácico, en la fase aguda. En la etapa crónica, pueden registrar trastornos cardíacos y alteraciones digestivas. Con el paso de los años, la infección puede causar muerte súbita o insuficiencia cardíaca por la destrucción progresiva del músculo cardíaco.

Cuando las personas llegan a la etapa crónica, el parásito se vuelve resistente, los medicamentos no funcionan porque son muy tóxicos. Por eso, se hace necesaria la búsqueda de nuevos medicamentos.

Sin embargo, las farmacéuticas no perciben en esta un área de inversión considerando que el chagas se produce en zonas empobrecidas. El chinche habita en zonas silvestres.

En Panamá, la enfermedad está presente en La Chorrera, Chame, Chimán, Chilibre y Capira. En América Latina, está presente en 21 regiones, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La OMS estima que hay entre 6 y 7 millones de personas infectadas con el parásito.