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- 10/09/2026 00:00
Después de años de gestiones, firmas y solicitudes, 58 hogares de Los Pozos, en el corregimiento de Caballero, distrito de Antón (Coclé), cuentan con el servicio de energía eléctrica.
El proyecto de la Oficina de Electrificación Rural (OER), financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo, no solo lleva luz a las viviendas, sino que abre la puerta a nuevas oportunidades para estudiar, conservar alimentos, utilizar electrodomésticos y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.
Durante años, cuando caía la tarde, Los Pozos quedaba a oscuras. A partir de las 6:30 o 7:00 p. m., sus habitantes tenían que recurrir a pequeñas fuentes de energía solar o simplemente sentarse en los portales de sus casas mientras todavía quedaba algo de luz natural. Después, llegaba la hora de dormir.
Esta realidad comenzó a cambiar el pasado 27 de agosto, cuando la comunidad fue interconectada a la red eléctrica nacional como parte de un proyecto desarrollado por la OER. Para los residentes, aquel momento tuvo un significado que va mucho más allá de la instalación de postes, transformadores y cables. Es el resultado de años de insistencia de una comunidad que, según sus propios habitantes, tuvo que tocar numerosas puertas antes de conseguir que su necesidad fuera atendida.
El proyecto corresponde a las obras realizadas en el contexto del Programa de Acceso Universal a la Energía. La obra, en particular, contempló la extensión de aproximadamente 2,5 kilómetros de red eléctrica, además de la instalación de postes, alumbrado público, transformadores, redes de media y baja tensión y sistemas de protección y seguridad. También se realizaron las instalaciones eléctricas básicas dentro de las viviendas beneficiarias.
Cada hogar contempla la instalación de cuatro luminarias, dos tomacorrientes, interruptores y los elementos necesarios para la conexión del servicio, incluido el espacio destinado al medidor. En total, el proyecto contempla 58 instalaciones residenciales, con una población beneficiaria estimada por la OER en alrededor de 290 personas.
La conexión a la red nacional se realizó a través de la empresa concesionaria Naturgy, que debe completar ahora el proceso comercial para la formalización de los contratos y la instalación de los medidores.
Para Félix Castillo, coordinador provincial de la OER en Coclé, la importancia de este tipo de proyectos radica en que la electricidad dejó de ser un lujo para convertirse en una necesidad fundamental.
En Los Pozos, explica, la obra representa la posibilidad de que los niños y jóvenes puedan estudiar en mejores condiciones y tengan acceso a herramientas tecnológicas que antes estaban limitadas por la ausencia de electricidad. Pero el impacto también se sentirá en actividades cotidianas que para otras comunidades resultan normales.
Una refrigeradora permitirá conservar alimentos y medicamentos que, en algunos casos, son insumos necesarios para la vida, como la insulina en el caso de los diabéticos. Una lavadora reducirá el esfuerzo destinado a las labores domésticas. Un ventilador podrá aliviar las condiciones de personas mayores o encamadas durante las jornadas calurosas. Para los residentes, son cambios sencillos que pueden transformar la vida diaria.
La llegada de la electricidad no fue inmediata. “Es un sueño hecho realidad”, señaló Migdalia Rodríguez, quien cuenta que durante aproximadamente tres años los habitantes realizaron gestiones, recopilaron firmas y actualizaron documentos para demostrar que la comunidad necesitaba el proyecto.
La dirigente comunitaria recuerda que en ocasiones les decían que la distancia dificultaba llevar la red hasta Los Pozos o que la población era demasiado pequeña para justificar la inversión. La comunidad, sin embargo, continuó insistiendo.
Rodríguez y otros vecinos —entre ellos Griselda, Magali y José— participaron en las gestiones y mantuvieron el contacto con las instituciones. Incluso relata que tuvo que organizar sus jornadas laborales para poder dedicar tiempo a levantar información y realizar las encuestas necesarias.
En febrero de 2024, según su relato, recibieron la noticia de que el proyecto había sido adjudicado y contaba con una orden de proceder. A partir de ahí, la espera comenzó a transformarse en una obra concreta. “Ahora podemos hacer muchas cosas”, manifestó.
Javier Castro, residente de Los Pozos, describe la llegada de la electricidad como un cambio radical.
Antes, las familias tenían que organizar su vida alrededor de la luz del día. Con la llegada de la noche, desaparecían muchas posibilidades de adelantar otros oficios indispensables para el mantenimiento de la vida diaria. Ahora, la comunidad comienza a imaginar otra rutina.
Castro también destaca la importancia de la electricidad para quienes estudian en horario nocturno.
La falta de iluminación adecuada era una dificultad especialmente importante para los estudiantes que debían continuar sus estudios después de la jornada laboral o escolar.
“Es una satisfacción muy grande porque vamos a tener luz en una comunidad que había sido olvidada por muchos gobiernos. Gracias a Dios y a la Virgen del Carmen, esto ha sido una realidad. Ojalá que sirva de ejemplo para que los futuros proyectos no se engaveten, sino que se continúen en el tiempo, independientemente del gobierno o de la persona que los haya gestionado. Que se les dé continuidad para que puedan rendir frutos, como ahora mismo está rindiendo este proyecto”, agregó.
Para la OER, el proyecto de Los Pozos forma parte de una tarea más amplia destinada a llevar energía a comunidades que permanecen fuera de las redes convencionales de distribución de electricidad.
Castillo explica que la institución también desarrolla proyectos con sistemas fotovoltaicos para escuelas y acueductos rurales, además de iniciativas que buscan garantizar el mantenimiento de esas instalaciones.
Uno de los retos que identifica es precisamente la sostenibilidad de los sistemas de energía renovable. Aunque los equipos fotovoltaicos pueden tener una vida útil estimada de alrededor de 25 años, la falta de mantenimiento puede reducir considerablemente su funcionamiento efectivo.
Por eso, la OER busca establecer modelos que permitan no solo instalar los sistemas, sino garantizar su mantenimiento y continuidad.
En Los Pozos, sin embargo, el desafío inmediato es otro: completar la última etapa administrativa para que los beneficiarios puedan convertirse formalmente en clientes del servicio eléctrico.
Para una comunidad que durante años tuvo que acostumbrarse a la oscuridad, la llegada de la red eléctrica tiene también un componente simbólico. Rodríguez recuerda que algunos adultos mayores murieron esperando ver iluminada su comunidad.
Por eso, cuando finalmente se encendieron los postes, la sensación entre los vecinos fue de celebración. Ella lo compara con la emoción de ‘niños con juguete nuevo en diciembre’.
La frase resume la dimensión humana de una obra que, desde una perspectiva técnica, puede describirse mediante kilómetros de cableado, transformadores, postes y conexiones. Pero para los habitantes de Los Pozos, la electricidad significa la vía para poder vivir de una forma algo más digna.
También significa que una comunidad que durante años sintió que estaba olvidada consiguió finalmente que su reclamo fuera escuchado. Después de años de espera, la comunidad ya tiene algo que antes parecía distante: la posibilidad de imaginar su futuro con las luces encendidas.