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20 de May de 2022

Deportes

Quiero ser campeona: EVY

Tiene apenas 16 años y prefiere ponerse los guantes de pelea. Piel canela, acné en las mejillas, cola de caballo no muy larga que le es...

Tiene apenas 16 años y prefiere ponerse los guantes de pelea. Piel canela, acné en las mejillas, cola de caballo no muy larga que le estira la frente y un rostro que de vez en cuando sonríe con duda al hablar le dan un toque angelical. Su estatura es de un poco más de un metro, con peso de escasas 100 libras, aunque ella asegura que son 115.

Evy Magallón confiesa que ama el boxeo, a diferencia de muchas chicas de su edad que actualizan cuadernos de Hello Kitty llenos de poseías y canciones de amor. Más allá de los manotazos de los hombres que parecen no intimidarla, no tiene idea de la situación actual del boxeo nacional. ‘Quiero ser campeona mundial’, nos dijo ya arreglada para salir del gimnasio acompañada de su madre, la señora Aida Crichllow. Minutos antes, la había visto saltando soga y ejercitando los brazos para tener buenos reflejos. Y en un descuido la volví a ubicar entre los hombres, dando fuertes golpes a un saco colgante de unas 40 libras, proporcionalmente casi de su tamaño.

La fuerte lluvia que siempre deja un lago en la calle próxima a la entrada del viejo hangar la retuvo junto a su madre en la puerta, al igual que a otros boxeadores, mirones y manzanillos. De no ser por la altura de la escalera y la enorme pared que forma un muro, el agua se habría colado adentro.

Evy es la menor de cuatro hermanos. Desde que entró a la secundaria le decía a su madre que quería ser boxeadora. La señora Aida comenta que la chica solía fajarse con otras y que quizás por eso su camino está en el boxeo. Por eso, hace un año empezó a entrenar, y aunque estuvo de para cuatro meses retomó los guantes un mes atrás. Y por eso es que también en su casa, su madre, hermanos y familia le están dando todo el apoyo con la esperanza de que llegue a triunfar.

La chica todavía no tiene peleas, pero está segura de que entrenando duro logrará su meta. ‘Sabemos que es un duro deporte’, reconoce su madre antes de que se arriesgaran a cruzar el charco para volver a su casa en Arraiján, a 17 kilómetros de Curundú, ubicado en el centro capitalino. Así se alejaron, nada las detuvo. Como ella, el Rockero Alcázar está lleno de rostros esperanzados solo en triunfar...