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10 de May de 2021

Boxeo

Boxeo y asistencia legal gratuita: cómo empoderar a un suburbio de Kenia

En Kenia no existe un sistema efectivo de justicia gratuita, lo que condena a una inmensa parte de la población a la desprotección legal

Kenia
El boxeador y abogado keniano Shadrack Wambui (i) durante una sesión de entrenamiento con jóvenes boxeadores a quienes entrena y ofrece asesoramiento legal gratuito, en los barrios marginales de Mathare, Nairobi, Kenia. |Efe

El repiqueteo de los pies sobre el suelo de cemento, los jadeos y el silbido de los puñetazos que golpean el aire se mezclan con conversaciones sobre leyes y derechos en el suburbio de Mathare, en el este de Nairobi, donde el boxeo y la asistencia legal se entrelazan para empoderar a la comunidad.

"En Kenia existe un dicho, "mnyonge hana haki" ("los pobres no tienen derechos" en suajili, la lengua nacional del país) que durante mucho tiempo ha sido cierto", explica a Efe Shadrack Wambui, abogado e impulsor del proyecto Sheria Mtaani, que ofrece una curiosa mezcla a los habitantes de este barrio: asesoría legal y clases de boxeo, todo de manera gratuita.

En un mismo edificio algo destartalado, pero con paredes decoradas y pintadas como lienzos, el equipo de abogados de esta ONG atiende por la mañana las consultas de los habitantes de Mathare -desde conflictos menores hasta crímenes- mientras, cada tarde, Wambui y su entrenador, Ian Omesh, enseñan a una docena de jóvenes sus mejores ganchos y aprovechan para conversar con ellos.

"Nuestra misión es dar voz a las personas que no pueden permitirse una en el sistema de justicia keniano que, como algunos dicen, castiga a los pobres", explica Abel Asuma, abogado y tesorero de Sheria Mtaani.

Aunque la Constitución keniana establece que toda persona debe tener un juicio justo, lo que incluye el derecho a "elegir y ser representado por un abogado", la realidad es que no existe en este país de África Oriental un sistema efectivo de justicia gratuita, lo que condena a una inmensa parte de la población a la desprotección legal.

Por eso, Sheria Mtaani no se instaló, como tantas otras ONG con sede en la capital keniana, en la zona alta de la ciudad, en alguno de los ajardinados barrios residenciales que los habitantes de Mathare y otros suburbios sólo visitan para trabajar.

"El hecho de estar aquí nos permite pasar a la acción más fácilmente", apunta Wambui, y también ser vistos como parte de la comunidad. De hecho, este joven abogado de 30 años nació y creció en Mathare y, a través de becas y "la ayuda de buenas personas", pudo completar sus estudios y convertirse en jurista.

"No nos ocupamos sólo de asuntos legales, abordamos muchos problemas a la vez. Se trata de que la gente comprenda cómo funciona el sistema y tenga acceso a la información, la información es poder", asegura Wambui mientras envuelve con parsimonia sus manos con las vendas de boxeo, aunque a medio camino se desconcentra y empieza de nuevo.

Una docena de niños y jóvenes han ido apareciendo en el patio interior donde tendrá lugar el entreno y empiezan a saltar siguiendo las órdenes del entrenador. No se oye ni un alma, sólo la voz grave de Omesh y la respiración fatigada de los alumnos.

"Este grupo nos permite llegar a nuestro público objetivo con mucha facilidad. Después de la sesión, nos hacen preguntas y así es como difundimos información sobre la ley y sus derechos", relata el abogado.

RASTAFARIS, ACCIDENTES O VIOLENCIA DOMÉSTICA

Por las oficinas de Sheria Mtaani - cuyo nombre significa "ley en la calle" - a pocos escalones del patio donde entrenan, circulan todo tipo de casos y, desde que registraron la organización a finales de 2020, suman ya unos 110.

Stephen Njoronge, por ejemplo, sufrió un accidente con un coche mientras conducía su "boda boda" -mototaxis de Nairobi - y fue enviado por la propia policía a la organización, donde le ayudaron a cerrar un acuerdo con el otro conductor.

En condiciones normales, un servicio como este hubiera tenido un coste de al menos 230 euros.

También está pendiente de juicio el caso de una mujer que sufrió violencia doméstica varias veces durante los últimos meses y, aunque trató de denunciar a la policía, no consiguió que le prestaran atención hasta atravesar la puerta de Mtaani, donde se está ahorrando un coste que podría ascender a cerca de 6.000 euros.

"Si te fijas en cómo trata la policía a las personas de los barrios marginales, parten de una posición de desventaja. En lugares como Mathare, ni siquiera hacen seguimiento de los casos, solo recogen la denuncia y te echan", explica Abel Asuma.

El caso más relevante para la organización hasta ahora, que sentó jurisprudencia en todo el continente según Wambui, se dio en septiembre de 2019 -antes de registrarla oficialmente-, cuando consiguieron que la Corte Superior de Nairobi fallara a favor de una menor a la que habían echado de una escuela pública por llevar rastas y dictaminara que el rastafarismo es una religión.

"Nos dijeron que no admitían a rastafaris en el colegio y que tenía que escoger entre su educación y su cabello", relata ahora ya con satisfacción su padre, John Wambua, cuyo caso hubiera tenido un coste de alrededor de 4.000 euros.

Entre el traje encorbatado y las zapatillas de deporte, entre la oficina y el patio, Shadrack Wambui y el resto de abogados de Sheria Mtaani están determinados a seguir propinando golpes contra un contrincante invisible: la falta de acceso a la just