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- 03/08/2019 02:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️¿Qué te lleva a hacerte hincha de un equipo? ¿Cuales son los factores que inciden en hacerte parte de una tribu futbolística determinada? ¿Eres libre de escoger? ¿Factores externos inciden en tu decisión?
Quizás todo comenzó con una pregunta y me la hizo un dubitativo sobrino, un niño que se asomaba ansioso al mundo del fútbol y estaba levemente perdido. La pregunta era más o menos así: ¿Cómo te haces hincha de un equipo? ¿Cómo sabes cual escoger, entre los cientos de posibilidades?
Aclaro que no hablo de los supuestos hinchas frívolos, que siempre apuestan al favorito y cambian de equipos al mínimo decarrío. Cuando pienso en ser hincha, me viene a la mente una lealtad esencial, intransferible, que es capaz de ligarte a un club de fútbol por el resto de tu vida, o incluso más allá. Uno de los factores reincidentes, proviene de tu propia familia.
No es extraño que tus padres te pongan ropita de bebé con los colores, los signos y los lemas de su equipo favorito, con lo cual, desde que abres los ojos, pasas a pertenecer a una tradición familiar, practicamente inevitable. La típica frase ‘en esta casa somos de Tal o Cual equipo' suena muy próxima a una amenaza infantil, sugiriendo que en esa familia no se tolerarán disidencias futboleras de ningún tipo. Un amigo argentino me contó que había nacido en un hogar en el que todos sus miembros pertenecían a Racing .
Pero él, muy joven y despistado, un día vio por televisión un partido en el que destacó un esplendoroso River Plate. Entonces él, con un sentido aún endeble de la lealtad futbolística, decidió que quería pasarse a un nuevo bando; uno que jugaba mejor y era dueño del éxito en aquel momento. Al día siguiente se paró solemnemente frente a la tribu familiar y anunció con mucha seriedad: ‘He cambiado. Desde ahora soy de River.' Su papá ni se inmutó. ‘Perfecto – le dijo-. Coge tus cosas, porque te vas de esta casa. Si no eres de Racing , no puedes vivir aquí.' De más está decir, que el hincha descarriado, volvió al redil de Racing, sin pensarlo ni un minuto.
A veces son los propios jugadores, quienes se encargan sin saberlo, de reclutar nuevos hinchas para un equipo. Cuando la temporada pasada, Cristiano Ronaldo pasó a la Juve, se llevó con él una multitud de seguidores.
Seguramente una buena porción abandonará la nave cuando parta Cristiano; pero habrá otros que habrán ligado su horizonte futbolero con el de la Juventus. Tengo una amiga, tan fiel admiradora de Zidane en su etapa de jugador, que primero se hizo hincha de la Juve y luego brincó a la orilla del Madrid, siempre atenta a la estela impresionante del jugador francés.
Otro factor, no menos importante, es el deslumbramiento. Durante un viaje familiar, hace muchísimos años, llegamos hasta España para visitar a la parentela. Coincidimos con un enfrentamiento de cuartos de final de la Copa de Europa (así se llamaba la Champions, entonces) que puso frente a frente a dos equipos de altísimo calibre: el Ajax de Johan Cruyff y compañía, contra el Bayern Munich, con Beckenbauer a la cabeza.
El recital del Ajax fue casi indescriptible. De hecho, hace pocos años, la UEFA hizo una encuesta para definir cuál era el mejor partido en la historia organizado por ellos, y el elegido fue este partido. De hecho, quedé tan deslumbrado que me convertí en seguidor del Ajax, en un vínculo que dura hasta este día.
Por distintas razones me tocó viajar en algunos períodos de mi vida. Y una manera de enfrentar posibles desarraigos y nostalgias, fue vincularme a un equipo de mi nueva ciudad (eso sí, sin jamás dejar de lado mis raíces). Eso lo aprendí en mi infancia.
En el barrio teníamos una bodega regentada por inmigrantes croatas (era el tiempo en que Croacia estaba absorvida por la antigua Yugoslavia). Cuando Joszef llegó al Perú cumpló tres acciones inaugurales. Rebautizarse José, aprender el español y conseguirse un equipo de fútbol, al cual dedicaba fielmente sus tardes de domingo. Esta última decisión le sirvió para generar nuevos vínculos sociales y un recién nacido sentido de pertenencia.
Existe un factor con el que quiero cerrar este repaso. Y no por ser el último de la lista, es el menos importante. Se trata del misterio. En ocasiones, algo que no puedes identificar, una fuerza acaso irracional o inconsciente te lleva directo hacia un equipo.
Eduardo Galeano cuenta en uno de los capítulos de ‘El fútbol a sol y sombra' la historia de Paco Espínola. Era un escritor uruguayo sin el más mínimo interés por el fútbol.
Un domingo, con muy poco que hacer, sintonizó la radio. Transmitían una edición del clásico uruguayo entre Peñarol y Nacional. Una vez terminado el partido (con un humillante 4-0 de Nacional a Peñarol), Paco sintió que una tristeza agobiante lo seguía a todas partes. Entonce, tuvo la revelación: él, sin saberlo, pertenecía a Peñarol y la derrota se le había incrustado en el alma, con un fondo de tristeza terrible.
Algo muy parecido me pasó en la infancia. Si bien jugar fútbol era una parte integral de mi vida, yo deambulaba como huérfano, sin pertenecer a ningún equipo. Una tarde estaba en el cine y me dirigí al puesto de golosinas. Una radio relataba un partido de Alianza Lima, que en ese momento tenía un penal a favor.
De pronto y sin saber porqué, me encontré deseando con fervor inmenso, que el penal se transformase en gol. Mi alegría fue tremenda con el gol realizado. Volví a la película con una certidumbre de fuego: yo pertenecía a Alianza Lima. Yo seguía siendo un individuo, pero al mismo tiempo, era parte de un latido colectivo y permanente.