La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Hípica

Evolución del caballo de carrera en los criaderos panameños

Ejemplares como ‘El Manut', con récord de clásicos ganados, o ‘Montecarlo', el primer criollo que triunfó en el Clásico del Caribe, muestran el alto nivel técnico

No hay duda de que en Panamá la crianza de caballos de carrera ha avanzado a pasos acelerados.

Caballos nacionales como ‘El Manut' —que ostenta un récord como ganador de 28 pruebas clásicas— y ‘Montecarlo' —que le diera a Panamá el primer triunfo en el Clásico Internacional del Caribe—, por mencionar algunos, dan testimonio de nuestro alto nivel de crianza y preparación hípica.

Pero no era así a finales del siglo XIX, cuando nuestros abuelos celebraban carreras con ejemplares sin linaje ni raza pura.

En el año 1922, ya un grupo de reconocidos hombres del turf, como Tomás Gabriel Duque, Francisco Arias Paredes, Nicanor Obarrio y Raúl Espinosa —este último considerado el padre de la hípica panameña—, se interesaron en la crianza de productos de media sangre y tres cuartos. Posteriormente, abandonarían estos para dedicarse por completo a la cría de purasangres.

PRIMEROS PADRILLOS

Los primeros sementales fueron en realidad caballos que culminaban sus campañas en el Hipódromo Juan Franco.

Con los años, centros de crianza como Haras San José y Haras Carinthia, en el distrito de Bugaba, Chiriquí, empezaron a traer verdaderos sementales, procedentes especialmente de Inglaterra y Argentina, resultando en productos netamente criollos, que han retado con éxito a muchos caballos importados.

En la actualidad, existen mejores condiciones para la importación de ejemplares de buenas corrientes sanguíneas para dedicarlos a la cría.

Igualmente, la importación de yeguas embarazadas y padrillos como ‘Proud Truth', que han impulsado, junto con sus hijos y nietos, la crianza del elevaje nacional.

ESTABLECIMIENTOS

Por ser la crianza de purasangres uno de los puntales sobre los cuales se desarrollan las programaciones semanales del ‘coso hípico de juandilandia' (como se le llama al Hipódromo Presidente Remón, que queda en el corregimiento de Juan Díaz), sus rectores han ejercido con gran celo su tarea, y es evidente su preocupación e interés por acrecentar el prestigio del producto istmeño.

Esta dedicación se reconoce y se palpa en las inversiones que se realizan para mejorar los sistemas de crianza y, lógicamente, obtener productos de calidad.

El aporte que el Estado dio a la actividad de la crianza de caballos de carrera fue la aprobación de la Ley 23 de 17 de noviembre de 1960, la cual se destinaba a fomentar y defender esta industria.

BONAZA EN LA HÍPICA

Actualmente, la hípica panameña descansa económicamente sobre un apoyo estatal, toda vez que mediante la Ley 71 del 6 de septiembre de 2011 se destinan cuatro millones de dólares al pago de los premios de las carreras en el Hipódromo Presidente Remón.

Esta ley, sin duda, ha hecho posible que los dueños se hayan interesado en una mayor adquisición de equinos criollos e importados, lográndose así carreras más pobladas y balanceadas.