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23 de Oct de 2019

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Recibiendo el Año Nuevo en el Cerro Ancón, como fecha histórica

Subir al amanecer del último día del año a esta elevación, ha sido una actividad que practica un grupo de entusiastas corredores

El 31 de diciembre de 1999 es recordado como una de las fechas más importantes de nuestra historia reciente, ya que a las 12 del mediodía en el Edificio de la Administración se produjo la reversión definitiva de la antigua zona del Canal a Panamá, poniendo fin a casi un siglo de presencia estadounidense en nuestro país.

Lo que pocos saben, es que solo unas horas antes y en el mismo sitio, un grupo de entusiastas corredores iniciaba una actividad que con el paso de los años se iba a convertir en tradición: subir corriendo al amanecer del último día del año el Cerro Ancón.

Enclavado como un vigía en la entrada del Canal, el Cerro Ancón con sus 199 metros ostenta el record de ser el punto más elevado de Ciudad de Panamá, y después incluso de la reversión del área al país ha seguido rodeado de un cierto halo de misterio y romanticismo, con sus vetustas construcciones de madera de la época canalera y su frondosa vegetación.

Minutos antes de las cinco de la madrugada me reúno con el grupo en las inmediaciones de Balboa.

El paso de los años ha dejado sus huellas en estos corredores en forma de canas y algunas libras de más, pero siguen con el mismo entusiasmo.

‘Con algunas bajas e incorporaciones nos hemos reunido por estos 16 años manteniendo la tradición', recuerda emocionado Gustavo Gordón, uno de los integrantes originales.

Gordón lleva décadas, al igual que sus compañeros, ligado al mundo del atletismo, tanto en la faceta de corredor como de dirigente deportivo.

No en vano fue presidente del Club de Corredores del Istmo, y en la actualidad lo es del Club Pafra Marca Pasos: ‘debido a problemas en la espalda yo no tengo ya la capacidad de subir hasta la cima, pero de igual modo acudo a la cita y hago mi ejercicio antes de compartir con los demás un brindis por todo lo bueno que nos ofreció el año que termina y por lo que nos traerá el nuevo'.

Él ha sido testigo de la evolución que se ha producido en el mundo del running los últimos años: ‘cuando comenzamos a correr no había tantas marcas ni tanta tecnología en la ropa y zapatillas. También antes pagábamos un balboa o menos para correr, pero ahora es difícil encontrar eventos cuya inscripción no supere los 20 balboas'.

‘Yo al igual que otros corredores compraba la ropa de deporte en modas Saks. No había tiendas especializadas', recuerda pensativo Eduardo Laguna; ‘no había mucho donde elegir, los pantalones eran blancos o negros. Nosotros corríamos únicamente por la ilusión de llegar a la meta, para divertirnos, ahora en cambio es más como una moda. El problema hoy en día es que por falta de conocimiento hay personas que se apuntan a eventos de distancias para las que no se han preparado ni entrenado convenientemente'.

Nuestra ruta discurre desde Balboa a la avenida de los Mártires, corriendo la mayoría del tiempo en una oscuridad solo rota por algunas luminarias.

Lo más importante en este tramo es ir pendiente del piso y no tropezar. En el camino se nos une desde el Chorrillo Nicolás García, uno de los fondistas más admirados de Panamá.

La ciudad permanece todavía como dormida cuando en Mi Pueblito llegamos a una exigente zona de escaleras que finalmente da acceso a la calle que conduce hasta la cima.

‘Yo propuse esta ruta de subir al Cerro Ancón', comenta un jadeante Ricardo Cupas mientras asciende por las escaleras: ‘lo simpático era que al bajar debíamos bañarnos en la fuente del monumento a Goethals. La rutina era entrar físicamente al agua y pasar por debajo de las dos pequeñas cascadas que produce la fuente. Esto era una especie de simbolismo de lavarnos los maleficios y las vibras negativas, y entrar al año venidero limpios de pecados'.

Nos servimos de una pequeña linterna para iluminarnos mientras vamos bordeando el cerro y ganando altura. El silencio es total, y las impresionantes luces de la ciudad se dejan ver por momentos cuando se abre la vegetación.

Después de superar las últimas rampas, y tras poco más de media hora de ejercicio, alcanzamos el tope del Cerro y respiramos satisfechos. Somos los primeros en llegar a la cima, y nos sentimos privilegiados como en el techo del mundo.

Se respira una enorme paz y nos abrazamos sudorosos.

Anselmo Broce a pesar de haber superado ya los 60 años sigue entrenando y compitiendo a alto nivel, y su objetivo para la próxima temporada es el afamado maratón de Boston para el cual logró clasificar.

Sentado en la cima del cerro con la vista en el horizonte se confiesa: ‘yo tengo una deuda con el atletismo. Mi vida hace años era muy diferente, tenía vicios, estaba en un mal camino. Correr me hizo salir de ello, le debo mucho, por eso no lo dejo'.

En cuanto a la masificación del running actualmente cree que en gran parte se debe al trabajo que se vino haciendo desde hace años; ‘hace décadas se entrenaba muy duro y se hacían tiempos que no se hacen actualmente; hoy el running en cambio es más recreativo, la gran mayoría de las personas lo hace para mejorar su salud'.

No demora mucho en que comencemos a escuchar jadeos y ver brillantes luces acercarse desde la calle. Poco a poco van llegando otros grupos de manera intermitente, todos con la misma ilusión por terminar el año compartiendo entre amigos la afición por correr.

Incluso algunos deportistas en silla de ruedas aceptan el reto y ascienden con notable esfuerzo hasta la cima. Iniciamos el descenso y durante el mismo nos seguimos cruzando con muchos otros corredores que salen de entre las sombras, e intercambiamos saludos y buenos deseos para el año que venidero.

‘Comenzamos este evento como una forma de cerrar el año de carreras, y decidimos subir de madrugada porque siempre practicábamos en ese horario. Elegimos el Cerro Ancón porque hay una vista maravillosa de la ciudad de noche, se observa con amplitud todo el horizonte, y corre una brisa refrescante', señala Freddy García mientras de regreso en Balboa compartimos un brindis y un desayuno con lo que cada uno ha aportado para la ocasión.

Aunque es difícil hacer un cálculo, no menos de 150 personas despidieron este año 2015 ascendiendo al simbólico Cerro Ancón, una tradición que temporada tras temporada sigue creciendo.

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‘Con algunas bajas e incorporaciones nos hemos reunido por estos 16 años manteniendo la tradición en este ascenso al Cerro'

PRESIDENTE DEL CLUB

PAFRA MARCA PASOS

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TRADICIÓN DE PATRIOTISMO

El ascenso al Cerro Ancón se ha mantenido vigente por 16 años

El paso de los años ha dejado sus huellas en estos corredores, que siguen con el mismo entusiasmo desde su primer año.

Aunque es difícil hacer un cálculo, no menos de 150 personas despidieron el año 2015 ascendiendo al simbólico Cerro Ancón.