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22 de Jan de 2021

Economía

El cereal de la discordia

PANAMÁ. La polémica por el uso de productos transgénicos aumenta al mismo ritmo que crece la necesidad de elevar los niveles de producc...

PANAMÁ. La polémica por el uso de productos transgénicos aumenta al mismo ritmo que crece la necesidad de elevar los niveles de producción de alimentos en el mundo.

Y como Panamá no escapa a esta situación, el tema ya está siendo evaluado por el nuevo gobierno en comisiones institucionales.

Dentro del proyecto para producir etanol, se incluye el aumento en la producción de caña de azúcar, palma aceitera y maíz, con lo que se le abriría las puertas a los productos transgénicos.

Para Carlos Corzo, representante para Centroamérica de la firma Pionner, uno de los principales proveedores de genética vegetal a los agricultores de todo el mundo, “Panamá está a la zaga en esta materia”.

De acuerdo con Corzo, la biotecnología ya se utiliza en Honduras, mientras que en Guatemala y El Salvador, se están realizando ensayos. En Costa Rica por su parte, se puede producir, pero no comercializar.

Los productos transgénicos llevan 13 años en el mercado y según Corzo, no hay ningún indicio de que representen un peligro para la salud humana.

La posición de Corzo es compartida por Bienvenido Pereira, del Grupo Melo, quien sostiene que los panameños llevan años consumiendo productos geneticamente modificados, como el caso de las hojuelas de maíz procedente de Estados Unidos y en los productos derivados de la soya.

BASE LEGAL

Luego que no se pudiera implementar la Ley 48, sobre biotecnología, ahora empresas del sector y productores de maíz, redoblan esfuerzos para lograr contar con nueva legislación, y en este proceso, están recibiendo respaldo del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

Precisamente Estados Unidos y Argentina han acogido con fuerza a la biotecnología y el mismo camino llevan Brasil, China e India.

En el camino para garantizar la seguridad alimentaria de los países, muchos consideran que el uso de productos transgénicos es la mejor alternativa. Esto si se toma en cuenta que 850 millones de personas sufren de hambre en el mundo y sólo el año pasado 100 millones de incorporaron a este grupo.

RESISTENCIA

Los productos transgénicos sufren modificaciones que les permite resistir los embates de las plagas, los insecticidas y hasta pueden soportar la sequía. Y son precisamente éstos, los principales enemigos de los productores panameños.

Valetín Domínguez, presidente de la Asociación de Productores de Maíz, se lamenta que los maiceros locales aún no puedan hacer uso de estas nuevas tecnologías y tengan que seguir utilizando semillas tradicionales. De acuerdo con Domínguez, un tercio de la producción mundial de alimentos es alterada genéticamente y Panamá no puede estar ajeno a esta nueva tendencia.

Los maiceros panameños se preparan para iniciar el próximo 20 de agosto la siembra de 11 mil hectáreas que producirán en promedio cada una, unos 95 quintales.

Si utilizarán semillas modificadas, el rendimiento por hectárea podría alcanzar los 120 quintales y no habría que preocuparse del fenómeno de El Niño, ni de las plagas, sostiene Domínguez.

Pero no todos están de acuerdo con esta nueva tecnología. El economista Alexis Soto, actual asesor del Banco de Desarrollo Agropecuario (BDA) reveló que el tema

está en la agenda del nuevo gobierno.

Soto rechaza el uso de transgénicos, porque según dijo, disminuye la capacidad productiva de la tierra y convierte a los países subdesarrollados en dependientes de las transnacionales que producen las semillas genéticamente modificadas.

El reto de los países es producir más en igual cantidad de tierra. ¿Son los transgénicos el camino?