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12 de Apr de 2021

Economía

Evolución de la banca en Panamá

PANAMÁ. Desde la visión, el empeño y el sacrificio infructuoso del escocés William Patterson, fundador del Bank of England, y soñador de...

PANAMÁ. Desde la visión, el empeño y el sacrificio infructuoso del escocés William Patterson, fundador del Bank of England, y soñador de una gran compañía internacional de comercio y finanzas en Nueva Caledonia, cerca de Acla, primer poblado español al norte de Darién, pasaron 280 años hasta que la promulgación del Decreto 238 de 2 de julio de 1970 reformó el régimen bancario, establecido entonces por la limitada y pasiva Ley 101 de 8 de julio de 1941, creó la Comisión Bancaria Nacional, y abrió las puertas para acercar más a Panamá a su claro destino bancario y financiero internacional.

Los Decretos Leyes 9 de 26 de febrero de 1998, 2 de 22 de febrero de 2008 y 52 de 30 de abril de 2008, fortalecieron las medidas de supervisión del sistema, y adecuaron sus objetivos a las tendencias modernas, con resultados positivos.

EL DESTINO Y EL INGENIO

No puede olvidar esta apretada relación del desarrollo del centro bancario panameño, los importantes hechos y disposiciones que sucesivamente contribuyeron a su lento pero sólido afianzamiento. La providencial posición geográfica dio paso natural, por el Camino Real de Portobelo, al traslado de riquezas de las colonias del Sur a la tierra de los conquistadores, y luego, a los norteños deslumbrados por el oro de California, en busca afanosa de un camino más corto y menos riesgoso que el terrestre suyo al Viejo Oeste, como el Chagres y el de Cruces, hasta forzar, con el ingenio, la demanda y el capital, el primer ferrocarril interoceánico del mundo, que aún rueda por la misma trocha de 80 kilómetros, para admiración de turistas y provecho de los grandes exportadores y distribuidores del mundo.

Latente siempre estuvo la secular visión de reyes y adelantados del Descubrimiento, para la construcción de una vía acuática entre los dos mares, que beneficiara al mundo con su apoyo rotundo y permanente al comercio internacional, en dirección a todos los continentes. Estos fueron tiempos en que no sólo convivieron en el Istmo hombres de todas las etnias y culturas, sino que circularon también monedas, negocios e intereses, en abierta pugna de ambiciones y poderes de los gobiernos y países más influyentes del orbe. Aquí el peso colombiano, el franco francés, el dólar americano sentaron plaza de libre y espontáneo uso e intercambio, entrelazados con casas de cambio y bancos buenos y malos, sin incomodarse ni incomodar a nadie en sus vaivenes diarios, tal como sigue siendo hoy, pero debidamente reglamentados, en un ambiente de tolerancia universal.

Ese es el Panamá hospitalario y abierto que hoy prospera, con los ojos del forastero más y tal vez mejor enfocado en su futuro siempre promisorio, que los nacionales, alegres, confiados e inmersos en intrascendencias políticas que aminoran, a veces, el debido ritmo del progreso integral que merece y al que está llamado. Para mejor prueba, el alto y sostenido crecimiento económico de los últimos diez años, y las halagadoras, como fundadas predicciones que hacen entidades internacionales, públicas y privadas, que ponen al país entre los mejor calificados para el futuro en el Continente.

A estos hechos, que dan sentido histórico a la lucha de generaciones, hay que integrar el consistente surgimiento de un concepto nacional de soberanía, con sabias decisiones sucesivas de conveniencia política y asentamiento económico. La provisión inhibitoria Constitucional de 1904, que aún se conserva, y el Convenio Monetario del mismo año con Estados Unidos, estableció el régimen que aún prevalece, por el que no hay papel moneda de curso forzoso en la República, asegurando la paridad del dólar norteamericano con el balboa, nuestra moneda nacional que, realmente, no es más que una unidad de cuenta. De esa manera, se legalizó la dolarización que prevaleció, de hecho, desde la construcción del Ferrocarril, reiterando la libre movilidad de capitales y la ausencia de controles de cambio, con su efecto o repercusión secular en el nivel estable de inflación, y en la autorregulada balanza de pagos.

LA ACTIVIDAD BANCARIA INICIAL

La gran actividad mercantil del Istmo, estimulada por la muy exitosa operación de la vía férrea en la década de 1860, promueve el establecimiento, en Panamá, de la primera Agencia del West Fargo Bank fuera de Estados Unidos, y el primer banco extranjero en Colombia. El dedicado historiador Jorge Conte Porras, en su ensayo Colección Numismática Panameña de 1982, hace un prolijo recuento de los bancos extranjeros, colombianos y panameños que se sucedieron, con o sin resultados, en búsqueda de los nuevos y múltiples negocios que se generaban.

Durante la época más intensa de esa prosperidad, 1860, se instaló el Colon Exchange Bank. Más adelante, en el ’65, el Banco de Planas (Pérez y Planas), el Banco de Panamá y el pionero privado panameño, Banco Ehrman. Al inicio de la construcción del canal francés, el Banco del Estado de Panamá, de autorizada pero frustrada intención emisora.

Con el advenimiento de la República, después de mil días de guerra civil devastadora, la institucionalidad bancaria vuelve a activarse. A pesar de la promulgación de la Ley 74 de 13 de junio de 1904, que creó el Banco Hipotecario, primero, e Hipotecario y Prendario luego, antecesor del denominado en 1911 Banco Nacional de Panamá; el International Banking Corporation, predecesor del First Nacional City Bank, y luego Citibank, abrió sus puertas dos meses antes que el Nacional, correspondiéndole el inicio en la era republicana. El segundo extranjero, el American Foreign Bank, luego Chase National y Chase Manhattan Bank, se estableció, con la apertura del Canal y vinculado a sus finanzas, el 1 de marzo de 1915. De 1909 a 1930 entraron a servir: el Continental Banking Corporation, que operó en Panamá, Colón, David y Bocas del Toro; el Comercial National Bank, el Royal Bank of Canada, desaparecidos todos en la calamitosa década de los ‘30.

En 1934 se funda la Caja de Ahorros; en 1948 se establece el primer banco de capital europeo: Banque Nationale de Paris; y en 1955 abre sus puertas el primer banco de capital panameño, Banco General. Para entonces había seis bancos: dos oficiales, un panameño y tres extranjeros. Regulaba el Sector Bancario la ley 101 de 8 de julio de 1941, de escasos treinta artículos. La supervisión del Sistema era función de la Contraloría General de la República.

(Espere la segunda entrega mañana lunes)