28 de Feb de 2020

Economía

Turismo y medio ambiente

A provechando la distinción de que nuestro país es la sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático acepté la cor...

A provechando la distinción de que nuestro país es la sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático acepté la cordial invitación a una trascendental ronda de conferencias sobre Turismo y Medio Ambiente en la que tuve el honor de introducir al distinguido orador quisqueyano, ex ministro del Medio Ambiente, vicepresidente del Consejo del Cambio Climático y director de la Oficina del Presidente de República Dominicana, el biólogo Omar Ramírez Tejada.

Aquel ‘pequeño país que piensa en grande’ es geográficamente más chico que Panamá y económicamente no tan aventajado. No obstante nos da cátedras en turismo al recibir más de 4 millones de turistas anuales, principalmente europeos.

Entre los monumentales retos que enfrenta Quisqueya, están compartir la isla con Haití, los constantes azotes de huracanes y sensibilizar a su población de 9.8 millones sobre la importancia del medio ambiente.

Sobre este último tema quisiera enfocar nuestra atención, tomando en cuenta el categórico mensaje del ministro Ramírez.

Con 179 playas de vacaciones turísticas y 46 canchas de golf, la isla goza de un entorno ideal para la explotación del turismo de sol y playa, que en efecto fue su enfoque inicial. Actualmente se desarrollan estrategias para la explotación de otros tipos de turismo, como el turismo médico.

A lo opuesto de Panamá, la República Dominicana dispone de un documento que contiene los lineamientos para una Estrategia Nacional de Cambio Climático articulada a la Estrategia Nacional de Desarrollo (ver www.cambioclimatico.gob.do) donde, por ejemplo, el novel metro de Santo Domingo utilizará biogás extraído del vertedero de Duquesa (similar a nuestro Cerro Patacón).

El ministro Ramírez termina su disertación reafirmando que el modelo económico global está agotado y requerimos un cambio de actitud para heredarles a nuestros hijos y nietos un mundo limpio y habitable.

Esta es una responsabilidad de todos, no solamente del gobierno. Tanto la empresa privada como la sociedad civil y cada uno de los ciudadanos tenemos la responsabilidad de implementar un cambio de actitud para que nuestro istmo goce siempre de su esplendoroso verdor y admirable naturaleza.