Temas Especiales

16 de Apr de 2021

Economía

El futuro de las finanzas públicas panameñas

PANAMÁ. El calendario electoral apenas despierta y el tema político más trascendente es el desempeño económico del gobierno. En estos úl...

PANAMÁ. El calendario electoral apenas despierta y el tema político más trascendente es el desempeño económico del gobierno. En estos últimos años, hemos sido testigos de un ambicioso programa de inversión pública a cargo de la presente administración, de acuerdo al Fondo Monetario Internacional (FMI), la inversión como porción del Producto Interno Bruto (PIB) promedió un 20% entre el 2001 y el 2008.

Desde entonces, esa cifra ronda cerca de un 27%, y va en aumento. Sin embargo, quedan dudas sobre el endeudamiento público.

La administración a cargo del Presidente Martinelli apostó estas agresivas inversiones a la capacidad de crédito del Estado panameño, cuando asumió en el 2009, la deuda pública panameña era de $10.8 mil millones.

Al 2012, terminó con un saldo de $14.3 mil millones, un aumento de casi un tercio en tres años y medio de gobierno. Sin embargo, estos números vistos de manera aislada no ofrecen mayor contexto, especialmente cuando Panamá alcanzó el codiciado grado de inversión (GdI) en el 2010.

Por eso, este documento presenta un análisis de las finanzas públicas y ofrece algunas proyecciones, en el contexto del comportamiento del Estado panameño y el desempeño de una muestra representativa de otros países GdI (Brazil, Colombia, Chile y México) en dos dimensiones importantes de finanzas públicas: el impulso y el espacio fiscal.

El impulso fiscal es definido como el cambio en los balances primarios cíclicamente ajustados, es decir la diferencia entre ingresos y egresos corrientes que eliminan la incidencia del gasto público que responde automáticamente al ciclo económico como programas sociales y demás transferencias. Esta medición puede interpretarse como un genuino ‘impulso’ de inversión a nivel discrecional desde las finanzas del gobierno hacia el resto de la economía.

La figura 1 muestra el impulso fiscal del gobierno panameño (línea roja), respecto al impulso fiscal de nuestros pares GdI (línea azul).

En la gráfica vemos como el impulso fiscal se torna más negativo (es decir, que el gasto deficitario aumenta) respecto de nuestros pares, brecha que aumenta desde que Panamá alcanza el grado de inversión en el 2010, niveles que se ajustan a normas históricas pre-GdI, anteriores al 2006. A fin de cultivar las condiciones para alcanzar el GdI, la administración del Presidente Torrijos disminuyó el impulso fiscal de Panamá respecto a la media de la muestra entre el 2006 y el 2009 para sentar bases de solidez macroeconómica.

Y si bien la actual administración aumenta la brecha en el 2010, la tendencia no es inédita queda por ver si esto causará problemas. Más aún, el FMI pronostica que si bien la brecha se mantendrá alta respecto a nuestros pares a corto plazo, se cerrara en los próximos cinco años. Por otro lado, el espacio fiscal es el espacio de maniobra que tiene el gobierno (central) en materia de gasto en relación con su base impositiva y deuda soberana emitida.

Concretamente, puede interpretarse como cuantas veces la deuda emitida está por encima de la capacidad base de recaudación fiscal del gobierno (como porciones del producto interno bruto).

La figura 2 muestra el cambio del espacio fiscal para Panamá y nuestros pares GdI —la ordenada invertida indica que el espacio fiscal aumenta cuando disminuye la presión de pagar deuda. Existe un deterioro sostenido del espacio fiscal de Panamá entre el 2008 y el 2011 por encima de nuestros pares, pero converge respecto al comportamiento de los demás países GdI.

A pesar de los tumbos, el espacio fiscal se ha mantenido dentro de estos límites macroeconómicos tras la aprobación de la Ley 34 del 2008— incluso el FMI espera que aumente levemente en el próximo quinquenio.

Estas dos gráficas deben instar a la cautela y a la prudencia. Por ahora, nuestro desempeño se mantiene dentro de límites aceptables, y esto garantiza mínimamente la sostenibilidad de nuestro grado de inversión a mediano plazo.

Sin embargo, existen dos importantes retos a futuro: el impacto de los ingresos no tributarios y egresos ‘no corrientes’ (como los famosos proyectos llave-en-mano) y finalmente, la situación política.