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10 de Apr de 2021

Economía

La disfunción bipartidaria

UUn atributo de la democracia es que los perdedores aceptan la derrota sin recurrir a la fuerza de armas o a destruir al gobierno con el...

UUn atributo de la democracia es que los perdedores aceptan la derrota sin recurrir a la fuerza de armas o a destruir al gobierno con el cual están en desacuerdo.

De hecho, esa es la esencia de la democracia: la resolución pacífica de conflictos a través de un mecanismo que persigue como autoridad máxima a la masa de votantes. Al amenazar con bajar la persiana del gobierno o rechazar el necesario aumento del techo de la deuda federal, muchos congresales republicanos parecen ser indiferentes a estas normas de comportamiento ampliamente aceptadas.

No es que los republicanos hayan causado el interminable impasse del presupuesto sin ayuda. Todo lo contrario. El presidente Obama y los congresales demócratas merecen mucho de la culpa. Como casi todos deben saber ahora, el punto crucial del problema del presupuesto yace en el aumento del costo de Seguridad Social, Medicare y otros programas para los estadounidenses de mayor edad.

Para 2038, Seguridad Social y Medicare se llevarán un dólar de cada nueve de la economía de Estados Unidos, según una proyección reciente de la Oficina Presupuestaria del Congreso. Ahora es un dólar de cada 12. En 1990, era uno de cada 17.

Los republicanos argumentan correctamente que la tarea central del presupuesto es controlar este gasto. Si no es así, habrá continuos déficits de presupuesto, impuestos más altos o recortes más profundos en otros programas. Sin embargo, el presidente, pese a que se felicita a sí mismo constantemente por encarar los programas de ayuda social, no lo ha hecho de manera seria.

Todavía debe ocuparse de la necesidad de aumentar la edad de elegibilidad, recortar los beneficios para los beneficiarios ricos y controlar los gastos de salud. En general, los congresales demócratas también han esquivado los verdaderos problemas. Hasta que se comprometan a reducir el crecimientos de Seguridad Social y Medicare, no pueden decir que se están tomando la negociación del presupuesto de manera seria.

En cuanto a Obamacare (La Ley de Cuidado de Salud Asequible), los republicanos están verdaderamente obsesionados con ella. Pero los demócratas fomentaron gran parte de esta oposición fanática. Presionar el cuidado de salud ‘universal’ en 2009 fue (comienzan bastardillas) como era de esperar (terminar bastardillas) polarizador.

Esto quedó claro entonces. En diciembre de 2008, escribí una columna urgiéndole al presidente electo Obama que se concentrara en la economía y retrasara las medidas sobre el cuidado de salud, que podían ser ‘políticamente tóxicas’. Si era obvio para mí, debió haberlo sido para todos. El presidente y los demócratas, habiendo decidido de otro modo, ahora se preguntan con poco candor por qué Obamacare es polarizadora.

Sin embargo, los demócratas pueden agradecerles a los republicanos por protegerlos de una mayor reprobación pública. Bajar la persiana de las funciones no esenciales del gobierno puede que no sea una rebelión armada, pero es simbólicamente similar. Implica el desacato a las instituciones democráticas al hacer que una minoría deshaga las decisiones previas de una mayoría. Amenaza con el desorden público, la incertidumbre o incluso el caos. Si se fracasa en aumentar el techo de la deuda para mediados de octubre (ya ha sido aumentado 78 veces desde 1960), el daño se agravará, porque sería difícil saber a quién –de los muchos reclamantes y acreedores—se le pagaría. Los mercados financieros temblarían. Las tasas de interés de la deuda federal probablemente aumentarían.

Obamacare parece un pretexto poco sólido para estas apuestas audaces. Es verdad, además del momento inoportuno, es sumamente defectuosa. Pero no es el fin de la República. El gobierno federal ya subsidia el cuidado de salud de un 80% de estadounidenses a través de programas de seguro (Medicare, Medicaid) y recortes impositivos para seguros provistos por empleadores. Obamacare podría aumentar esto en un 5 a 10% (no todos recibirían cobertura). Esto es significativo pero no trascendental. Para muchos estadounidenses la anulación subrepticia de Obamacare parece riesgosa o enrevesada. Por un margen de 50 a 38%, la gente se opone a quitarle financiación, reporta una encuesta Pew, pese a que a son más las personas a las no les gusta el programa que las que lo apoyan.

Si los del Tea Party quieren limitar el gasto federal, déjenlos concentrarse en Seguridad Social y Medicare. Su silencio sobre estos programas enormes y populares sugiere hipocresía. Lo que tenemos es disfunción bipartidaria. La negativa de republicanos y demócratas de enfrentar el gasto creciente en estadounidenses de mayor edad ha concentrado de manera imprudente recortes en defensa y programas domésticos discrecionales. La diferencia entre republicanos y demócratas es poca. Los republicanos son temerarios e irresponsables. Los demócratas son temerarios e irresponsables, pero han logrado verse respetables.

LA COLUMNA DE ROBERT J. SAMUELSON