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30 de Oct de 2020

Economía

Impuesto venezolano al aire le quita el aliento a los viajeros

Desde el 1° de julio, los pasajeros de aerolíneas deben pagar unos 20 dólares por respirar el aire enriquecido con ozono

Para los venezolanos, que están hartos de la vida bajo el socialismo del siglo XXI, hacer el check-in en el Aeropuerto Internacional Maiquetía de Caracas es un soplo de aire fresco. Es precisamente lo que los guardianes de la República Bolivariana tenían en mente cuando idearon el último impuesto a las billeteras de los compañeros que viajan.

El 1º de julio, el gobierno del presidente Nicolás Maduro empezó a cobrar un nuevo impuesto a los pasajeros de aerolíneas en el mayor aeropuerto del país. Lo que se grava —con unos 20 dólares— es el hecho de respirar el aire de la terminal de partidas de Maiquetía, donde, por lo que parece, se ha mejorado el sistema de ventilación con ozono. El ministro de Transporte Aéreo y Marítimo, general Hebert García Plaza, anunció la innovación, que proclamó la primera en América Latina, y aseguró que el aire enriquecido con ozono mantendrá a los viajeros a salvo del aire impuro y de gérmenes aéreos.

En cuanto al resto de los 29 millones de habitantes del país, se limita a apretarse la nariz, entre otras cosas porque, como bien saben los venezolanos, los impuestos tienen vida propia. ‘Ya han aumentado el impuesto a la respiración en Maiquetía’, tuiteó un pasajero luego de que el gobierno prácticamente duplicara el gravamen en menos de dos semanas. ‘¿Se sienten algo más asfixiados?’ Otro se preguntó cuál sería el paso siguiente: ‘Esto es un globo de ensayo. (Pronto) nos van a cobrar impuestos por cruzar la calle’.

Los venezolanos ya están acostumbrados. En momentos en que el férreo control gubernamental de la economía ha hecho desaparecer el papel higiénico y ha convertido al petróleo en tinta roja, purificar el aire podría parecer una mejora. Pero el gusto oficial por lo exótico no deja de asombrar al país.

SURREALISMO

El surrealismo caracterizó la obra de Hugo Chávez. Para diferenciar su experimento de socialismo tropical del capitalismo de jardín y sus pequeños jardineros yanquis, hizo rediseñar la bandera venezolana para que el caballo del escudo galopara a la izquierda en lugar de a la derecha. Cambió la hora, para lo cual retrasó 30 minutos los relojes a los efectos de desairar a los guardianes ‘imperialistas’ del tiempo y de dar a los trabajadores y a los escolares un rato adicional de sueño. Dispuso que sus ministros juraran levantando la mano izquierda. Su sitio web hasta hablaba del termino ‘copyleft’ en lugar del conocido ‘copyright’.

Siempre payasesco, Chávez, que murió de cáncer el año pasado, deslumbró a los venezolanos con sus excentricidades y bromas. Maduro, que carece del ingenio y la habilidad verbal del comandante, debe conformarse con pantallas de humo y espejos. Aseguró que vio al extinto líder bajo la forma de un pajarito y, en otra ocasión, en la pared del túnel de una estación de metro de Caracas.

Cuando no invoca a Chávez en la tumba, Maduro se dedica a cambiar el calendario. El año pasado creó el Ministerio de Felicidad Social y honró al extinto líder con un nuevo feriado, el Día de la Lealtad y el Amor por el Supremo Comandante Hugo Chávez y la Patria. A los efectos de alegrar a los esforzados trabajadores venezolanos y adelantar las bonificaciones de vacaciones, decretó una Navidad anticipada.

El estilo podría estar expandiéndose. El presidente boliviano, Evo Morales, dictaminó hace poco que todos los relojes tenían que funcionar en sentido opuesto al horario, que las agujas debían moverse de 1 a 12, hacia atrás. ‘¿Por qué no?’, peguntó el ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca, que explicó que la decisión se había tomado en homenaje a los ritmos del Hemisferio Sur. ‘El 21 de junio nosotros celebramos el solsticio de invierno’.

Y hay quienes dicen que el realismo mágico ha muerto…