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21 de Jan de 2020

Economía

¿Los demócratas hacen un mejor trabajo? No

Históricamente la economía estadounidense se ha desempeñado mejor bajo los gobierno demócratas que republicanos

Se trata del sueño de cualquier consultor de campaña demócrata: un estudio de dos economistas respetados concluyó que, desde fines de la década de 1940, la economía se ha desempeñado constantemente mejor bajo gobiernos demócratas que republicanos. La brecha es enorme. De 1949 a 2013, un período en que la Casa Blanca se dividió prácticamente por la mitad entre los dos partidos, la economía creció en un promedio anual de 3.33%, pero el crecimiento bajo presidentes democráticos promedió 4.35% y bajo presidentes republicanos, 2.54%. El empleo, el mercado de valores y los estándares de vida avanzaron más rápido bajo los demócratas.

No es de sorprender, uno de los autores del informe es un economista demócrata bien conocido, Alan Blinder, exvicepresidente de la Reserva Federal y que ahora está en Princenton; el otro autor, Mark Watson, también en Princenton, es un reconocido teórico de estadística sobre economía que se describe a sí mismo como no partisano. Más interesante aún, Blinder y Watson no acreditan la ventaja de los demócratas a políticas económicas.

‘A los demócratas sin duda les gustaría atribuir la gran brecha de crecimiento (Demócrata-Republicana) a elecciones de políticas macroeconómicas, pero los datos no le dan apoyo a dicho reclamo’, escriben. La mayoría de los economistas, señalan, dudan que los presidentes puedan controlar la economía.

Entonces, si no lo hicieron los presidentes, ¿quién o qué lo hizo? Blinder y Watson analizan estudios de economía. Su conclusión: Aproximadamente la mitad de la ventaja de los demócratas refleja ‘buena suerte’, sucesos o factores externos favorables. Tres son los que dominan.

Las ‘sacudidas de petróleo’ a nivel global -aumentos exorbitantes en los precios, que reducen el crecimiento económico- fue el mayor suceso, porque perjudicó a los republicanos más que a los demócratas. Ocurrió en 1973 (Richard Nixon y Gerald Ford), 1979 (Jimmy Carter pero afectó el primer término de Ronald Reagan) y 2008 (George W. Bush). Estadísticamente, explica levemente más de un cuarto de la brecha entre demócratas y republicanos.

La productividad —eficiencia— fue el siguiente mayor contribuyente. Pero los presidentes no pueden aumentar la productividad mágicamente; ésta refleja demasiadas fuerzas: la investigación, la mejoría en escuelas, una mejor administración, emprendedores. Si bien Clinton se benefició con la explosión de la Internet, no la inventó. La ganancia por productividad ocurrió desproporcionadamente bajo los presidentes demócratas y fue responsable de casi un quinto de la brecha, señalan Blinder y Watson.

La guerra fue el último factor. El aumento militar para la Guerra de Corea y la Guerra de Vietnam impulsó el crecimiento durante las presidencias de Truman y Johnson. Desde finales de la década de 1940, el gasto en defensa ajustado según la inflación creció 5.9% anualmente bajo los demócratas y sólo 0.8% bajo los republicanos. Este incremento fue responsable de aproximadamente un octavo de la ventaja de los demócratas.

En cuanto al resto de la brecha, Blinder y Watson dicen que es un ‘misterio’. De hecho, la explicación es obvia.

Los partidos tienen diferencias filosóficas que afectan la economía. Para simplificar un poco: Los demócratas se concentran más en el empleo; los republicanos en la inflación. Lo que resultó fue un ciclo en el que los presidentes demócratas se inclinaron por presidir expansiones (generalmente empeorando la inflación) y los republicanos sufrieron recesiones (generalmente disminuyendo la inflación).

Los estudiantes de la economía de post Segunda Guerra Mundial conocen estos ciclos. Los mejores ejemplos incluyen el auge de Kennedy-Johnson en la década de 1960, que disminuyó el desempleo a 3.5% en 1969 y aumentó la inflación (prácticamente inexistente en 1960). Esto fue seguido por dos recesiones en los años de Nixon-Ford. Bajo Carter, la economía revivió, pero la inflación saltó a 13% en 1980. La inflación de Carter alimentó la recesión devastadora de 1981-82 bajo la presidencia de Reagan. Impulsó la tasa de desempleo a 10.8% a fines de 1982 pero terminó con la inflación de dos dígitos.

La implicación es clara: Si los presidentes republicanos fueran endilgados con la mayoría de las recesiones, su récord de crecimiento y creación de empleo naturalmente sería peor. Y eso es lo que demuestra el estudio de Blinder y Watson. Desde la década de 1940, la economía ha pasado unos 12 años en recesión. Pero 10 de esos 12 años ocurrieron bajo presidentes republicanos; sólo dos ocurrieron bajo demócratas. En promedio, la economía pasó un poco más de un año en recesión por cada término republicano y sólo tres meses por cada término demócrata.

La Reserva Federal, afectando las tasas de interés y las condiciones de crédito, fue el principal agente que impulsó este ciclo. La Reserva Federal puede que sea ‘independiente’, pero no ignora el clima político e intelectual prevalente. Sus políticas han sido más permisivas bajo presidentes demócratas que republicanos.

Aquí hay una lección más importante. El estudio de Blinder y Watson implica que el desempeño de la economía durante un término presidencial es una buena evaluación de sus políticas. No es así. A menudo hay una gran demora entre la adopción de políticas y sus verdaderos efectos.

Políticas económicas que son agradables en el presente pueden ser desastrosas en el futuro —por ejemplo, las políticas inflacionarias de la década de 1960—. De manera similar, las políticas que alimentaron los auges económicos de la década de 1990 y de comienzos de la década del 2000 engendraron autosuficiencia que propulsó la crisis financiera. Lo contrario también se aplica: Las políticas dolorosas en el presente pueden dar fruto de dividendos a largo plazo. La eliminación dolorosa de inflación de dos dígitos en la década de 1980 es un caso obvio.

Será interesante ver si este estudio se malinterpreta para ganancia política, oscureciendo la tarea más difícil: encontrar políticas aceptables en el presente y beneficiosas para el futuro.

ANALISTA DE THE WASHINGTON POST