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15 de Nov de 2019

Economía

Hipocresía de la Casa Blanca con respecto a Israel

En un discurso el presidente, Barack Obama, promete trabajar con la oposición y superar el partidismo

Al presidente Obama no le falta cara dura. Su mensaje a Benjamin Netanyahu fue el siguiente: Haga lo que digo y no lo que hago.

La Casa Blanca está furiosa con el primer ministro israelí, porque algunos de los mismos operadores políticos demócratas que ayudaron a que Obama fuera electo fracasaron al tratar de derrocar a Netanyahu en la reciente elección israelí.

Un momento, ése no es el artículo de primera plana adecuado. Ah, sí, aquí está:

La Casa Blanca está furiosa con el primer ministro israelí, porque algunos funcionarios estadounidenses concluyeron que no se puede confiar en Netanyahu, quien no titubeará en incurrir en conducta inescrupulosa.

Miren quién habla. ¿Alguno se fía, acaso, del gobierno de Obama? Los legisladores republicanos en la derecha no lo hacen ni tampoco los activistas demócratas de izquierda.

El gobierno criticó a Netanyahu por utilizar la baza de la raza (contra los electores árabes), por ser poco sincero y por cambiar de opinión, por conveniencia política, en un tema importante a saber, su apoyo a una solución de dos estados con los palestinos.

En los últimos seis años, Obama, miembros de su gobierno y seguidores hicieron todo eso y más, al manejar una serie de asuntos de política interna delicados y controvertidos, que van desde Obamacare hasta la reforma migratoria.

¿Jugar la baza de la raza? El senador demócrata por Illinois, Dick Durbin, recientemente acusó a los republicanos, que no han confirmado la nominación de Loretta Lynch como procuradora general, de empujar a Lynch, que es afroamericana, ‘al fondo del ómnibus.’

¿Ser poco sincero? En un solo discurso, Obama promete trabajar con la oposición y superar el partidismo, y después, unos párrafos más adelante, demoniza a los republicanos.

¿Cambiar de opinión por conveniencia? Obama pasó cuatro años afirmando que no tenía la autoridad ejecutiva necesaria para detener la deportación de los inmigrantes ilegales. Después, cuando enfrentó su reelección en 2012, milagrosamente encontró ese poder que había dicho no poseer.

¿Cómo se atreve, este gobierno, o los que lo permiten, a criticar a Israel por cualquiera de estas cosas?

Los funcionarios estadounidenses que no se fían de Netanyahu se verán ahora reivindicados con un reciente informe del Wall Street Journal. La historia alega que Israel espió conversaciones a puertas cerradas entre funcionarios estadounidenses e iraníes, cuyo objetivo era limitar el programa nuclear de Irán, y que compartió esa información con los republicanos del Congreso. Funcionarios israelíes niegan esa acusación.

Algunos seguidores de Obama se sintieron agraviados por la idea de que un aliado o amigo de Estados Unidos lo espíe.

Qué poca memoria que tienen. Quizás recuerden que, en octubre de 2013, el gobierno de Obama suscitó una serie de incidentes internacionales cuando se reveló que agencias de inteligencia estadounidenses estaban espiando a una variedad de aliados y amigos, entre ellos a Alemania, Francia y México.

Cuando estalló el escándalo, los medios favorables a Obama produjeron expertos en inteligencia y seguridad nacionales, que expresaron que no había nada que ver allí y que, por más amistosas que sean las relaciones con algunos países, sus intereses a veces divergen.

Veamos si los medios esgrimen el mismo argumento para defender la práctica de espiar a amigos o aliados, ahora que se está acusando a Israel de incurrir en ella. No tengan expectativas.

Según el Wall Street Journal, que citó a funcionarios actuales y pasados sin dar sus nombres, la Casa Blanca no está tan alterada sobre el presunto espionaje como lo está sobre el hecho de que Israel compartió la información recogida con legisladores estadounidenses y otros, presuntamente para socavar las negocia

ciones.

Si la historia es cierta, sabremos dos cosas: El gobierno de Netanyahu se fía de este gobierno tanto como la Casa Blanca se fía de los israelíes; y aquí, en casa, la relación entre la Casa Blanca y el Congreso es peor de lo que pensábamos.

Después de todo, cuando Netanyahu habló recientemente ante el Congreso, comentaristas liberales afirmaron que debemos ‘detener la política partidista al borde del agua.’

Es una idea encantadora. Lo ha sido desde los años 40, cuando el senador republicano por Michigan, Arthur Vandenberg, presidente del Comité de Relaciones Exteriores, introdujo la frase en el léxico estadounidense y apoyó los objetivos de política exterior del presidente demócrata, Harry Truman.

¿Podríamos volver a ese lugar feliz en que los partidos políticos estaban en el mismo equipo cuando se trataba de asuntos del exterior?

Porque si representantes del gobierno de Obama están diciendo a los representantes del gobierno iraní, a puertas cerradas, en Ginebra, cosas de las cuales no quieren que los republicanos de Washington se enteren, eso no sugiere que, en este gobierno, los funcionarios estadounidenses están deteniendo la política partidista al borde del agua.

Más bien parece que la empacan en sus valijas y se la llevan consigo dondequiera que van.

THE WASHINGTON POST

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La Casa Blanca está furiosa con el primer ministro israelí, porque algunos funcionarios estadounidenses concluyeron que no confian en Netanyahu, quien no titubeará en conducta inescrupulosa

El senador demócrata por Illinois, Dick Durbin, recientemente acusó a los republicanos, que no han confirmado la nominación de Loretta Lynch como procuradora general