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24 de Oct de 2020

Economía

El lío de los impuestos multinacionales

Por un lado, las grandes empresas globales... se están volviendo más agresivas; y por el otro, los gobiernos también lo están haciendo

WASHINGTON — Quienquiera gane la Casa Blanca el año que viene tendrá que encarar un asunto muy polémico y de una complejidad casi impenetrable: ¿Cómo gravar a las empresas multinacionales? Por un lado, las grandes empresas globales —que nunca se han quedado cortas en minimizar sus impuestos por medio de hábiles maniobras contables—se están volviendo más agresivas. Por el otro, los gobiernos también lo están haciendo, cada vez más desesperados por elevar sus recaudaciones fiscales para pagar sociedades que envejecen y cubrir déficits presupuestarios persistentes.

La última prueba de ese choque inevitable es la fusión propuesta entre el gigante de los fármacos Pfizer y la empresa farmacéutica irlandesa menor, Allergan—una combinación que, si se realiza, crearía una empresa valuada aproximadamente en $160,000 millones, convirtiendo legalmente a Pfizer en una empresa irlandesa. El arreglo está impulsado, en parte, por los ahorros en los impuestos. La tasa fiscal básica de Irlanda sobre ingresos corporativos es de 12.5%, con una tasa máxima en Estados Unidos del 35%.

La fusión propuesta indica un enorme cambio en las actitudes y conducta de las corporaciones norteamericanas. Hace una década, era inconcebible que una enorme empresa norteamericana importante se deshiciera de su identidad legal norteamericana. Las empresas más pequeñas, con perfiles públicos más bajos, quizás lo hicieran—aunque hasta eso era mal visto—pero las empresas de más envergadura y más conocidas simplemente no lo hacían. Pfizer es un miembro de larga data de la elite corporativa de Estados Unidos. Su agresividad muestra de qué manera se erosionó ese tabú.

Las cifras ayudan a explicar el viraje. Para 2014, Pfizer había acumulado $74,000 millones en ganancias extranjeras, que no se habían repatriado a los Estados Unidos, calcula Americans for Tax Fairness, un grupo de incidencia de izquierda. Si Pfizer trasladaba el dinero a Estados Unidos, podía ser gravado potencialmente a la tasa actual del 35%. La cuenta sería de unos $26,000 millones. Pero las mismas ganancias gravadas en Irlanda podrían costar alrededor de $9,000 millones. La diferencia de $17,000 millones, dice la empresa, podría financiar más investigaciones de fármacos en Estados Unidos, donde se concentran ahora, o proveer de pagos a los accionistas.

Para muchos, esta fría maximización de las ganancias es poco patriótica y depredadora. La mudanza a Irlanda ocurriría más que nada en el papel. Pfizer dice que sus ‘cuarteles generales operacionales globales' seguirían estando en New York, mientras que ‘sus principales oficinas ejecutivas' seguirían en Irlanda—signifique eso lo que signifique. El viraje fiscal se llama ‘inversión'. Americans for Tax Fairness caracterizan la inversión irlandesa de Pfizer de la siguiente manera: Con una inversión, Pfizer esencialmente continuaría disfrutando de todos los beneficios de ser una corporación norteamericana, pero no pagaría los impuestos requeridos por ese privilegio. Pfizer no pagaría la porción justa por su fuerza laboral educada; por la utilización de nuestros sistemas de transporte; por las protecciones provistas por nuestros fuertes sistemas judicial, bancario y regulador; y muchas otras cosas. ...'.

Pero la presión para que las multinacionales generen más ahorros fiscales crecerá, sugiere un informe de McKinsey Global Institute, el brazo investigativo de la famosa empresa consultora. Entre 1980 y 2013, las ganancias después de los impuestos, ajustadas por la inflación, de las multinacionales globales más que se triplicaron, de $2 billones a $7.2 billones, reflejando un fuerte crecimiento económico y expandiendo los márgenes de las ganancias, dice McKinsey. Ahora el auge está menguando, sostiene, a medida que el crecimiento económico aminora su marcha y los nuevos competidores—compañías tecnológicas de países de mercados emergentes—reducen los márgenes de las ganancias. El resultado, dice McKinsey, es una competición corporativa por las ganancias globales, que se intensifica.

En este clima, las multinacionales y los gobiernos se pelearán por la cantidad que las empresas deben pagar en impuestos y a qué países. Pero esa lucha está envuelta en arcanas estipulaciones fiscales y contables. Es difícil saber cuál es la ‘porción justa' corporativa cuando ni siquiera las cargas fiscales actuales son claras. Pfizer calcula su tasa fiscal global real en alrededor del 25%, pero Americans for Tax Fairness sostiene que la tasa real está más cerca del 6%, porque gran parte de los impuestos declarados de Pfizer están ‘diferidos' y probablemente nunca se pagarán.

También hay consideraciones prácticas. A medida que las ventas multinacionales se trasladan a mercados internacionales—alrededor del 60% de los ingresos de Pfizer están fuera de Estados Unidos—la tendencia es que los puestos de trabajo y las inversiones también se trasladen al exterior. Aún así, muchas multinacionales norteamericanas continúan coordinando sus operaciones globales desde sus enormes cuarteles generales norteamericanos. Un impuesto del 35% sobre las ganancias repatriadas del extranjero hace que ese acto de malabarismo se vuelva más difícil, al desalentar las reinversiones y los puestos de trabajo en Estados Unidos.

Para repetir: No se trata de un problema simple con una solución simple. Hay un dilema genuino. Si maximizamos los ingresos fiscales de Estados Unidos a corto plazo, podemos minimizar el crecimiento de las empresas multinacionales norteamericanas en Estados Unidos a largo plazo, a medida que las empresas favorezcan la expansión en el exterior.

THE WASHINGTON POST

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La última prueba de ese choque inevitable es la fusión propuesta entre el gigante de los fármacos Pfizer y la empresa farmacéutica Allergan.

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A medida que las ventas multinacionales se trasladan a mercados internacionales, alrededor del 60% de los ingresos de Pfizer están fuera de Estados Unidos.