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25 de Nov de 2020

Economía

En la búsqueda de justicia, Scalia se quedó corto

Sus seguidores dirán que, como todo buen jurista, se desempeñaba como un árbitro que sigue las reglas

San Diego — Nada más lejos de mi intención que hablar mal de los muertos. Pero si oigo un elogio superficial más dirigido a un jurista que ayudó a dividir a los Estados Unidos, me voy a enfermar. Al promover un luto colectivo, los admiradores del juez de la Corte Suprema, Antonin Scalia, tienen una memoria selectiva. Y, lamentablemente, los medios les siguen la corriente. El Cuarto Estado solía reportar simplemente las noticias. Ahora crea memes. Fabricamos narraciones y nos abocamos a preservarlas.

Muchos periodistas preferirían repetir el mantra que anda por ahí, en lugar de arriesgarse a ser la única persona que dice algo diferente. Un ex editor señaló correctamente, en una ocasión, que los medios son ‘como los pájaros en un cable'. Todos llegan a la misma historia, comentó. Y todos la cubren en forma parecida.

Y con la muerte repentina de Scalia, han surgido una serie de memes. Está el que dice cuán capaz era de mantener amistades en todo el espectro ideológico, entra ellas la que cultivaba con la jueza de la Corte Suprema, Ruth Bader Ginsburg. También el que señala que Scalia era un originalista a toda prueba cuando se trataba de la Constitución, intentando permanecer fiel a lo que él pensaba que los creadores tenían en mente cuando redactaron ese documento, a fines de los 1,700.

Así es como muchos comentaristas nos dicen que estuviera uno de acuerdo o no con los fallos de Scalia, todos los estadounidenses debemos honrar el servicio que prestó a este país. De hecho, sostienen, deberíamos anhelar escuchar su voz una vez más.

Lo siento, pero no tengo ese anhelo. Amo este país. Y mis antepasados han estado en él mucho más tiempo que los de Scalia. El juez era estadounidense en primera generación y su padre vino de Sicilia. Mi padre nació en Estados Unidos, así como también su madre. Lo mismo se aplica a tres de mis abuelos.

Sin embargo, en los últimos 30 años, mientras seguía la actuación de la Corte Suprema, nunca pensé que Scalia representaba mis intereses. En causas que iban desde la inmigración hasta el derecho al voto o la acción afirmativa, pronto fue evidente que el primer italiano-americano de la Corte Suprema no estaba allí para mí, ni para nadie que tuviera mi apariencia.

A medida que Scalia incursionaba en un campo minado tras otro en el curso de los años, puede garantizarles que no pensaba en gente como mis padres, tíos y tías. Todos ellos se criaron en las décadas de 1930 y 1940, época en que los mexicano-americanos tenían pocas oportunidades y sufrían una manifiesta discriminación. Los intentos posteriores del gobierno, las universidades y las corporaciones de igualar el campo de juego para las minorías fueron enérgicamente condenados por Scalia como injustos para la mayoría.

Los comentaristas pasaron estos últimos días diciendo que Scalia era brillante. Pero los individuos brillantes muestran comprensión, refrescan su pensamiento y evolucionan con los tiempos. Buscan diversos puntos de vista y tratan de aprender de ellos. No hay pruebas de que Scalia hiciera nada de eso. De hecho, sus admiradores alaban su coherencia.

Pero desde donde yo estoy, muchos de sus fallos fueron coherentemente malos, perjudicados por el hecho de que no pareció poder superar una visión del mundo estrecha y provinciana. Está claro al leer muchas de sus opiniones que fue, en toda su vida, un verdadero creyente en el dogma conservador. Y, demasiado a menudo, eso influyó su opinión sobre la ley cuando entró en la política. Eso es lo que ocurrió hace unos años cuando la Corte Suprema escuchó argumentos sobre la constitucionalidad de la ley de inmigración de Arizona, y Scalia lanzó una invectiva sobre cómo el gobierno de Obama no deportaba suficiente gente. Una cosa no tenía nada que ver con la otra. Fue rotundamente criticado por comentaristas y profesores de Derecho, algunos de los cuales afirmaron que su fallo sonaba más como un anuncio de campaña.

Los seguidores de Scalia dirán que, como todo buen jurista, se desempeñaba como un árbitro que sigue las reglas. Pero si es así, ¿por qué dijo en una entrevista hace unos años, que esperaba que quienquiera lo reemplazara no deshiciera lo que él había hecho, como si hubiera perseguido ciertos objetivos que desearía que se preservaran? Sin duda, Scalia fue un paladín de su causa. Pero ése es el problema. Como juez, la única causa que debía defender era la búsqueda de justicia. En ese campo, a veces se quedó corto.

THE WASHINGTON POST

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Los comentaristas pasaron estos últimos días diciendo que Scalia era brillante. individuos brillantes muestran comprensión...