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27 de May de 2020

Economía

Una nueva teoría sobre la desigualdad

Hojear el nuevo informe del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca es siempre educativo

Hojear el nuevo informe del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca (CEA, por sus siglas en inglés) es siempre educativo. El volumen de 430 páginas de este año no es excepción. Lleno de tablas y cuadros, rebosa de datos y observaciones útiles.

En la página 62, nos enteramos de que el incremento de los gastos de los gobiernos estatales y locales en servicios (escuelas, policía, parques) fue el más lento de todas las recuperaciones desde la Segunda Guerra Mundial.

El CEA dice en la página 72 que el mercado laboral podría ser más apretado en 2016, aun cuando la creación de puestos de trabajo esté bien por debajo del promedio mensual del año pasado de 228 mil. Unos meros 78 mil puestos nuevos por mes absorberían a los trabajadores nuevos, manteniendo la tasa de desempleo al 5%. Con 141 mil puestos al mes, el desempleo caería a un 4.5% (la tasa real de enero es de 4.9%).

Un cuadro en la página 149 muestra que las exportaciones de Estados Unidos aumentaron como porción de la economía (producto bruto interno), de un 10% del PBI en 2005, a un 12.5% a fines de 2015.

Lamentablemente, el crecimiento económico lento en el exterior redujo últimamente la demanda de exportaciones norteamericanas. Pero la discusión más fascinante se refiere a la desigualdad económica —tema candente de la campaña presidencial. Para recordar: las cifras son asombrosas. Entre 1975 y 2014, la porción de ingresos antes de los impuestos que van al ‘1 por ciento más alto' creció de un 8% a un 18%. (Nota: Si se cuentan los beneficios, transferencias del gobierno —por ejemplo, el Seguro Social— y los impuestos se reduce esa concentración.).

Suele presentarse una explicación común de este fenómeno. Los comités de remuneración de las corporaciones pagan excesivamente a los directores ejecutivos; los operadores de los fondos de cobertura obtienen grandes ganancias de la compra-venta de títulos.

Aunque sin duda eso ocurre, la CEA modifica el panorama que se presenta habitualmente de dos maneras importantes.

Primero —resumiendo otros estudios— atribuye gran parte de la desigualdad a diferencias entre empresas y no entre individuos de una misma empresa. No se trata tanto de que la brecha entre el ejecutivo y el conserje de la empresa A se haya agrandado; se trata de que la empresa A cae por debajo de la empresa B, que es más redituable y paga mejor tanto al ejecutivo como al conserje. Pensemos en General Motors (empresa A) y Google (empresa B). La economía se está dividiendo entre empresas cada vez más y cada vez menos redituables, sostiene el presidente del CEA, Jason Furman.

Después, el CEA enfatiza el papel desempeñado por las ‘rentas diferenciales', de las que gozan las empresas sumamente redituables. La renta diferencial es el precio o salario por encima de lo necesario para que una empresa venda su producto o un trabajador obtenga un puesto. Una empresa que vende su producto a 50 dólares cuando con 30 dólares obtendría un rendimiento razonable, tiene una renta de 20 dólares.

Las rentas pueden ser el resultado del poder de mercado (incluyendo monopolios), de productos o tecnologías mejores, de reglamentaciones y leyes favorables, de aranceles de importación, de corrupción y mucho más. Las rentas ganadas por un desempeño superior son defendibles; las rentas creadas por políticas preferenciales o consolidación industrial son sospechosas.

El problema reside en que las rentas son invisibles y pueden sólo inferirse. En la práctica, se manifiestan como grandes ganancias y flujos de efectivo. Creadas como fuere, las empresas deben decidir quién se las lleva—los altos ejecutivos, los trabajadores, los accionistas o una mezcla de todos ellos. Muchas de las rentas, sugiere el CEA, van a los altos gerentes e inversores. Si se le paga a un director ejecutivo 5 millones de dólares cuando trabajó por 3 millones de dólares, el ejecutivo recibe 2 millones de renta.

También es cierto que muchos trabajadores de clase media perdieron su capacidad, mayormente por medio de los sindicatos, de crear sus propias rentas--salarios más altos. En los años 50 y principios de los 60, cuando alrededor del 30% de los trabajadores no-agrícolas pertenecían a sindicatos, eso era posible. Las empresas podían pasar el aumento de los salarios a los consumidores, porque muchas industrias estaban dominadas por unas pocas empresas grandes y la competencia era pequeña.

Incluso si la tasa de sindicalización actual excediera el 11% de 2015, sería difícil duplicar esa hazaña. La competencia se intensificó de demasiadas maneras y para demasiadas empresas: de las empresas extranjeras (automotriz, acero); de Internet (venta al por menor, estudios cinematográficos), de la desregulación (aerolíneas, empresas de transporte de carga y telecomunicaciones). Las empresas con altos costos de mano de obra que no pueden recuperarse en el mercado tienden a reducirse o desaparecer.

Lo que emerge es un panorama complicado y exasperante de creciente desigualdad. Hay una reorganización histórica de la actividad económica que genera aún más desigualdad. No es solo una cuestión de codicia desenfrenada por medio de rentas no merecidas. En verdad, hasta la codicia es, a veces positiva, como dice el CEA: ‘Las grandes recompensas pueden motivar a innovadores, empresarios y trabajadores y recompensarlos por asumir grandes riesgos personales —decisiones que, en algunos casos, pueden beneficiar a las familias más ampliamente'. Para simplificar: La perspectiva de volverse rico puede inspirar una conducta socialmente beneficiosa.

La teoría de la desigualdad del CEA es, según su propia admisión, incompleta. ‘El aumento general en la desigualdad de ingresos en décadas recientes es suficientemente grande como para dar cabida a muchas explicaciones parciales', dice.

Las escuelas deficientes, las nuevas tecnologías, la ruptura de las familias, la inmigración, todos esos factores desempeñan un papel. No se preocupen: habrá mucho sobre lo que escribir en el informe del año que viene.

ANALISTA DE THE WASHINGTON POST

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El mercado laboral podría ser más apretado, aun cuando la creación de puestos de trabajo esté por debajo del promedio mensual del 2015.