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15 de Apr de 2021

Economía

Los mejores libros de economía de 2016

Vale la pena leer alguno de estos libros —incluso si usted no es un entendido en economía

Está bien, debería haberla titulado ‘Mis libros favoritos de economía de 2016'. Sin duda, hay muchos libros buenos que se me pasaron. Aun así, los cuatro de abajo comparten ciertas características atractivas. Nos dicen cosas que no sabemos, que alteran nuestra visión del mundo.

Todos ellos son producto de profundas investigaciones y reportajes. Están escritos con claridad. En estas fiestas, cualquiera de ellos puede ser un magnífico regalo para su aficionado a la historia o a la economía. (Con la excepción del libro de Herbert Hoover, escribí sobre todos ellos en columnas anteriores.)

SIN DUDA, HAY MUCHOS LIBROS BUENOS QUE SE ME PASARON. AUN ASÍ, LOS CUATRO DE ESTA PEQUEÑA LISTA COMPARTEN CIERTAS CARACTERÍSTICAS ATRACTIVAS. NOS DICEN COSAS QUE NO SABEMOS, QUE ALTERAN NUESTRA VISIÓN DEL MUNDO.

Aquí están: The Rise and Fall of American Growth: The U.S. Standard of Living Since the Civil War , de Robert J. Gordon, Princeton University Press, 762 páginas.

Gordon, un economista muy respetado de Northwestern University, produjo lo que perdurará como una obra de arte. Examina la manera en que las nuevas tecnologías transformaron nuestra vida cotidiana.

Pensemos en la plomería interna de las viviendas, la electricidad, los automóviles, los viajes aéreos, las computadoras y los fármacos. Un ejemplo: el aire acondicionado. Sin él, ‘Las Vegas, Miami, Houston o Los Ángeles no existirían', expresó Consumer Reports en 1986. Pero el viaje tecnológico de Gordon lo vuelve pesimista con respecto al futuro. Gordon cree que los adelantos ya tuvieron lugar y no serán repetidos. Es escéptico sobre el valor de Internet.

An Extraordinary Time: The End of the Postwar Boom and the Return of the Ordinary Economy , de Marc Levinson, Basic Books, 336 páginas.

Levinson, economista y experiodista (Newsweek, The Economist), tiene ambas virtudes —un ojo para captar el detalle y una comprensión amplia del cuadro general. Llega a una conclusión parecida a la de Gordon por una ruta diferente.

Su hipótesis es simple: Los primeros 25 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, caracterizados por un crecimiento económico rápido en todo el mundo, fue un hecho singular, impulsado por la reconstrucción de la guerra y por la demanda acumulada. Los economistas pensaron que podían controlar el crecimiento económico, elevar el estándar de vida sin que se produjeran ciclos económicos severos. Sus frenéticos esfuerzos para cumplir esa promesa desestabilizaron economías de todo el mundo.

TODOS SON PRODUCTO DE PROFUNDAS INVESTIGACIONES Y REPORTAJES. ESTÁN ESCRITOS CON CLARIDAD. EN ESTAS FIESTAS, CUALQUIERA DE ELLOS PUEDE SER UN MAGNÍFICO REGALO PARA SU AFICIONADO A LA HISTORIA O A LA ECONOMÍA.

The Man Who Knew: The Life and Times of Alan Greenspan , de Sebastian Mallaby, Penguin Press, 800 páginas.

Greenspan, presidente de la Junta de la Reserva Federal entre 1987 y 2006, fue una figura pública trascendente, que se merece una biografía exhaustiva.

Mallaby, hábil escritor y periodista financiero (The Economist, The Washington Post), nos provee justo de eso.

Mallaby perfora muchos clichés de Greenspan. Greenspan era más pragmático que ideológico, dice Mallaby; de lo contrario, no podría haber sobrevivido tanto tiempo en Washington. También comprendió los mercados financieros mejor que la mayoría de los demás economistas y funcionarios de la Fed. Aún así, Mallaby, culpa a Greenspan de no elevar las tasas de interés antes en el nuevo siglo —una medida, sostiene Mallaby, que podría haber suavizado o impedido la crisis financiera 2008-9.

Herbert Hoover in the White House: The Ordeal of the Presidency , de Charles Rappleye, Simon & Schuster, 576 páginas.

Todos ‘sabemos' que la ineptitud y la indiferencia de Hoover profundizaron la Gran Depresión. Pero, ¿qué, si lo que sabemos no es cierto? No lo es, sostiene Rappleye, un historiador popular que comprende (y desmitifica) la economía y además escribe bien. No es un intento de tapar las cosas.

Rappleye dice que, en público, Hoover era adusto y distante. Con poca habilidad política, alienó a muchos en el Congreso. A menudo, era falsamente optimista. Pero había otro Hoover que combatió la Depresión conteniendo los salarios, patrocinando obras públicas y apuntalando un sistema bancario que se derrumbaba. Que esas medidas fracasaran no fue por no intentarlas. Fue una verdadera tragedia.

ANALISTA THE WASHINGTON POST WRITERS GROUP