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- 25/12/2014 01:00
En 2014, la economía mundial ha crecido a un mediocre 3%, aproximadamente, en paridad de poder adquisitivo (PPP). Es más o menos lo mismo que en 2013, pero considerablemente menos de lo esperado a principio de año.
Aunque el crecimiento de Estados Unidos (EEUU) aceleró con fuerza en la segunda mitad del año, Japón entró en recesión tras la subida de impuestos introducida en abril, y la zona euro cayó en el estancamiento, con Italia y Francia en recesión efectiva. China deceleró notablemente como consecuencia del exceso de oferta de crédito y vivienda.
Los exportadores de materias primas, como Rusia y Brasil, siguieron estancados por el debilitamiento de los precios de dichas materias. El momentum fue mucho mejor en la mayoría de los mercados emergentes (ME) de Asia, en particular en India e Indonesia.
Entre tanto, la inflación se atenuó en la mayoría de las economías debido a la conjunción de un exceso de capacidad y una bajada de los precios de la energía. La zona euro, al igual que Suiza, estuvieron al borde de la deflación.
China mostró también tendencias deflacionarias en ciertos ámbitos, sobre todo el manufacturero; los precios a la producción llevan cayendo más de dos años.
Las excepciones fueron los ME en los que la depreciación monetaria hizo subir los precios (p.ej. Brasil, Turquía, Sudáfrica).
Nuestra previsión es que el crecimiento medio mundial sea algo mayor en 2015, aunque muy inferior a las tasas registradas antes de la crisis financiera mundial. Así mismo, esperamos notables divergencias entre las distintas zonas geográficas.
El motivo principal de estas divergencias y la citada ralentización del crecimiento es que los factores comunes que impulsaron el ‘superciclo’ anterior a la crisis, principalmente la combinación de los booms del crédito y las materias primas, seguirán ausentes; e incluso al contrario, observamos que gran parte del mundo, sobre todo muchos ME, se encuentran en proceso de desapalancamiento, cosa que suele también lastrar la demanda de materias primas.
La economía estadounidense seguirá siendo la más robusta de las desarrolladas. Consideramos que el país se encuentra en una recuperación autosostenida. El proceso de desapalancamiento de los hogares está ya muy avanzado, y el sector público dispone también de más margen para impulsar el gasto.
Las perspectivas para las otras dos zonas más avanzadas, Japón y la zona euro, son bastante peores, si bien se esperan mejorías respecto a 2014. En Japón, los principales motivos para la mejora de su momentum son el repunte tras la subida de impuestos de 2014 (y el aplazamiento de la subida prevista para 2015), la continuidad de su agresiva relajación monetaria, y las señales que apuntan a que la debilidad del yen finalmente está empezando a potenciar las exportaciones. No obstante, la política monetaria de financiación del déficit all-out suscita preguntas acerca de la estabilidad a más largo plazo.
La zona euro también debería evolucionar un poco mejor. Los principales factores para ello serán que el Banco Central Europeo relaje su política monetaria de forma más firme, que el euro se debilite, cierto grado de relajación en el frente fiscal, una ligera mejora del crédito bancario y la demanda acumulada de los hogares, que debería liberarse cuando mejoren las perspectivas generales.
Sin embargo, las inversiones por parte de las empresas, sobre todo las pequeñas y medianas de Francia e Italia, seguramente sigan siendo escasas, dado el exceso de capacidad y la actitud pesimista.
En todo el mundo, la inflación debería mantenerse muy baja, dado el moderado crecimiento y el exceso de capacidad en muchas zonas, pero las tasas de inflación -y, por ende, la política monetarias- también presentarán notables divergencias entre zonas geográficas.
Dado el sólido crecimiento y la saturación del mercado de trabajo, esperamos que la Fed comience a subir las tasas de interés a mediados de 2015. Queda por ver hasta dónde y a qué velocidad se producirá esta subida. Dado que el potencial de crecimiento del PIB de EEUU ronda el 2 1/4% y que el objetivo de inflación es del 2%, el equilibrio ‘natural’ para los Fondos Federales se situaría en torno al 4%. Sin embargo, dada la debilidad del crecimiento y la situación de la inflación en el resto del mundo, así como la vulnerabilidad de la economía estadounidense a las subidas de tasas, sobre todo de su mercado de la vivienda, entendemos que la Fed procederá con cautela y no tratará de ‘adelantarse’ al mercado. La Fed podría también orientarse conforme a la evolución de las tasas a largo plazo. Dado que estas últimas se ven lastradas por las bajas tasas del resto del mundo, nuestra previsión es que el precio del dinero en EEUU al término de 2016 se sitúe en el 2.5%. Después de EEUU, también se espera que la política monetaria del Reino Unido se endurezca hacia mediados de 2015.
En la mayoría de las demás zonas y países, esperamos que la política monetaria tenga un sesgo de relajación. Los casos más evidentes son Japón y la zona euro. En cuanto a esta última, consideramos que el BCE probablemente comience a comprar deuda pública en el primer trimestre de 2015, ya que la inflación se mantendrá muy por debajo del objetivo y la combinación de las operaciones de refinanciación dirigida a largo plazo y las compras de activos (bonos cubiertos, ABS y también deuda privada) no bastará para impulsar el balance de situación hasta el pretendido billón de EUR.
En los ME, también esperamos que la tendencia a la relajación monetaria persista o bien se establezca, en el caso de aquellos en que aún no lo haya hecho. La bajada de la inflación también debería dar más margen a los bancos centrales de los ME estructuralmente débiles para abandonar su reciente endurecimiento monetario.
JEFE DE INVESTIGACIÓN ECONÓMICA DE CREDIT SUISSE