BID: sector privado e integración, ejes del desarrollo económico regional

El banco reafirma que el futuro de Centroamérica y la República Dominicana depende de una integración real y física. Alabó la “dirección estratégica” que está marcando Panamá

En un momento decisivo para las economías de Centroamérica (entre ellas la de Panamá) y la República Dominicana, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Ilan Goldfajn, presentó en la capital panameña una visión renovada sobre el futuro del desarrollo regional.

Durante un encuentro de alto nivel que reunió a gobernadores, directores ejecutivos y jefes de legación, Goldfajn destacó que Panamá no es solo la sede de esta reunión estratégica, sino el símbolo de una región que busca consolidarse como un puente entre la gestión pública eficiente y el dinamismo del sector privado. La narrativa del BID para el 2026 es clara: la estabilidad lograda en el año anterior no es la meta final, sino el cimiento sobre el cual se debe construir una integración física y digital sin precedentes.

Haciendo un balance del año 2025, el presidente Goldfajn subrayó que la región mostró un desempeño macroeconómico notable. Basado en una reducción sistemática de los riesgos país y una mejora en las calificaciones crediticias internacionales, el crecimiento se sostuvo sobre una inflación estable y previsible. Esta disciplina fiscal ha sido, en sus palabras, un activo real que ya empieza a reflejarse en avances sociales y una reducción tangible de la pobreza. No obstante, advirtió que el contexto global actual, marcado por riesgos climáticos y una incertidumbre persistente, exige que esta estabilidad se transforme en una plataforma para una mayor integración subregional, especialmente a través de iniciativas ambiciosas como el programa “América en el Centro”.

Uno de los pilares que Goldfajn defendió con mayor vehemencia es el papel insustituible del sector privado. A pesar de que los países de la región han manejado sus deudas con prudencia, el tamaño de los desafíos en materia de desarrollo —como el acceso a agua potable, salud y energía— posee una escala que los presupuestos públicos no pueden cubrir por sí solos. En este sentido, explicó que el BID se está transformando en una institución multilateral que prioriza la movilización de capital privado para cerrar brechas sociales. Esta visión, por ejemplo, se traduce en Panamá en un compromiso de inversión que alcanza los $1,000 millones, destinados a proyectos críticos de saneamiento y agua potable en Colón y la ciudad capital, así como un apoyo de $500 millones a través de BID Invest para financiar empresas en sectores estratégicos como el turismo.

“La integración, sin embargo, debe dejar de ser un concepto abstracto para convertirse en una reducción real de los costos de fricción comercial”, mencionó el presidente del banco, quien citó ejemplos concretos como el Corredor Pacífico, por donde transita el 90% del comercio que pasa por Panamá, y la urgencia de modernizar los pasos fronterizos para que dejen de ser cuellos de botella de hasta 16 horas. La lógica del BID es matemática: si se logran reducir los costos comerciales en apenas un 15%, el comercio internacional podría impulsar el Producto Interno Bruto (PIB) regional en un 4.3%. Para lograrlo, la inversión en infraestructura debe ir acompañada de la interconexión eléctrica, como el proyecto Colombia-Panamá bajo el esquema SIEPAC 2.0, que promete integrar mercados energéticos, reducir costos de generación y fortalecer la resiliencia climática de toda la zona.

Mirando hacia el capital humano, Goldfajn identificó la falta de habilidades digitales como el principal obstáculo para dos de cada tres empresas en América Latina. En una crítica constructiva a las tendencias actuales de inversión, señaló que de cada dólar invertido en tecnología a nivel global, solo siete centavos se destinan al desarrollo de talento. Para corregir este rumbo, el BID ha lanzado el Talent App y ha sellado una alianza con Google para capacitar a 60,000 personas en inteligencia artificial y análisis de datos. La meta para 2026 no es solo garantizar el acceso a la tecnología, sino asegurar su uso productivo para que los jóvenes y las mujeres puedan acceder a empleos formales y de alta calidad.

Goldfajn recordó que el compromiso del Grupo BID ha alcanzado cifras récord, superando los $35,000 millones en financiamiento total a mayo de 2025, lo que representa un crecimiento del 50% en los últimos tres años. Esta capacidad financiera se está orientando ahora hacia la creación de condiciones que bajen el riesgo país y hagan que las inversiones sean más rentables y sostenibles a largo plazo.

Concluyó que Panamá está marcando la dirección correcta, donde la apertura económica y la transparencia institucional se convierten en el legado para la región. Hizo un llamado a aprovechar este “punto de partida” de estabilidad para que el 2026 sea recordado como el año en que la integración dejó de ser una promesa y se convirtió en el motor de una vida mejor para todos los panameños y ciudadanos de la región.

Ilan Goldfajn
Presidente del BID
La integración, sin embargo, debe dejar de ser un concepto abstracto para convertirse en una reducción real de los costos de fricción comercial”,
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