Cobre argentino: exportaciones superarían $17,700 millones en 2035 por precios récord

  • 01/03/2026 00:00
El auge global del cobre y los precios históricamente altos abren una ventana estratégica para Argentina, sustentada en la transición energética, el déficit mundial del metal y nuevos proyectos mineros orientados a la exportación

Argentina comienza a delinear un cambio profundo en su perfil exportador a partir de un recurso que durante décadas permaneció subdesarrollado: el cobre. En un escenario internacional marcado por la transición energética, la electrificación de las economías y la expansión tecnológica global, el metal rojo emerge como una oportunidad estratégica capaz de generar un flujo sostenido de divisas y reposicionar al país dentro del mapa minero mundial.

El punto de partida de esta transformación se encuentra en las proyecciones oficiales contenidas en el informe “Mercado de Cobre: Panorama internacional y perspectivas productivas para Argentina”, elaborado por la Secretaría de Minería del Ministerio de Economía y coordinado por el economista Gabriel Ríos. El documento plantea un escenario en el que la producción cuprífera argentina estará orientada casi en su totalidad a los mercados internacionales, replicando el modelo exportador que convirtió a Chile y Perú en líderes globales del sector.

La razón es estructural. La gran minería del cobre es una actividad intensiva en capital, con ciclos de inversión prolongados y altos costos iniciales, lo que obliga a orientar la producción hacia mercados externos capaces de absorber grandes volúmenes y garantizar retornos sostenidos.

Un salto exportador sin precedentes

Las estimaciones oficiales muestran un crecimiento escalonado pero acelerado de las exportaciones de cobre durante la próxima década. Según el informe, Argentina podría alcanzar $5,269 millones en exportaciones hacia 2030, cuando los primeros grandes proyectos comiencen a operar parcialmente.

El verdadero salto llegaría pocos años después. Con la entrada en funcionamiento de nuevos desarrollos mineros, las exportaciones podrían duplicarse hasta $11,406 millones en 2032, impulsadas por el inicio productivo de proyectos clave como Mara y Altar.

El escenario de máxima expansión se proyecta para 2035, cuando la totalidad de los emprendimientos actualmente en cartera alcance su madurez operativa. En ese momento, las exportaciones podrían llegar a $17,757 millones anuales, posicionando al cobre entre los principales complejos generadores de divisas del país.

El propio análisis sectorial señala que este volumen equivaldría, en términos económicos, a incorporar un nuevo complejo exportador comparable al agrícola, históricamente el principal motor externo argentino.

Producción creciente para abastecer al mundo

El aumento de exportaciones está directamente vinculado a la expansión proyectada de la producción minera. De acuerdo con estudios técnicos de los proyectos en etapas avanzadas, Argentina podría iniciar producción cuprífera hacia 2028 con unas 5,000 toneladas anuales, cifra que crecería rápidamente hasta aproximadamente 1,1 millones de toneladas en 2032.

El pico productivo se alcanzaría en 2035, con cerca de 1,5 millones de toneladas anuales, nivel que ubicaría al país entre los principales productores globales.

Durante los primeros años de la década de 2030, la producción promedio superaría el millón de toneladas por año y, considerando la vida útil estimada de los proyectos, el país podría sostener un piso productivo cercano a ese nivel durante unos 30 años. Estas proyecciones no incluyen ampliaciones potenciales ni nuevos descubrimientos, lo que sugiere un margen adicional de crecimiento.

El precio del cobre: motor central del ciclo exportador

El contexto internacional resulta determinante para explicar la viabilidad del boom exportador. El cobre atraviesa un ciclo de precios elevados impulsado por cambios estructurales en la economía mundial.

Proyecciones de la consultora S&P, citadas en el informe oficial argentino, estiman un precio promedio de 4,8 dólares por libra entre 2025 y 2035, incluso bajo escenarios conservadores que no contemplan metas climáticas más exigentes.

Este nivel de precios mejora significativamente la rentabilidad de proyectos intensivos en capital y acelera la puesta en marcha de nuevos desarrollos mineros en países con grandes reservas aún sin explotar.

El cobre se volvió un insumo crítico para múltiples sectores estratégicos: redes eléctricas, energías renovables, vehículos eléctricos, telecomunicaciones, infraestructura urbana, maquinaria industrial y centros de datos vinculados a la inteligencia artificial. Su elevada conductividad eléctrica, resistencia a la corrosión y alta reciclabilidad lo convierten en uno de los metales más demandados del planeta, solo superado por el hierro y el aluminio en volumen de consumo industrial.

Un mercado global con déficit creciente

El impulso exportador argentino también se explica por la creciente escasez prevista en el mercado mundial. El informe señala que, bajo escenarios compatibles con metas de emisiones netas cero hacia 2050, la demanda global de cobre podría alcanzar 50 millones de toneladas, prácticamente el doble del consumo actual.

Sin embargo, la oferta minera y el reciclaje no serían suficientes para cubrir ese crecimiento. Las proyecciones indican que el déficit de cobre refinado podría alcanzar 9,9 millones de toneladas hacia 2035, reflejando una brecha estructural entre oferta y demanda.

El mercado de concentrados también enfrenta restricciones derivadas de menores leyes minerales, retrasos en proyectos y disrupciones logísticas. Durante la pandemia de COVID-19, por ejemplo, el déficit alcanzó 379 mil toneladas, el mayor de la última década, evidenciando la vulnerabilidad del suministro global.

Esta estrechez convierte a nuevos productores potenciales en actores estratégicos para estabilizar el mercado internacional.

Exploración en expansión: base del crecimiento exportador

El crecimiento proyectado de exportaciones está respaldado por una expansión sostenida de la exploración minera, considerada el primer indicador de confianza inversora.

En 2024, el presupuesto exploratorio de cobre en Argentina alcanzó $200 millones, casi el doble del año anterior y equivalente al 6.3 % del presupuesto global, frente al 1.2 % registrado en 2015. Con ese nivel, el país se posicionó como la sexta economía mundial en exploración cuprífera, detrás de Chile, Estados Unidos, Canadá, Australia y Perú.

Proyectos en la provincia de San Juan ilustran esta dinámica. El proyecto Lunahuasi avanzó a la etapa 4 de perforación, completando más de 12,000 metros en enero de 2026 con resultados que confirmaron leyes minerales excepcionalmente altas. Por su parte, Filo Sur inició perforaciones en zonas con fuerte mineralización de pórfidos de cobre y sistemas epitermales de alta sulfuración.

Estos avances amplían el potencial productivo futuro y consolidan la base que sustenta las proyecciones exportadoras.

América Latina como epicentro del nuevo suministro

El informe destaca que, ante la escasez proyectada, la mayor parte del nuevo suministro mundial de cobre provendrá de América, junto con algunos países africanos y asiáticos. En ese contexto, Argentina aparece como uno de los territorios con mayor potencial geológico aún no plenamente desarrollado.

Además, el crecimiento de la capacidad de refinación global —liderada en gran medida por China— abre oportunidades para que nuevos productores abastezcan concentrados y eventualmente desarrollen producción de cátodos destinados a mercados internacionales.

La convergencia de tres factores explica el protagonismo creciente del cobre en la estrategia económica argentina: una demanda global estructuralmente creciente, precios internacionales elevados y un amplio potencial geológico aún sin explotar.

Si las proyecciones se concretan, el país podría no solo incrementar sustancialmente sus exportaciones, sino también diversificar su estructura productiva y reducir la dependencia histórica de los ciclos agrícolas.

El cobre, en este escenario, deja de ser una promesa minera para convertirse en una posible nueva ancla exportadora. En un mundo que acelera su transición energética y tecnológica, la capacidad de Argentina para transformar recursos geológicos en producción efectiva determinará si logra aprovechar una ventana histórica que podría redefinir su inserción económica internacional durante las próximas décadas

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