El presidente de la dignidad: el pulso de Chiari frente a la Zona del Canal

  • 01/03/2026 00:00
Entre la presión internacional y la indignación nacional, Chiari asumió el liderazgo en uno de los momentos más tensos del siglo XX panameño

La historia política de Panamá del siglo XX estuvo marcada por hitos que definieron la identidad nacional y su relación con las grandes potencias. Entre esos momentos, pocos son tan emblemáticos como los ocurridos durante el gobierno de Roberto F. Chiari (1960–1964), recordado no solo por su liderazgo interno, sino por su firme postura frente a Estados Unidos, en un contexto de tensiones por la soberanía de la Zona del Canal y derechos simbólicos fundamentales para la nación panameña.

Un Presidente con Visión Social y Nacionalista

Roberto Francisco Chiari Remón (1905–1981), presidente que hoy cumpliría 121 años de su natalicio, llegó al poder en 1960 tras una elección limpia y pacífica, en un momento en el que Panamá buscaba consolidar su desarrollo económico y social.

Su administración priorizó la educación, la salud pública y la infraestructura, incluyendo la inauguración del Hospital General de la Caja de Seguro Social (CSS) y programas de vacunación de gran alcance. Sin embargo, su legado inevitablemente quedaría ligado a uno de los momentos más dramáticos de la historia diplomatico-soberanista del país.

El Fondo de la contienda: una zona en debate

Desde la independencia de Panamá en 1903, tras la separación de Colombia, la nación entregó en virtud del Tratado Hay-Bunau-Varilla a Estados Unidos el control absoluto de una franja alrededor del Canal —la llamada Zona del Canal—, lo que a lo largo de décadas representó una clara herida simbólica a la soberanía nacional.

A inicios de los años sesenta, las tensiones por este control territorial se intensificaron. En 1963 se firmó un acuerdo entre los gobiernos panameño y estadounidense para permitir el izado de la bandera panameña en la Zona del Canal junto a la bandera estadounidense, como gesto de reconocimiento simbólico a la soberanía panameña dentro de ese territorio. Sin embargo, el cumplimiento de ese acuerdo se volvió un foco de conflicto.

El estallido de la ira nacional

El 9 de enero de 1964 estalló uno de los movimientos sociales más significativos en la historia contemporánea de Panamá. Ese día, estudiantes del Instituto Nacional marcharon hacia la Escuela de Balboa, dentro de la Zona del Canal, con la intención de izar la bandera panameña conforme al acuerdo de 1963. La presencia de estudiantes panameños en el corazón de la Zona del Canal era un acto pacífico, cargado de simbolismo.

Sin embargo, la situación derivó en violencia. Narrativas confiables coinciden en que la bandera panameña fue arrancada y dañada por residentes estadounidenses —denominados zonians— y, ante la incapacidad de las autoridades de la Zona para garantizar el cumplimiento del acuerdo, la indignación popular creció rápidamente. Grupos civiles, inicialmente armados con piedras y palos, fueron repelidos con gases lacrimógenos y, en muchos momentos, con fuego vivo por la policía de la Zona del Canal.

El saldo fue devastador: cerca de 21 panameños murieron y cientos resultaron heridos en los enfrentamientos, muchos de ellos jóvenes y estudiantes. Entre los caídos estaba el líder estudiantil Ascanio Arosemena, cuyo nombre se convertiría en símbolo del sacrificio por la soberanía nacional.

Estos hechos quedaron grabados en la memoria colectiva del país como el Día de los Mártires, feriado nacional que cada año recuerda el costo humano de la defensa de la soberanía panameña.

La decisión histórica

Ante lo que consideró una agresión injustificada contra el pueblo panameño dentro de su propio territorio, el presidente Chiari tomó una decisión sin precedentes: ordenó romper las relaciones diplomáticas con Estados Unidos.

Esta medida —adoptada el 10 de enero de 1964— fue considerada en ese momento como un acto extremo, digno y desafiante, especialmente tratándose de un país latinoamericano confrontando directamente a la potencia del Norte.

Reacciones internacionales y consecuencias políticas

La ruptura no fue simplemente un gesto simbólico. Chiari anunció que Panamá no reanudaría relaciones diplomáticas hasta que Estados Unidos aceptara iniciar negociaciones para revisar los tratados que regían la presencia estadounidense en el istmo —particularmente en torno al Canal y la Zona— y que perpetuaban lo que muchos panameños veían como una pérdida de soberanía absoluta.

Este posicionamiento marcó un antes y un después, no solo en las relaciones Panamá-Estados Unidos, sino en la historia diplomática de la región. No había precedentes recientes de un país latinoamericano que, en defensa de su dignidad y soberanía, optara por una ruptura tan clara frente a una superpotencia global.

La ruptura de relaciones generó tensiones inmediatas en la esfera diplomática. Fue necesario el diálogo de organizaciones internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) para mediar y atenuar el conflicto. Eventualmente, se restablecieron contactos diplomáticos condicionados a la apertura de negociaciones multilaterales destinadas a resolver las causas profundas de la discordia.

Aunque la disputa no se resolvió de inmediato y la relación bilateral siguió siendo compleja por varios años, el gesto de Chiari envió una señal inequívoca de firmeza ante la comunidad internacional. Para muchos historiadores y analistas, este momento fue un punto de inflexión que estimuló el proceso que más tarde culminaría en los Torrijos–Carter Treaties y, finalmente, en la devolución total del Canal a manos panameñas el 31 de diciembre de 1999.

El legado de un estadista

Décadas después de esos hechos, Roberto F. Chiari es recordado en Panamá como “el presidente de la dignidad”, un estadista que, en el fragor de la historia, tomó decisiones que resonarían por generaciones. Su legado no solo se limita a los logros sociales conseguidos durante su administración, sino al impacto que tuvo en la consolidación de la identidad nacional panameña y en la reivindicación de la soberanía ante intereses extranjeros.

Cada año, el 9 de enero, el país honra a los mártires de 1964 y reflexiona sobre el significado profundo de aquellas jornadas de protesta que transformaron el curso de su historia. Para muchos panameños, los actos de Chiari no solo defendieron un símbolo, sino que defendieron la dignidad y el derecho de Panamá a decidir su propio destino.

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