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De café comercial a especialidad sostenible: la reconversión ecológica del ‘robusta’ panameño
- 05/08/2026 01:48
La canción de Juan Luis Guerra “Ojalá que llueva café en el campo” refleja hoy una necesidad práctica para la agricultura panameña: producir el volumen necesario para reducir la dependencia de las importaciones de café robusta (Coffea canephora), abastecer la demanda de la industria nacional y, al mismo tiempo, atender nichos del mercado internacional mediante métodos sostenibles.
Mientras los reflectores internacionales se concentran en los récords de precio del geisha y otros arábicas de alta especialidad, el mercado interno revela una brecha estructural. En Panamá, donde el consumo per cápita alcanza los 5.9 kilogramos anuales —por encima de países como Brasil (5.4 kg) y Estados Unidos (3.7 kg)—, la producción nacional todavía no cubre toda la demanda. Para abastecer el procesamiento industrial masivo, el país importa cada año entre 90,000 y 120,000 quintales de café robusta, según registros del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), entidad liderada por el ministro Roberto Linares.
La magnitud de esta dependencia, sumada a las variaciones climáticas y al aumento de los costos de producción, ha llevado a replantear el modelo productivo. La estrategia del MIDA con esta variedad originaria de África central no busca competir en volumen ni desplazar al café arábica, sino estructurar una oferta capaz de atender segmentos específicos y generar mayor valor dentro de la cadena nacional.
Gaspar Ortiz, director nacional de Agronegocios del MIDA, explica que el robusta panameño debe buscar su propio espacio en el mercado: “Desde una perspectiva de desarrollo de agronegocios, el café robusta en Panamá no debe considerar competir con el geisha o con el arábica de alta especialidad, sino posicionarse en segmentos donde sus características agronómicas y sensoriales le otorgan ventajas competitivas. La estrategia debería ser construir un portafolio de nichos, en lugar de depender de un solo mercado”.
La prioridad inmediata es sustituir parte de las importaciones y abastecer con producción local a tostadoras, marcas comerciales, supermercados y distribuidores institucionales. A partir de esta visión, el análisis técnico del MIDA identifica seis líneas estratégicas para la comercialización del grano, con la sustitución de importaciones como una de las de mayor impacto económico.
Ortiz señala que el objetivo es comercializar el robusta bajo un perfil diferenciado y no únicamente como un producto genérico. La estrategia contempla, además, la demanda del sector de hostelería, el mercado de café soluble y las oportunidades de exportación hacia Europa bajo el Reglamento Europeo sobre Deforestación (EUDR), que exige trazabilidad del origen y garantías de no deforestación.
Ante este requisito, el MIDA promueve el sello “Panama fine robusta”, sustentado en evaluaciones de cata superiores a 80 puntos SCA, origen rastreable y criterios de sostenibilidad. “Esto representa una oportunidad importante para que el país aproveche su imagen en el mercado de cafés de calidad”, añade Ortiz.
Armando José Espino Cruz, de la finca agroturística y torrefactora Café Pintao’, precisa el alcance de esta categoría: “El fine robusta corresponde a cafés con un perfil sensorial más limpio y complejo que el de los robustas convencionales. Entra directamente en la categoría de cafés de especialidad”.
La respuesta institucional tomó forma en enero de 2025 con la presentación del Plan Nacional de Café Robusta en Capira, provincia de Panamá Oeste. Coordinado por la Dirección Nacional de Agronegocios del MIDA y sus direcciones regionales, el proyecto busca reestructurar el sector en las tierras bajas del país mediante el establecimiento de nuevas áreas de cultivo bajo criterios de sostenibilidad y competitividad.
La propuesta combina acompañamiento técnico en campo, formación continua, asignación presupuestaria y facilidades crediticias, con el objetivo de mejorar la productividad y fortalecer la viabilidad económica, social y ambiental de las zonas productoras.
Espino Cruz aplica este modelo en sus fincas de Sardina, en La Pintada, y Las Marías, en Penonomé, provincia de Coclé, donde inició el cultivo en 2014. “Planificamos el trabajo integrando buenas prácticas agrícolas para aumentar la productividad y la calidad del grano sin descuidar el entorno, contribuyendo a la conservación del suelo, el agua y la biodiversidad”, explica el productor.
La eficiencia hídrica se apoya en sistemas de riego por goteo, cosecha de agua de lluvia, protección de bosques de galería y el empleo de despulpadoras ecológicas que reducen el consumo del recurso. A estas prácticas se suma el uso de energía renovable mediante un sistema fotovoltaico de 16.5 kilovatios, con el que la operación cuenta con certificación como empresa 100 % carbono neutral.
El aprovechamiento de residuos también forma parte del modelo. La pulpa y la cascarilla del café son procesadas para elaborar Aborgánico®, un abono enriquecido con minerales y microorganismos benéficos, registrado comercialmente ante la Dirección Nacional de Sanidad Vegetal del MIDA. La protección del suelo se refuerza mediante siembras en curvas de nivel, con una densidad de 2,222 cafetos por hectárea, barreras vivas de pasto vetiver, cortinas rompevientos y conservación de corredores biológicos.
Esta visión integral ha llevado al proyecto a funcionar como una Escuela de Campo para la enseñanza de prácticas de agricultura sostenible, además de contar con la certificación de Finca Agroturística otorgada conjuntamente por el Ministerio de Desarrollo Agropecuario y la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP).
El emprendimiento, apoyado por un equipo técnico certificado bajo el programa de la Asociación de Cafés Especiales, también ha sido reconocido en convocatorias de ecoinnovación de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), facilitando su acceso a financiamiento bancario.
Para el productor, el café robusta representa un segmento con perspectivas de crecimiento para Panamá, aunque enfrenta retos asociados a productividad, clima y costos. El interés por el robusta panameño, sostiene, también trasciende el mercado local, con demanda internacional por la categoría “fine robusta”, lo que abre posibilidades de obtener precios diferenciados.
Los registros de la Dirección Nacional de Agricultura del MIDA muestran la dimensión actual de la actividad. El café robusta involucra a 4,864 productores en 6,512 hectáreas cultivadas. Coclé concentra la mayor superficie, con 2,500 hectáreas y 2,360 productores; le siguen Colón, con 1,081 hectáreas y 1,020 productores; Panamá Oeste, con 950 hectáreas y 164 productores. En otras zonas del país, Darién registra 580 hectáreas; Panamá Este, 550; Veraguas, 250; la Comarca Ngäbe Buglé, 165; y Bocas del Toro, 56 hectáreas.
Al integrar las variedades arábica y robusta, el sector cafetalero panameño suma 6,213 productores y 12,843.70 hectáreas. Para el ciclo 2025-2026, la producción total estimada alcanza los 170,708 quintales, de los cuales 53,000 corresponden a robusta, con un rendimiento promedio de 8.1 quintales por hectárea.
El MIDA calcula, además, que cerca del 70 % del territorio nacional reúne condiciones climáticas y de suelo aptas para este cultivo, un potencial que contrasta con la brecha existente entre la producción local y las necesidades del mercado.
La comparación es reveladora: frente a una producción estimada de 53,000 quintales de robusta, Panamá importa entre 90,000 y 120,000 quintales anuales para abastecer principalmente la demanda industrial. La diferencia evidencia que el desafío no es solo aumentar el área sembrada, sino elevar la productividad y lograr que una mayor proporción del valor generado por el consumo interno permanezca en la cadena nacional.
Sin embargo, la expansión enfrenta obstáculos. Las variaciones en las lluvias, las altas temperaturas que pueden alterar la floración y el aumento de los costos de los fertilizantes, que registraron incrementos de entre 23 % y 25 % por tensiones en los mercados internacionales, presionan la rentabilidad del productor.
En materia fitosanitaria, el robusta presenta una mayor resistencia relativa a la roya (Hemileia vastatrix). En el ámbito nacional, la afectación por este hongo se sitúa en 15 % bajo control, mientras que las plantaciones de robusta en Coclé no registran incidencia.
Para reforzar la gestión técnica, el MIDA y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) desarrollan jornadas de capacitación, como la realizada el 10 de abril de 2026 en la Finca La Vieja Molienda, centrada en el manejo agronómico y la elaboración de trampas para el control de la broca (Hypothenemus hampei).
Según cifras del Ministerio de Comercio e Industrias (MICI), el valor exportado de café en 2020 alcanzó $24.8 millones. Ese año, el 52 % del café panameño fue enviado a Asia, con Taiwán como principal destino dentro de la región, seguido de Japón, Corea del Sur, China, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, entre otros mercados.
El Análisis prospectivo de oportunidades de desarrollo e inversión para la cadena de valor del café en Panamá (2023), elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Oficina para la Promoción de la Atracción de Inversiones y Promoción de Exportaciones de Panamá (ProPanama), señala que la cadena comercial del café genera ventas directas de entre $16 millones y $25 millones anuales.
Datos del Observatorio de Complejidad Económica (OEC) muestran que en 2024 Panamá exportó café por $38.4 millones, ocupando el puesto 51 a nivel mundial. Los principales destinos fueron Estados Unidos, con $6.43 millones; Corea del Sur ($5.83 millones); y China ($5.61 millones). En el mismo periodo, las importaciones alcanzaron $27 millones, principalmente desde Nicaragua ($8.76 millones); Brasil ($5.15 millones); y Costa Rica ($4.43 millones).
Estas cifras muestran una cadena con capacidad exportadora, pero dependiente de suministros externos. En el robusta, esa brecha abre una oportunidad para sustituir importaciones y desarrollar una oferta diferenciada basada en calidad, trazabilidad, procesamiento y sostenibilidad.
Las proyecciones técnicas apuntan a elevar los rendimientos mediante capacitación, nutrición vegetal y control fitosanitario. El reto es producir con mayor eficiencia y valor agregado para atender la demanda interna y ampliar las oportunidades de exportación.
El robusta puede convertir la dependencia de importaciones en una cadena más competitiva, si Panamá transforma su potencial productivo en mayor productividad, sostenibilidad, trazabilidad y valor agregado.