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- 08/09/2008 02:00
EEUU.Un nuevo pensamiento para un nuevo orden financiero
La actual crisis del crédito en Estados Unidos ha acrecentado las discusiones sobre el rediseño de las reglas del juego para los mercados globales de capital. Es claro que la administración de riesgo no ha seguido el ritmo de las innovaciones en el sector financiero, en tanto las actuales regulaciones e instituciones necesitan ser actualizadas para mantener el ritmo. Pero, con frecuencia, las propuestas de reformas reflejan un pensamiento anticuado basado en el mundo que existía en 1944, cuando fue creado el sistema de Bretton Woods. Esa era una época en que las economías nacionales estaban en buena parte administradas por los gobiernos, y Estados Unidos era el centro de la escena financiera. A fin de desarrollar nuevas normas para la época actual, debemos comenzar a pensar de manera diferente acerca del mundo financiero en constante evolución. Y para eso, es bueno concentrarse en tres dimensiones claves:
ACTIVIDAD EN UNA ESCALA GLOBAL:
Los gobiernos nacionales siguen siendo claramente importantes en el sistema financiero. Pero está disminuyendo su capacidad para administrar y regular la actividad financiera de manera unilateral. En cambio, han crecido los mercados globales, dispersando así el poder financiero.
Estados Unidos sigue siendo la economía más grande del mundo, y centro de los principales mercados financieros, pero la influencia de Europa, China y el Medio Oriente (entre otros) se extiende ahora a nivel global.
Todo eso ha ocurrido mientras los mercados de capitales han registrado una extraordinaria transformación. El valor de los bienes financieros a nivel mundial, incluidos depósitos bancarios, deuda del sector público y privado, y valores de renta variable, ha subido de 12 billones de dólares en 1980 a 195 billones de dólares en 2007. Por cierto, esos valores han crecido más rápido que la economía mundial. En 1980, el valor total de los bienes financieros globales eran casi iguales al Producto Bruto Interno mundial. Pero, para fines de 2007, la profundidad financiera global, o el promedio de bienes en relación al PBI, era de un 356 por ciento. Además, esos valores están más entrelazados que nunca antes.
NUEVAS ACTORES PRIVADOS Y PÚBLICOS:
Los fondos de seguros y de pensiones continúan siendo los principales inversionistas privados. Pero otros inversionistas públicos y privados están aumentando en importancia. Fondos de riesgo, capitales privados que no se cotizan en bolsa, bancos centrales, inversiones de gobiernos en corporaciones, y empresas controladas por el estado, predominan ahora en el paisaje global. Y cada sector tiene diferentes objetivos de inversión y estrategias distintas.
La crisis reciente ha destacado la debilidad de los sistemas de regulación que afectan a algunos participantes, y no a otros, y que carecen de alcance internacional.
EL ESPECTRO Y LA REALIDAD DE MERCADOS SIN REGULAR:
Los diseñadores de políticas necesitan tomar en cuenta cuanta actividad financiera tiene lugar fuera de los mercados regulados, a fin de asegurar una supervisión adecuada. Varios bancos occidentales y otras empresas se han vuelto a capitalizar no vendiendo acciones o deudas sino buscando gran cantidad de infusión de dinero de inversionistas privados. A medida que los mercados de deudas se congelaban, los bancos se libraban de gran cantidad de préstamos vendiéndolos a firmas de capital de riesgo. Y mientras la crisis del crédito enfriaba a comienzos de 2007 el boom de la compra con financiación ajena, muchas firmas de capital de riesgo se adaptaron en el 2008 al adquirir acciones en empresas públicas.
Sabemos que los mercados financieros de países emergentes, aunque difíciles de predecir, tienen muchos beneficios, pues pueden proporcionar mayor acceso al capital para deudores, y alentar el crecimiento económico. Por supuesto, la convulsión en los mercados puede causar grandes perturbaciones. Un ejemplo es la crisis en las divisas que causó devastadoras recesiones en Asia a fines de la década del noventa, y poco después en Argentina, sin mencionar la debacle de las hipotecas en EEUU, que continúa en desarrollo. Pero los diseñadores de política deben tener como objetivo permitir al mundo disfrutar los beneficios de los mercados de capital a nivel global.
(Diana Farrell es directora del McKinsey Global Institute. Ella trabaja en San Francisco).