Pyme argentina asombra con producto

CHILE. ”Tiene el sabor que imagino tendría mezclar polvo con jarabe de maíz. ¿Cómo puede alguien comerla?”. “Absolutamente deliciosa....

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CHILE. ”Tiene el sabor que imagino tendría mezclar polvo con jarabe de maíz. ¿Cómo puede alguien comerla?”. “Absolutamente deliciosa. No pude comer menos de cinco”. “Es la mejor barra tipo granola que he comido. No sé qué es la quínoa, pero está buena”.

Las opiniones sobre las tres barras alimenticias creadas por la empresa argentina NatureCrops no fueron recogidas en un supermercado local, sino en Amazon.com, el gigante de Internet que les pidió 30,000 barras en enero pasado. Un hito planetario para cualquier Pequeña y Mediana Empresa (Pyme).

“Tuvimos una respuesta muy buena en EEUU”, dice Mark Kadee, director comercial de AMS Foods, la empresa productora, quien agrega que también venden en ese país a través de CVS, la farmacia on line.

Y ahora se preparan para distribuirla en Brasil y Chile, en tanto que cerraron un acuerdo con Wal-Mart en Argentina.

Todo lo anterior no deja de ser una sorpresa para Martín Loeb, presidente y fundador de AMS Foods. “Cuando la barra nació dijimos ‘vamos a Europa. A EEUU, no, es imposible y en Latinoamérica no va a interesar”.

Es que la vida de AMS Foods y sus barras ha estado marcada por lo inesperado y la necesidad de ser flexibles.

De hecho, comenzó por una frustración adolescente hace dos décadas. “Conocí el grano hace 20 años cuando mi vieja, en vez de traerme una videocámara de un viaje, me trajo bolsitas de quínoa”. No fue, precisamente, una alegría. Comerla sí.

Por ello, cuando a principios de esta década dejó un puesto en la filial local de la holandesa Nidera para crear su propia compañía comercializadora de alimentos, el grano le rondaba la cabeza.

En 2005 decidió tratar que Argentina exportara uno de los pocos alimentos que reemplaza perfectamente a la carne, por contener los 10 aminoácidos esenciales.

Se trata de un mercado dominado por Bolivia, que produce entre 50,000 y 70,000 toneladas anuales y donde, entre 2006 y 2008, el precio de la tonelada métrica exportada triplicó al de la soja.

No pudo ser. Los primeros cultivos en Salta fueron un éxito en cuanto a cosecha, pero un fracaso debido a la corrupción administrativa que les privó el grano. En 2006 intentaron en campos propios; esta vez fue el clima el que jugó en contra.

En esos días se le unió el holandés Kadee, también un ex Nidera. Tras pensarlo, decidieron “no hacer lo que nos gusta, sino lo que falta”. El nuevo socio descubrió un nicho.

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